La Red

Publicado en Ideal, el 17-07-14.

La Red es fácil de observar pero difícil de comprender bajo el orden clásico. Lo que abarca se acaba conociendo aunque lo complicado es averiguar quién teje sus hilos. Lo que está claro es que la Red se ha transformado en una multinacional, con un criterio que impacta en visiones añejas. Nació en Udine y antes de su expansión giró hacia una fórmula singular. Perfeccionó su red de ojeadores, por debajo de las capas de control. En esa búsqueda, al final siempre se filtraba algún joven que resultaba ser una figura no detectada. Mediante estas operaciones, el Udinese emergió en Italia, engordó sus arcas e hizo rica a la familia Pozzo. Decidieron conquistar una plaza en España para extender la franquicia. Tenía que ser una entidad con goteras pero con potencial social. La lotería le tocó a Granada. Después vendría el Watford.
Jona es el penúltimo ejemplo. Un delantero de 25 años que ha metido goles en Segunda, aunque se le adivinan opciones difusas en la élite. El Granada, su propietario en los documentos, ha desoído tentativas y lo ha cedido al Cádiz, en Segunda B. Una entidad influida por Pina desde 2011, el año del ascenso a Primera. Pero no solo de Pina, sino de la Red. Porque Pina no da pasos sin su aprobación, pues lo que se está prestando no pertenece al presidente sino a los dueños, que aprueban que su valor acabe ahí. Él desea tanto el ascenso gaditano como los que le refrendan. Un reto que no es humanitario, sino económico. Lo que un día es pérdida, será ganancia.
Esta visión aterroriza a algunos aficionados. Temen una futura mudanza. Ese miedo se podía llegar a entender al principio, pero después de la consolidación en Primera y la construcción de una ciudad deportiva, cualquier duda debería despejarse. La Red llegó en medio de la ruina, arriesgó y ahora gana. Gana mucho. Pero para ello protagonizó un acto de valentía que nadie antes fue capaz de afrontar. Ni local, ni de fuera. Recuperar no invalida nuevos gastos. Ambición no les falta. Mejor una red con alguna pega moral para escrupulosos, que no un club lleno de telarañas y cantamañanas. A esos no hay red que los someta.

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