Escalofrío

Columna en IDEAL.

El fútbol, como juego, no puede escapar de la dictadura del resultado. El fútbol, como deporte, necesita del empleo de la intensidad necesaria por parte de sus practicantes si quieren alcanzar el necesario rendimiento colectivo. Estos aspectos son indiscutibles, pero hay algo más. El fútbol, como cualquier proyecto vital, necesita de una idea clara que se enriquece con la experiencia, pero que busca un horizonte incluso con indiferencia respecto a las metas parciales, que a veces edulcoran y otras vician el camino. Un equipo que huye hacia adelante, que solo presta atención al marcador del fin de semana, sin orientar su mira hacia evolucionar, acaba estancándose en cuanto viene cualquier percance. De ahí la importancia de que los principios del entrenador del Granada encuentren la continuidad necesaria que hasta ahora no han tenido, con independencia de los puntos conseguidos o derramados.
De nada servía jactarse de la condición de invicto en Liga de hace poco más de una semana, igual que es absurdo fustigarse por dos derrotas consecutivas. El análisis establece que al juego eléctrico y frontal del Granada le ha faltado trazo en algunas fases de tanteo y le ha sobrado ansia en momentos de abordaje. Echar un vistazo al calendario pasado solo da escalofríos, porque salvo con el Villarreal, todos los puntos adquiridos se han hecho a costa de contrincantes que no pasan por un buen momento, incluido el Athletic. El balance tampoco ha de infravalorarse, pero aquella situación provisional de acceso a Europa era a todas luces ficticia, al menos por ahora, con un proceso de afianzamiento del canon de Caparrós aún abierto.
Más que el objetivo de vencer en La Rosaleda, el Granada necesita una vuelta a su modelo, pues hay costuras que están saltando. La escuadra parece más cómoda cediendo la iniciativa para contragolpear. Salvo en Barcelona, el repliegue le ha dado beneficios atrás. Pero la debilidad sigue presente en la conexión. El centro del campo se convierte con frecuencia en zona de avistamiento aéreo. El balón surca el cielo y solo regresa a esa franja cuando el contrario lo conduce, para intentar arrebatárselo.
Más que el dilema del lateral izquierdo o descubrir la pareja en punta, el técnico ha de conseguir seleccionar a los que deben construir y poner la impronta. Para dominar el espacio, necesita lanzadores y que los elegidos interioricen bien su papel. Si Caparrós mejora este aspecto, la escuadra dará un impulso sin necesidad de caer en la retórica. Ahí está el foco del trabajo, no solo en conseguir un triunfo en Málaga, aunque ganar siempre maquille cualquier carencia para ciertas miradas.

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