Yuste abre la puerta al coco (FC Barcelona 6 – Granada 0)

La crónica en IDEAL.

El coco azulgrana estaba al acecho tras la puerta y Yuste tuvo la ingenuidad de girar la cerradura sin echar un vistazo por la mirilla. Un error fatal, de párvulo, en una entrega en campo propio, que puso la alfombra roja a Neymar. El brasileño no derramó semejante cortesía forastera, aunque definiera su baile de amagos con una afortunada vaselina combada al golpear en Babin. Una vez dentro de la portería de Roberto, el Barça desató su voracidad con la pelota. Hizo jirones el tupido telón de centrocampistas con el que Caparrós pretendía retrasar la escabechina, para que un balance escaso le propiciara al final una milagrosa oportunidad de superar el blindaje catalán. Ante el original pero inerme ‘tetravote’ del técnico, se levantó un Xavi imperial, quien todavía es capaz de escoger momentos importantes para expandir su virtuosismo y alentar el apetito de sus fieras del área. Si Neymar se soltó como nunca con un triplete, Messi salió al escenario con un repertorio exquisito de maniobras, rematando y apoyando acciones definitivas. Xavi esta vez se quedó sin marcar ante un Granada que suele ser su víctima recurrente, pero se esmeró en poner boca abajo el Camp Nou, como los toreros de alcurnia. Aprovechó su primer partido de titular ante unos rojiblancos de apariencia robusta pero que acabaron flácidos al son de los tantos, hasta recibir una tunda más propia de un tenista malo.
Todo empezó, sin embargo, con un tiro desde el suelo de El Arabi que despidió el travesaño y que a punto estuvo de romper la extraordinaria imbatibilidad del portero Claudio Bravo, que aún no ha recogido un esférico de su red.
Foulquier consiguió alcanzar la línea de fondo en una de esas potentes subidas a tirones con las que desconcierta a su marcador. Munir confundió el perfil del francés y acudió a tapar un posible centro con la zurda. El recorte hacia su pierna buena le pilló desprevenido. Foulquier conectó así con El Arabi, cuyo intentó de remate pegó en Mathieu. En el gesto se resbaló, como disparado desde la grada, pero en desequilibrio consiguió grabar su firma en el larguero. Un retazo de ilusión convertido en espejismo con el paso de los minutos.
Comenzó el Barça a empotrar a las dos líneas de cuatro, que ayer vestían de celeste. Buscó Caparrós pertrecharse y que la maraña de pivotes repartida por la zona ecuatorial acabara gestando alguna acción de peligro, en la búsqueda constante de la espalda de Mathieu sobre todo. Sigue Success apuntando maneras felinas, de delantero singular y atrevido, y en algunos compases le ganó la mano a su marcador, pero su cartel aún no pesa en el campeonato y el asistente le frenó en una carrera que no era fuera de juego, simplemente porque los centrales azulgrana sí levantaron el brazo.
El Arabi volvió a demostrar que es un Benzema de bajo coste. Mucha confusión para rubricar pero una bendición para sus acompañantes. Disfrutó más habilitando a su joven compañero que culminando alguna incursión. No es que Bravo se fajara en exceso, pero lo poco que hubo, aparte del palo, nació de la búsqueda entre el franco marroquí y el nigeriano. Caparrós tendrá que resolver en el próximo partido el dilema del ataque, pues en esta ocasión Jhon Córdoba se quedó de mero observador en el banquillo.
Si esa primera opción de El Arabi quedó en el tintero, también lo hizo una de Munir, en dejada de Mathieu. Bajo el propio arco, despejó en lugar de embocar el balón. Luis Enrique ha esmerado a su escuadra en aquella genuina presión que tantas consecuencias nefastas tenía para los adversarios. El técnico asturiano, inteligente, dejó que el Granada sacara el corto hacia sus centrales, pero los suyos iniciaron el atosigamiento acto seguido, como vándalos, en la transición con los centrocampistas. En uno de estos momentos, Héctor Yuste mandó el balón atrás algo escorado, sin otear la zona hacia la que se dirigía. Una pifia clamorosa con la que Neymar desmontó el mecano. El plan era aguantar el asedio, no ir a la deriva desde antes de la media hora. En el pulso de iguales, la paliza estaba asegurada.
