Abocados al más difícil todavía

Sin uñas bajo las botas, agujereadas por su propia metralla en una reiteración durante la campaña que alcanza el masoquismo, el Granada se someterá el domingo al más difícil todavía: visitar un campo, el José Zorrilla de Valladolid, donde uno de los dos equipos saldrá con los pies por delante, en un ataúd con destino a Segunda división. Incluso hay una cábala que mandaría a los dos al cementerio. Todo en un estadio, el de Pucela, donde no ganaron ni el Barcelona ni el Madrid, aunque los de allí sean otro club en profunda depresión, tras derramar el triunfo que amasaban ante el descendido Betis en esta penúltima jornada de transistores humeantes.
A este alarde, aún más cruel que el vivido en Vallecas hace dos cursos, cuando se salvaron tanto el Rayo como los rojiblancos, se someten los inquilinos de Los Cármenes tras un ejercicio lamentable ante el Almería. Lo que provoca desconcierto y esperanza a un tiempo es que con un empate podría bastar a esta escuadra metida en la miseria por sus nulidad y decadencia. Simplemente con que las tablas a 39 puntos no le hagan coincidir en un cuádruple empate con Osasuna, Getafe y los almerienses que, tras ser maltratados por el precio de las entradas, ahora son necesarios como aliado ocasional, aunque también necesiten rascar algo para no complicarse la existencia. Con un punto en este último encuentro sería suficiente para el Granada en el resto de combinaciones. Podría darse, incluso, que al Valladolid ni siquiera le valiera con vencer. Bajo esa circunstancia, hasta podría aflojar el acelerador, quién sabe. Pero los cálculos dan un poco igual cuando se mide la capacidad de respuesta. Con una actuación como la de este domingo, seguramente el Granada no vencería ni a una peña del Llano de la Perdiz. Lo de Anoeta ha sido una mera raya en el agua.
Con los nervios a flor de piel, con un sistema que apenas soporta avatares, el equipo de Lucas Alcaraz se hundió sin atosigar al portero Esteban, que apenas tuvo detenciones frente a una de las alineaciones teóricamente más ofensivas posibles, la que incluía nada menos que a Piti, Riki, El Arabi y Brahimi juntos. El sueño de los coleccionistas del cromos. Una fórmula que resultó aceitosa por el recalcitrante egoísmo que destilaron. Nunca tanto supuesto talento dejó un regusto tan desagradable, de guerra interna.
El brío con el que se desataron al salir al terreno fue un puro espejismo. Desde el arranque cundió cierta imprecisión atrás, nada grave hasta que unos minutos después ocurrió el error que abrió la caja de los truenos. Lo cometió Fran Rico, que al ir a despejar un balón con el pie, golpeó en el pecho de refilón a Verza. Gil Manzano, que jamás ha dirigido un partido en el que el Granada venciera, convirtió la torpeza en un penalti que activó la demolición de la frágil moral local. El pivote del Almería materializó el lanzamiento y encendió la anarquía en el bando contrario. Fue un enorme canto a la impotencia. Conforme pasó el tiempo, paradójicamente, más se expandía la sensación de que lo único que podía ocurrir es que los visitantes engordaran su cuenta.
Nula incidencia
Pese a la presumible acumulación de calidad arriba, el único que hizo bandera en ese primer tiempo fue el causante del 0-1. Fran Rico intentó marcar de cabeza y de tiro lejano, obligando con esta última suerte a la única parada de Esteban en el encuentro. No se resignó, que no es poco, visto el grado de compromiso imperante. Riki arrancó en la derecha, para luego intercambiarse con Brahimi en la izquierda, pero ni por un curso ni por el otro consiguieron precisar. Peor le fue a Piti, quien parecía en el hábitat que más le satisface con este esquema, como epicentro del juego, libre entre líneas para terciar. Sin embargo, fue una caricatura de aquel futbolista sembrado que metía goles en el Rayo como el que masca chicle. Vive atormentado por una temporada en la que le ha costado muchísimo convertirse, como se le reclamaba, en el estandarte del proyecto. La peor de las lesiones es la tristeza instalada en su mente.
Riki pareció pronto sofocado, enredado en su frustración, zapateando sin sentido, sin llevar el paso. Brahimi fue más Brahimi que nunca, egoísta en la conducción, impreciso en la definición. Cuánto mal le hace el elogio a este joven futbolista. El Arabi dio franca pena, pues hay veces que yerra a puerta vacía. Esta vez, ni eso. Las llamadas al rescate de Ighalo y Buonanotte sirvieron de poco. Solo para desequilibrar más a un equipo estático, sin imaginación, que derrochó fuerzas y quedó a merced del contragolpe almeriense, inocuo en muchas acometidas.
Pero en esos reflejos rápidos, los de Francisco se arrimaron a la sentencia. Todo nació en un córner mal botado por Buonanotte, que generó la reacción vertiginosa del adversario. Para colmo de desgracias, Murillo le soltó una tarascada a Azzez en el área, que dio con los huesos del colombiano en la ducha por una roja directa con el elevado coste de su ausencia en Valladolid.
El abatimiento ronda a este Granada que afrontará un duelo al sol sin su mejor candado. Seguro que muchos piensan que un conjunto que deja pasar semejantes oportunidades, no debería seguir ni un segundo más en la élite. Puede que no les falte razón. Pero el destino le da una última oportunidad. Ganar o empatar para hacer llorar a otros. Como pasó en Alcorcón o en Elche. Dos ascensos gestados lejos de Los Cármenes, un campo que jamás se quitó del todo aquel estigma del 25J de 2000, cuando fue el Murcia quien sembró la ciudad de indignación. La pregunta es si serán capaces de reponerse a este naufragio y sacar la fuerza física y mental para conseguir algo positivo en Valladolid. Hoy, todo es desesperanza y repulsa. Pero mañana volverá a amanecer. No es solo el futuro de unos futbolistas el que está en disputa. Es el proyecto de una ciudad, de una provincia, el que se puede ir al garete. El que se rinda, se puede bajar ya. El que esté dispuesto a luchar con su ánimo, es bienvenido a este pasaje del terror. Si no les ilusiona lo que ven en el campo, háganlo solo por ese escudo que se negó a fallecer hasta cuando visitaba campos de tierra y sus portadores ni cobraban.

