Reconocimiento

La Resaca del Granada – Rayo en Ideal.es.

1. Mucha gente salió de Los Cármenes diciendo que el Granada no juega a nada, pero eso es imposible. Existe jugar a algo mal. Lo que fuera, pero algo pretende seguro cualquier entrenador por raro que parezca, que en su pizarra aportaba éxito. Hay innumerables maneras de jugar. No todas emocionan, un factor íntimo, pero todas algunas vez ganan. A veces, hasta machaconamente. Incluso las generalizadas como insípidas para cierto público, que con puntos se enmascaran mejor al atravesar esos paladares selectos. Esta es la gracia del fútbol. No hay un único discurso válido. El resultado alumbra a cualquiera. En ocasiones, muy lejos de concederse por méritos, sino por azar. Así también vale y se acuñan estilos. Dota de razones, lo más subjetivo que hay, porque el marcador corrompe la realidad. Con frecuencia tapa miserias, en otras se burla del que más lo merece. De vez en cuando, refleja lo ocurrido con gráfica justicia.

2. Solemos aceptar una catalogación de los entrenadores que es imprecisa. Hablamos de técnicos defensivos u ofensivos, como si todos no manejaran ambas facetas. En realidad la frontera, que a menudo se difumina, separa a aquellos preparadores que armonizan sus escuadras en torno al balón y los que ansían manejar los espacios, sin tanta preocupación por la tenencia del esférico salvo para provocar daño real y fulgurante.

3. Entre estas posiciones, que estarían en las antípodas pero que dejan una gama de grises en la que archivar a muchos estrategas, fluctúan entrenadores que tienden a implantar una idea, la que sea, la suya, y otros que se adaptan al contexto, bien porque tienen esa versatilidad, por falta de imaginación o porque se topan con un ecosistema reacio a aplicar su plan y tienen que improvisar, normalmente con prisa ante situaciones límite.

4. Llegamos a Joaquín Caparrós, que como saben no es ningún recién llegado, por lo que es relativamente sencillo identificarle. Tiene una larga trayectoria, que le avala y le reconoce en un modelo. Su aterrizaje, en el apacible verano, provocó ilusión y consenso en el entorno, algo impensable con otros inquilinos en ese pequeño Mestalla en el que suele acabar transformado Los Cármenes. Caparrós es insistentemente un hombre con una idea subrayada, con matices pero reconocible. Es de los que imponen su visión desde el minuto uno. Su apuesta es por el control de aquellos metros cuadrados donde analiza que estará la clave del partido. La posesión es algo circunstancial. Cuanto más se congelen las virtudes del rival y cuanto más rápido le pueda golpear, mejor. Si con un directo vale, a las cuerdas a dejar que pasen los asaltos, protegido y a expensas del reloj. Esto no es ningún descubrimiento científico. Se ve venir de lejos.

5. El utrerano maneja la emboscada y el acantonamiento como nadie. Ortodoxo en su dibujo, el 4-4-2, y en su gusto por la intensidad, que se llega a imprimir con tono agresivo, como pasó el viernes. El arañazo de tacos hecho por Iturra en la espalda de Baptistao, la lesión de Bueno por parte de Sissoko o los atropellos múltiples del debutante Sulayman abundan en esta vía recia con la que se quiso diezmar al Rayo. No cometer fallos se convirtió en aquí no pasa nadie. Caparrós vela más por las técnicas de recuperación que por los procesos de construcción. Tampoco esto debe de sorprender a nadie. Capello, Ranieri o Mourinho en parte se han hecho millonarios así.

6. Lo incomprensible empieza con los bandazos. Es ahí donde no se reconoce al Joaquín Caparrós que suele conseguir sus objetivos. No son giros en la idea, sino de jugadores. Si hay un periodo recordado en esta todavía corta estancia del sevillano en Granada, sin duda fue el primero de San Mamés. Allí formaron Jhon Córdoba y Success en punta, volviendo loca a la defensa del Athletic, con algunos gestos amenazantes también en la segunda mitad. Fue la primera titularidad del colombiano y la pareja de panteras parecía llegar para quedarse. Pero entonces volvió El Arabi de su lesión y el dúo se alteró para no mezclar ya más. La última aparición de Success fue en Málaga, cuando provocó una expulsión nada más entrar. Esta semana, no ha ido ni convocado. Córdoba, que se ha pegado estos días sin fútbol en su país por cuestiones personales, sí entró en la lista, para no actuar ni un minuto. No es que El Arabi haya sido el desastre que pintan sus detractores, pues protagoniza la mayoría de las acciones de peligro que no son a balón parado, bien como asistente o como rematador. Simplemente es que los dos chavales parecen entenderse y eso, en un táctica tan frontal, es muchísimo.

