El aciago Mundial del Granada

Domingos rojiblancos, una sección en Ideal.es. 

Nyom y Brahimi, ambos parisinos, no están en el Mundial representando a su Francia natal, aunque el recoveco para disputar la competición tampoco les haya conducido al protagonismo. Ambos jugadores del Granada tiraron de ascendientes para enrolarse en selecciones africanas desde hace tiempo, lo que les han permitido entrar en la citación de Brasil, pero sin hueco aparente en los esquemas privilegiados de sus seleccionadores hasta la fecha. Lo de Nyom ya tiene poca solución, pues Camerún, su combinado, ya está eliminado, aunque aún le queda por celebrar un tercer partido en el que podría encontrar minutos para debutar. La Argelia de Brahimi todavía está con vida en la cita, pese a la derrota del primer partido, en el que para muchos resultó sorprendente que no disputara ni un solo minuto, ni siquiera como revulsivo ante el marcador en contra frente a Bélgica.
Si el club rojiblanco aguardaba a una revaloración de estos futbolistas en tamaño escaparate, sus dirigentes se han dado con un canto en los dientes. Mejor le está yendo a Karnezis, que no retornará a la entidad como cedido por el Udinese pero al menos se ha consolidado como el guardián de Grecia, con una actuación más que aceptable en su segundo encuentro. Incluir en esta lista al chileno Aránguiz sería osado, ya que el centrocampista que tanto brilló frente a España, tan solo perteneció durante un tiempo al Granada como fruto de una maniobra especuladora de los Pozzo, sin barajarse su llegada a Los Cármenes. Sería una figuración similar como añadir al argelino Belkalem, que se mantiene bajo el régimen de propiedad pero sin visos de recalar en estos lares. Tampoco ha gozado de vuelo sobre el césped. Yebda, que completa la terna de los magrebíes con vinculación pasada o presente a la escuadra, ha dejado de ser capitán general en el centro del campo de su país como antaño y, hasta la fecha, mira desde el banquillo las evoluciones.

El Granada está por la labor de vender, que no regalar, a Brahimi, uno de sus jugadores más aplaudidos
Tanto Nyom como Brahimi son ídolos en su estadio. El lateral por su bravura en el contacto defensivo. El mediapunta, por su habilidad en el regate. Pero ciertas carencias lastran a ambos a la hora de una pasarela de élite como la que se encuentran. Las dificultades en el control de balón de Nyom, sus problemas en el juego aéreo y su baja habilidad en los envíos al área acarrean que su supremacía en el uno contra uno en defensa quede lastrada. Con Brahimi, el debate es álgido. Para algunos, es el jugador con más calidad de cuantos han vestido la rojiblanca en esta etapa moderna, pero más allá del vistazo superficial encontramos a un elemento de escasa aportación real a los guarismos decisivos. Pese a su agitación y estética, genera pocas oportunidades de marcar y el gol tampoco es lo suyo, pues su disparo es bastante deficiente. Aunque sus marcas se han entonado en algunos tramos del campeonato regular, le queda todavía dar un salto de madurez para explotar productivamente toda esa destreza que tiene para sentar adversarios en el centro del campo. Porque en el área, se queda solo con las luces de posición.

Brahimi parece pronunciarse hacia un cambio de aires, aspirante a un cuadro con aspiraciones mayores. Algo legítimo en este negocio, como le pasa a Foulquier, que tendrá que mejorar mucho su rendimiento si quiere saciar su deseo futuro de marcharse a la liga inglesa. Nada tiene de malo su sueño, por más que exaspere a algunos aficionados tal sinceridad, pues para su consumación tendría que agradar primero en el seno rojiblanco. Ambos saldrían beneficiados, y a otra cosa.

El Granada está por la labor de vender, que no regalar, a Brahimi, uno de sus jugadores más aplaudidos. Si consigue acaparar atención ante Corea del Sur, puede que su sino varíe. Si sigue sumido en el relleno, lo tendrá complicado. De Nyom conocemos perfectamente sus virtudes y defectos y él es lo suficientemente astuto para exhibir lo mejor y ocultar lo peor. De ahí la honrosa reputación en su casa. A Brahimi, con chispas en las botas, le cuesta más racionalizar el fútbol. Si quiere coger un tren de alta velocidad, está ahora mismo en la mejor estación, por la que pasan todas las líneas. Por su bien y el de las arcas del Granada, que no se entretenga gambeteando a una papelera en el andén mientras pasan fugaces los vagones.

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