El Granada cae de la nube en barrena (Granada 0 – Levante 1)

La crónica en IDEAL.

De la nube de euforia podía caer el Granada poco a poco o en afilada barrena, que fue lo que le ocurrió finalmente, en un desplome inesperado en un principio, que le quitó toda la brillantina acumulada en San Mamés. El Levante tiene birlada la llave del cofre del tesoro en Los Cármenes. Un conjunto que se siente cómodo en este estadio, venga en la situación que venga. Que, como se esperaba, cedió el protagonismo con el balón, para descubrir las costuras rojiblancas. Los locales fueron como piezas de ajedrez puestas en la vitrina. Un muestrario de estatismo que solo se rompió tras el descanso, cuando Rubén García se sacó de la chistera un conejo de sonrisa malévola. Fue entonces cuando el Granada se vio obligado a poner argumentos profundos ante un rival en la trinchera. Incurrió en un abuso tan rotundo del balón en largo que acabó despertando un sonido que pareció enclaustrado esta temporada: el del silbido generalizado.
Caparrós descompuso el excepcional ataque de Bilbao para dar entrada a El Arabi, que ha retornado absolutamente atolondrado. Sea porque viene de lesión o porque directamente le pilló en uno de esos días sin garbo, lo cierto es que su actuación enervó a la grada, sin complicidad alguna con Jhon Córdoba. Ninguno supo ofrecer un despliegue generoso alrededor del otro, sino que ambos fijaron con facilidad sus marcas y tan solo se levantaron para peinar balones a tierra de nadie. Success venía de un gran esfuerzo el sábado, pero su edad no invita a pensar en una fatiga tan inmediata a esta altura del curso. Cuando saltó en vez de relevar al franco marroquí, salió por el colombiano. Su intrepidez dotó de algo más de picante al ataque, provocando dos amarillas, pero tampoco brotó la sintonía. Las otras variantes iniciales del entrenador utrerano estuvieron en el centro del campo y en la banda izquierda. La del costado estaba servida por la lesión de Rochina, apostando por Machís, que en un partido completo derrama esa explosividad que sí agrega como revulsivo .
Iturra, ida y vuelta
En la medular volvió a colocar a Iturra, quien pasó algún lamento para facilitar la circulación del esférico, aunque nadie ofreciera alternativas reales en movimiento. El chileno incluso se dejó ver en alguna aventura desesperada en el área contraria antes del descanso, cuando Caparrós decidió relevarle de manera inesperada. En lugar de acudir al ‘trivote’ como herramienta de variación, reincidió en un 4-4-2 que acabó desmadejado tras la enorme jugada de gol de Rubén García en los segundos siguientes a la reanudación. Quizás un aparente retoque conservador, de Javi Márquez por uno de los hombres abiertos, habría deparado mayor fortaleza en el ecuador del césped. Pero Márquez entró por ‘Colocho’ y enseguida le tocó navegar contracorriente, sin que en ningún momento obligaran a los valencianos a trabajos de consideración en la parte trasera. Los avances carecieron de imaginación.
El primer tiempo pareció una advertencia de lo que estaba por venir. Cadencia de caracol, regalos constantes en los pases y alguna incursión furtiva del Levante, sobre todo en las botas de Morales, muy presente en envíos y alguna aparición por el rectángulo de Roberto. Jhon Córdoba aportó algo de pólvora, pero estuvo lento y precipitado cuando intentó embocar, aunque tuvo una oportunidad franca en el mismo punto de penalti. Incluso le anularon un gol por fuera de juego.
Tan mala pinta tenía el encuentro que el preparador utrerano retornó a su arraigada costumbre de hacer cambios en el entreacto, un hábito solo roto en tierras vizcaínas. Pero fue quitar a Iturra y eliminar un tapón por el que se coló Rubén García. Podía haber sido un mero accidente. Restaba un acto entero. Tiempo suficiente para reordenar filas y agitar el cóctel de las ideas. La dimisión posterior dejó ojiplático al personal en el campo.
El Granada se abandonó al lanzamiento largo sin solución de continuidad. La situación exigía paciencia colectiva y temple de aquellos más dotados de talento. Pero pareció que la noche fumigaba la habilidad de los hombres de galones. Piti se volvió a volatilizar, en una deriva tenebrosa, que ya no perdona la hinchada. Tampoco Rico ni Márquez esparcieron esa argamasa que reclutara bien al equipo. Machís se aventuró en solitario, El Arabi seguía torciendo cualquier intervención y Córdoba se consumía.
Solo Success se atrevió a romper la tendencia pesimista, con agudos regates que provocaron amonestaciones para David Navarro y Héctor Rodas, los robustos centrales granotas. Pero uno solo no podía derruir un interpretación impecable del concepto defensivo por parte de los visitantes. Juan Carlos atrajo el foco por la banda cuando ya reemplazó a Piti, pero sus llegadas a línea de fondo tampoco tuvieron como consecuencia algo propicio.
Por momentos tomó forma la impresión de que el ansioso colista era el Granada y que el Levante chapoteaba en aguas en calma. Si el cansancio acumulado en la ‘Catedral’ pasó factura, solo el cuerpo técnico lo sabe. Pero lo que se comprobó es que este Granada, hábil en la especulación del resultado, tiene más dificultades cuando ha de asumir la iniciativa ante un contrario amurallado. A pesar de contar con ciertos elementos acostumbrados a asumir responsabilidad y generar daños, la pasión imprimida hacia el juego directo terminó siendo contraproducente. Un discurso plano e improductivo ante conjuntos del corte del Levante. A esta escuadra parece perseguirle la incomodidad en su casa, pero no parece fácil que en el Camp Nou y La Rosaleda se subsanen estos males de un plumazo. O tal vez volviendo al rol fajador y dejando el de estilista esto sí funcione.

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