7. En un partido donde cuatro teóricos pivotes se repartieron el mediocampo, Javi Márquez tampoco gozó de oportunidad alguna. Actor secundario desde el arranque del campeonato pese a venir bajo el aval del técnico, el catalán había aportado cierta serenidad en los primeros encuentros como refresco, aunque no le fue tan bien el día que tocó remontar ante el Levante. Orillado a una banda en Barcelona, parece proscrito desde entonces. Caparrós no reconoce la opción de tres en el centro por ahora. Para él es innegociable que haya un pivote defensivo como mínimo, que suele ser Iturra. A su lado, casi siempre un arquitecto, Fran Rico. Este viernes, sin embargo, lo exilió a un costado para luego devolverlo a su plaza natural, ya fatigado. El precipitado debut de Sulayman lo forzó. El emplaste fue descomunal. El respeto al adversario parecía ostensible.

8. El otro miembro del ‘tetravote’ cuenta con mención aparte. Quizás Sissoko sea un tipo riguroso y cabal si actúa en el eje, donde siempre se fijó, seguramente en labores de destrucción. De lateral, resultó un experimento fallido pese a que Caparrós apostó fuerte por ello. De interior es sencillamente una impostura. Es retratarle. Las bandas se erigen como el potro de tortura del que pase por ahí. Nadie se consolida en ellas y alguno se subleva. Las quejas de Piti le devolvieron a su parcela fetén, pero sin desmarques alrededor es como regalarle una tele a un náufrago en una isla desierta. El sacrificio de Rochina le ha metido, por lo visto, en una rueda de imprecisión tremenda. Fue un revulsivo aciago. Aquel extremo ágil y continuo del Rayo se diluye en un nudo de responsabilidades que le comprometen. En Vallecas todos parecen brillantes. Pero si se pusiera por ejemplo Tito, el bravo lateral derecho de la franja, de repente la camiseta horizontal, sería otro seguro. Fuera del círculo de Jémez, abandonan el estado de gracia. Cuando el equipo marcha y se cohesiona, todos parecen mejores. Encontrar su propia ruta es la misión pendiente del proyecto rojiblanco.

9. Sí hay algo que duela a Caparrós sobre todo y que tampoco encuentra precedentes en el historial del entrenador son esos déficit de atención en minutos cruciales, tiempo extra en el caso de Elche o frente al Rayo, con un contragolpe a su vez como ocurrió en el tramo definitivo de Málaga pese a manejar las tablas. Los equipos de Caparrós han sido siempre garantía de sellado ante los acontecimientos. Lo que con excesiva nobleza se denomina oficio y que no es más que especulación. Ahí la tropa no está respondiendo a lo competitivo. Una pesadilla para el orden prusiano que pretende.

10. Pero el pánico no debe cundir. Queda tanto por disputarse que da vértigo, pero no viene el mejor tramo del calendario precisamente. Para empezar, porque la ratonera de Ipurúa condicionará la propuesta futbolística, que si cabe tendrá que decantarse por la imposición en las revoltosas segundas jugadas. Allí sí será trascendental imponer la corpulencia. Después recibe al Real Madrid, que obligará a levantar una más que justificada trinchera. Tras ello, el desplazamiento al campo de una de las revelaciones, el Celta. Fase complicada para consolidar un procedimiento estable, de los que se memoricen. Solo queda apelar a la paciencia y a la sapiencia del míster para que encuentre su brújula. Nadie le puede demandar que cambie de discurso con 59 años y el orgullo de llevar tantísimos partidos en Primera. Quizás solo se trate de reflexionar sobre qué es lo mejor que le ha salido a la escuadra, porque ahora mismo el Granada no se sabe si es carne o pescado. No lleva la firma de autor.