La historia contempla a Brahimi

La  historia del Granada no solo cobijará a Brahimi como el primer rojiblanco autor de un gol en un Mundial. Ya está en la estadística, va camino de la económica y tal vez de la global del fútbol. Pronto, como poco, podría ser el traspaso más caro del club, tumbando al reciente de Siqueira, que está en la cúspide con sus 10 millones ingresados. La estrategia de Quique Pina tenía el foco puesto en el Mundial, el mejor escaparate posible para un futbolista tan llamativo como el argelino. La pasarela perfecta para su revalorización. La sorpresa fue su suplencia en el primer partido. No este domingo, cuando apareció como volante ofensivo y encima marcó, para contribuir al triunfo de su país y aglutinar opciones de pasar a octavos de final en Brasil. Su tanto a Corea tuvo un particular efecto mariposa. En una figurada caja registradora de Los Cármenes, sono el ‘clin clin’. Probablemente su precio se dispare tras la magnífica finalización en la que se asoció con el valencianista Feghouli.

Brahimi se encontró el mejor contexto posible para que afloraran sus virtudes. Actuó a favor de ola, pues Argelia encaró pronto el partido y manejó un resultado holgado, ante un rival muy débil como Corea, especialmente en sus mecanismos defensivos. Su incursión es una jugada clásica en Los Cármenes: avance en carrera por el llamado carril del ‘diez’. La diferencia a lo que ocurre en la Liga es que la vigilancia resultó bastante baja y el apoyo de Feghouli en la pared fue brillante. Con su selección, Brahimi encuentra una complementariedad positiva. Gente hábil que corre alrededor y lanza desmarques, lejos del estatismo rojiblanco, donde demasiados la pedían al pie, donde ningún elemento de vanguardia este curso reunía velocidad, salvo Benítez y Pereira, que han fracasado por distintos motivos.

La suplencia parece haber contribuido a un Brahimi más ordenado, que no intentó ni una sola gambeta en zonas peligrosas y se limitó a darle ritmo al balón cuando pasó por sus botas. Un Brahimi sereno y sin enredos tácticos, que cuajó un partido sobresaliente. La imagen soñada por Quique Pina, que considera el momento adecuado para vender su pase, en una competición donde este domingo prevalecieron sus virtudes y no aparecieron sus carencias en la toma de decisiones arriesgadas.

Cuando Rafa Nadal levanta un título, su tío Toni, que es su entrenador, le espera con una lista de los errores cometidos durante el torneo. Una manera de aleccionar su mejoría y que no se relaje. Soy de los que piensa que a Brahimi le hace falta su particular tío Toni. Vive en un entorno de adulación, inevitable en los tipos con clase en el campo, que a veces le embarga hacia la egolatría y le conduce a un estado de ansiedad, en el que tiene que estar siempre a la altura de la categoría a la que algunos le quieren empujar. Si Brahimi se mantiene tranquilo, sin presión pero con autocrítica, alcanzará cotas insospechadas. Si reincide en episodios que también ha firmado en Granada, con barroquismos y pérdidas de posesión inadecuadas, su enorme habilidad acabará siendo inocua. Los anales ya le reflejan con su hito realizador en la entidad que es todavía su casa, pero si estruja su materia competitiva, podría llegar más lejos y llenar la alcancía rojiblanca. Exigirle más, que su fuego sea continuo, no es ser antiBrahimi, sino admirar a dónde podría llegar si amuebla su azotea.