Caparrós y los micrófonos

La distorsión del micrófono de la presentación estaba cabreando a uno de los cámaras, que mascullaba su lamento entre trípodes, contribuyendo a interferir el acto. El jefe de comunicación se agitaba en la mesa principal, considerando que la actitud del operador le boicoteaba la rueda de prensa. De repente, Caparrós detuvo su parlamento e inquirió al que capturaba la imagen sobre qué tenía que hacer para evitar su problema. Este sugirió un cambio de aparato y, con diligencia, el entrenador utrerano ejecutó la operación y continuó como si nada. Obviamente, al compañero cabreado se lo metió en el bolsillo.

Este nimio detalle de la exposición del nuevo técnico del Granada delata su tendencia al detalle a la hora de relacionarse con el llamado entorno. Fuera de sus gustos futbolísticos y sin reparar en su método de trabajo, Caparrós es un dominador de lo que se cuece alrededor de los clubes, manejándose con carisma ante los aficionados y simpatía con los medios de comunicación. En un mundo tan sometido a la dictadura de la imagen, el cuidado de estos gestos no es algo banal. Como sostenía Mourinho, los partidos a veces se empiezan ganar en las salas donde se anticipa lo que tiene que pasar en un partido. También cuando hay que enviar algún mensaje a la grada.

Hoy en día, un preparador tiene mucho de actor. Su labor didáctica pierde peso en la élite, para aupar la de motivador. Caparrós interpreta bien este rol. Su mensaje deportivo, con reminiscencias del llamado ‘cholismo’, no dista demasiado del de Anquela o Alcaraz en cuanto a propuesta general. Todos defendieron la supremacía de lo colectivo a su llegada, de destilar la sensación de equipo organizado sobre el campo. Pero mientras Anquela derivaba en la sobreactuación bajo ese rol de Asterix que le dio la prensa de Madrid bajo el apodo de ‘Anquelotti’, muy distinto a un Lucas algo frío y monótono sobre el escenario, Joaquín Caparrós contagia un indudable entusiasmo, al menos a priori. Porque la temporada luego nos obligará a rascar para comprobar si bajo el resplandor que reluce está el maestro que se supone. Cuentan que se ha sabido rodear de inteligencia entre sus colaboradores. Eso demuestra que, como poco, es astuto para confiar en gente que le aporte lo que él no alcanza, que resuelve sus carencias. Un mimo por los remaches que suele ser la delgada diferencia entre el éxito y el fracaso. El martes se ganó a la hinchada y satisfizo con sus modales a los ‘plumillas’. Ahora tendrá que ratificar su valía a los mandos del proyecto rojiblanco que nace con mayor ambición, aunque el eslogan sea el “partido a partido” que ha reiterado Simeone en el Calderón. Se comprobará el verdadero arrastre del liderazgo de Caparrós.

1 Comentario

  1. De entre los aciertos de Pina (que los ha habido, y muchos) este se lleva la palma. Un entrenador de los que hacen equipo, obligan a sudar la camiseta y sabe mirar a la cantera. Para mí ha sido el gran fichaje de nuestro verano. Bienvenido, Joaquín.

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