La batalla de los fieles

5 dardos para el Valladolid – Granada.

* Hubo un tiempo en el que la pasión por acompañar al Granada se limitaba solo a los asientos de un autobús, con una madura media de edad en el interior. Cuando el equipo cayó en la desgracia y merodeó por campos modestos, eran muy pocos los aficionados que se tomaban la molestia de madrugar en fin de semana para acudir a una provincia limítrofe a animar a los suyos, sin encontrar demasiadas comodidades en el destino. Aquellos entusiastas vitoreaban a los rojiblancos siempre, inasequibles, soñando en la intimidad con el regreso al Edén. Que volvieran los tiempos felices, que la mayoría de ellos ya disfrutaron, algunos en las infancia, otros en la juventud. Al lado de la antigua cárcel, en el verdadero Los Cármenes, cuando goleaba Porta e imaginaba Vicente, y su club estaba en Primera división. ¿Cuánto habrían dado, en Alhaurín, Torredonjimeno o Huercal Overa, por trasladarse de inmediato al sufrimiento de una última jornada de Liga en la máxima categoría, aun disputando la salvación? Quizás poco, porque no se lo habrían creído. Pero sí, hoy el Granada coge aire todavía en la élite. Vuelve a dirimir su futuro lejos de casa, como le pasó en la escalada del éxito, en ambos ascensos. Pero no hay una multitud fanática que le respalde en la grada. Van menos de los previstos. Se han devuelto entradas sin vender. Van sobre todo los fieles hasta el tuétano.

* Hay muchísimos rojiblancos puros que no estarán en Pucela por motivos más que justificados, algunos por mera salud coronaria, aunque la posibilidad del transporte gratis haya sido una medida bastante generosa. Pero hay quien se ha bajado del carro por propia voluntad, en una rendición sintomática de una temporada que se ha hecho desagradable, pero que quizás no convertiríamos en catastrófica en la comparación con el páramo seco por el que llegó a transitar el Granada. A la masa social no se la mide en la bonanza, pues con victorias nos sumamos todos. Es en la depresión donde se demuestra el cariño. Ojalá el equipo reconquiste en Pucela a aquellos que han renegado ante sus últimos resultados y actuaciones. Que se presente la oportunidad del impulso con una permanencia que arranque un nuevo proyecto en la cúspide. Pero siempre habrá que tener un lema presente: un Granada en Primera lucha por sistema por la permanencia. Por más que sus dirigente pretendan, con su astucia, confeccionar una plantilla para conseguirla de manera sosegada, siempre puede suceder un escenario como el de este domingo, igual que algún día se gestará, por qué no, un curso de alegría sorprendente. En las duras y en las maduras, el seguidor es fundamental. Le ponen el corazón a este deporte tan corrompido por el negocio.

* Quizás, la mejor charla táctica para el cuadro haya sido contemplar el partido del Atlético de Madrid en el Camp Nou. Más allá del modelo del juego, hay un aspecto que reluce en el conjunto de Simeone: una gallardía impresionante por conseguir el objetivo sin vacilar ante la adversidad. Si el Granada consiguiera emular este compromiso, pisaría con enormes garantías el José Zorrilla. Pero es precisamente su fragilidad nerviosa la que le somete al duelo final, que parece bajo los preceptos de un rito funerario. Alguien saldrá entristecido del estadio. Puede que todos o solo una parte.

* Es tal la tensión, que Alcaraz tratará de alistar a los más baqueteados en situaciones tensas. Así, Roberto se ocupará de nuevo de la portería. Poco se le puede achacar a Karnezis de las últimas derrotas, pero el gallego está doctorado en angustias y pesa en un momento límite. También aparecerá Mainz con la capitanía, intentando la sinergia con Murillo: él le aportará experiencia; el portugués, energía. Por delante, el trivote, con su elenco de gala. Arriba, el tridente, con los hombres que han de mostrar el camino hacia la red. El regate de Brahimi, el disparo de Piti y el trabajo de El Arabi. En la recámara, el punta legendario. Alguno tiene que cubrir el papel mortífero para el adversario.

* Será el último partido del entrenador al cargo, la fecha en la que cumple 55 encuentros consecutivos sin pisar el descenso, justo desde su llegada. Jamás se le apareció tan amenazante como ahora. La victoria es pasaporte a la gloria. El empate solo es papel mojado en un supuesto que parece rocambolesco. El Valladolid está obligado a escrutar lo que pase en otros campos, pues no depende de su propio esfuerzo. El Granada sí, guía su propio futuro. La Liga es rojiblanca y uno de sus supervivientes también lo será. Franjas de sangre sobre la camiseta que diagnostican el pesar como manera de sobrevivir. A veces se nos olvida cuánto cuesta estar ante estos focos, lo que ha quedado por el camino. Los peñistas aquellos, que lloraron en Linares y Baza, que gozaron en Alcorcón y Elche, están preparados, como todos, para un envite colosal, en el que goteará el dolor, como no puede ser de otra manera estando el Granada de por medio. Amores sufridos son los más queridos. Nunca se rindan. Se puede.