1 Comentario

  1. De acuerdo en todo, pero se le ha olvidado una pieza en el puzle, el entrenador.

    No hablare de la táctica, o de como afrontó el partido, o motivación, sino de su manía por destrozar los partidos. A la ruleta rusa se juega, cuando quedan 5 minutos, no 30 más la prolongación. Hasta ese momento, el granada estaba mal, pero había remedios. a partir de ahí, descompensó totalmente el equipo, quedando 30 minutos. lo raro, y porque el Almeria estuvo disciplinado, es que no nos metieran 2 o 3 goles más.

    No el la primera vez que lo hace, y nunca le ha salido bien, a excepción del otro día con la real. la única excusa que le veo, es que Iturra tenia amarilla, pero por contra, y como he dicho, a Lucas esta temporada le ha encantado hacer eso, descompensar el equipo para buscar darle la vuelta a un encuentro, y repito, nunca lo ha conseguido, casi siempre provocó el efecto contrario, controlar peor el partido y provocar contrataques clarisimos del contrario, pero lo hacia a falta de 10-15 minutos (que siguen pareciéndome un mundo, vuelvo a decir que a la ruleta se debe jugar como ultimo recurso y en los últimos minutos), pero es que está vez lo hizo cuando quedaba 30 más descuento¡¡¡¡.

    Un saludo, y ganar a Valladolid, este equipo es capaz de lo peor y de lo mejor.

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