Héctor Yuste, sin duda una de las apariciones más decentes de la pretemporada, aseado en su seguimiento a Aduriz en San Mamés, cometía una tropelía como ya le pasó ante el Deportivo en la primera jornada. A una edad en la que ya no es tan sencillo debutar en Primera le ha llegado su oportunidad, un tren inesperado, pero hay momentos en los que alguien parece echarle el mal fario. Otros compañeros también cometen fallos gruesos, pero los del cartagenero se castigan con pena durísima.
Durante un rato pareció que el error puntual se convertía en una raya en el agua y que el Granada podía recuperar la compostura sin renunciar a alguna subida, como un cabezazo de Success a centro, como no, de El Arabi. Quedaban pocos minutos para el descanso, apenas cuatro, pero suficientes para que el Barça terminara de fulminar al Granada con la displicencia de un burócrata, como el que no quiere la cosa. Presionó un saque de banda visitante, que Messi convirtió en un serpenteo mortal. Rakitic cabeceó ante Babin y hacia ceder ya cualquier resistencia. El ‘diez’ argentino olió la sangre y filtró un dardo envenenado cuyo despeje acabó en Neymar, quien puso la mira de francotirador. Tres zarpazos, dos de ellos en los últimos instantes previos al descanso, anunciaron una faena de aliño en adelante para los de Camp Nou. Una tarde en un parque temático para el público.
Caparrós insistió en sus ya clásicas correcciones de las pausas y colocó sobre el césped a Eddy y Piti por el desafortunado Yuste y el amonestado –y cansado– Fran Rico. Ambos pusieron voluntad pero el panorama ya solo podía ir a peor, como así fue. Xavi también buscó su muesca, pero Roberto voló para evitar un lanzamiento de falta directa. Pronto desempolvaría una vieja sociedad de cuya magnitud da fe gran parte de las recientes adquisiciones en la sala local de trofeos. El capitán envió con sutileza a la derecha, por donde se coló Alves hasta el fondo, para que Messi cerrara como un ariete.
Al Granada le rodeaba ya la ceniza y Caparrós quiso aprovechar la luz que quedaba para que Martins debutara en el campeonato, aunque de interior izquierdo, no fuera que concluyera traumatizado por el acoso catalán. Se quedó una tarde perfecta para el hincha Culé, para que Neymar y Messi siguieran derribando estadísticas. El brasileño completó su ‘hattrick’ y el de Rosario superó la barrera de los 400 tantos con esta camiseta, sumando uno al guarismo.
Xavi siguió dinamizando el fútbol, llevándolo a un estado de pureza sin subterfugios, mientras el Granada agonizaba en su esquina, esperando levantar la bandera blanca. Aquel arranque de tanteo, con esa ocasión tan apetecible, se arremolinaba ya por el sumidero de la imaginación. El equipo siguió un rato en cuerpo presente, pero con la cabeza en otra parte. En un lugar más cercano a Granada.
Lo que no pudo ser en Barcelona, sí tendrá que cuestionarse en Málaga, la ciudad donde los azulgrana se quedaron a cero. La Rosaleda es un estadio alérgico para los rojiblancos últimamente, aunque seguro que esperan que menos que los colores de la camiseta del Barça. Los mismos, aunque no los vistiera en Los Cármenes, que los del Levante.
Esto último es lo que toca ahora. Levantarse, aclarar las ideas, enterrar el plan antediluviano que solo puede posarse ante contrarios mastodónticos y recobrar las trazas de solidez de los primeros encuentros de la Liga. Los ocho puntos siguen ahí, pero lo que parecía una estructura y un modelo en franca definición pasan al capítulo de dudas tras los dos últimos encuentros. El técnico utrerano, que seguro que ha echado de menos a Rochina, tendrá que limpiar el estropicio e iniciar la depuración. Málaga ha de ser otra cosa. A ser posible, sin pifias de consideración que revienten todo.

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