Nuevo rey

Pisando charcos, columna publicada en IDEAL.

A pesar de las tres permanencias consecutivas y el éxito que supone, el Granada no ha conseguido dotar a su estructura deportiva de la estabilidad precisa para prolongar un plan en el tiempo. El número desorbitado de altas y bajas al concluir cada campaña y los continuos cambios de entrenador confluyen en revoluciones permanentes en verano. La política de fichajes se ha establecido siempre entre la pareja que comanda la entidad, Quique Pina y su estrecho colaborador Juan Carlos Cordero, y las influencias que, desde Italia, ejerce el entorno del Udinese, con el mecenas Gino Pozzo a la cabeza. Esa fórmula, exitosa para llegar a la élite y salvarse año tras año, aunque con dificultades, está abocada a introducir cambios según se desprende del discurso actual de los jerarcas del club, poco aliviados tras tanto sufrimiento, sabedores de que la masa social también necesita un revulsivo con el que fomentar la campaña de abonados.
Ante la marcha de Lucas Alcaraz, la búsqueda de otro entrenador no significará solo una cara nueva. La pretensión interna es cederle un mayor poder en la confección de la plantilla que el que han ejercido sus predecesores. Pero con esa declaración de intenciones no es suficiente para solventar vicios adquiridos por un club que ha mantenido una base de confianza con los mandos pero que tiene que conectar bien con el nuevo estratega para navegar hacia el éxito.
Sería extraño que la espera se alargase demasiado, aunque el Granada se ha introducido en una noria donde los técnicos que gustan oyen muchas melodías de seducción. Lo curioso es que de los nombres salidos a la palestra, fuera de los múltiples y exóticos ofrecimientos, aparecen técnicos de un perfil muy diferente. Tentar a Paco Jémez o Joaquín Caparrós, cuya visión de fútbol está en las antípodas, delata que hay inclinación a buscar cierto prestigio reciente en el sucesor de Lucas más que una idea clara de juego. Como las conjeturas están tan presentes en estas horas inciertas, hasta que el inquilino no quede determinado poco se podrá aventurar acerca de la filosofía a la que aspirará la nueva escuadra rojiblanca, que tampoco puede tener detenida su maquinaria de contrataciones durante mucho tiempo, pues los frentes son múltiples y el periodo de reflexión pasa volando.
Hasta ahora el entrenador del Granada hay sido el rey del vestuario pero un súbdito en las oficinas, donde los dirigentes negocian las novedades. Las semanas dictaminarán si se hace efectiva la prevista reforma constitucional del club, aunque al final hay un tirano que domina todo y siempre tiene razón. La cruel dictadura del resultado.

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