Voleón a la crisis de imagen

* Convertir una torpeza propia y una descontextualización ajena en un golpe de efecto con un voleón a una crisis de imagen es un gesto de habilidad persuasiva por parte de Joaquín Caparrós, al que por fin conocemos en otra de sus ínclitas facetas: agitador sin igual en la sala de prensa. Densa es su antología de singularidades ante los micrófonos, pero lo de hacer añicos la portada del periódico más leído de este país adquiere un puesto seguro en su particular podio. En medio día, Caparrós ha conseguido reconvertir a los aficionados que de mañana contemplaban con indignación una portada de titular victimista por parte de su entrenador en una suerte de entusiastas leales a su caudillo, erigido en azote del supuesto centralismo ibérico, concentrado en la llamada prensa de Madrid, esa que tanto bien ha hecho en la consideración nacional del propio utrerano. Sí, la primera de Marca no se ajusta con finura a la respuesta que da el entrenador del Granada en el cuestionario, eso es cierto, pero sí a la línea seguida por él en otras aseveraciones, donde argumentaba que una derrota escasa era un mal menor. La presumible manipulación no es tan torticera.

* El hincha rojiblanco es paciente por naturaleza. Lo era en el pozo y también en Primera. Dos temporadas ha visto a su equipo salvarse en la última jornada. En la otra, la de en medio, fue en la penúltima, cruzando también arenas movedizas. El juego ha sido irregular y espeso en muchos ciclos, pero lo que nunca ha tolerado es cualquier gesto de indolencia, tampoco verbal. Tragó mal cuando Anquela, otro técnico al que siempre se acunó en la capital del reino, asumía la inferioridad ante los grandes en las vísperas de los partidos. En el fondo, el seguidor sabe que esta asunción es realista, como lo es el propio titular que Marca altera ligeramente. Pero el fútbol es el terreno de los sueños, donde el adepto se mueve por la fe y el sentimiento. Quiere oír, constantemente y aunque suene ficticio, que su pequeño equipo puede ganar al grande. Caparrós, en el careo con Enrique Ortego, desgrana la realidad fulminando la mística, aunque apele también a sus posibilidades mediante su sobada intensidad. La elevación de sus palabras a la principal plana, situación sorpresiva hasta para él, le llevan a improvisar una estrategia cercana al show, visceral pero seguramente estudiada al milímetro, con la que se mete a los más forofos en el bolsillo, espolea a su plantilla, acapara minutos de tele y deja servido el ambiente de reivindicación para el partido ante el vigente campeón de Europa. La ironía de aludir al jefe de prensa como incitador y la conversación sosegada con el entrevistador por teléfono inducen a pensar que todo formaba parte de un plan de choque. Hasta el lenguaje, belicoso y salpicado de tacos, subraya la intencionalidad de llegar a la masa más voluble y adscrita al club.

* El debate sobre el juego de la escuadra y el repaso a los cinco partidos sin ganar han quedado en un segundo plano de un sopapo. Pase lo que pase, ahora Caparrós es el líder de una tribu rebelde, que esperará un reflejo sintomático en el césped, no ese experimentado preparador al que le estaba costando encontrarle el molde a esta plantilla. No es complicado intuir qué encuentro espera en Los Cármenes. Un partido con interrupciones, agreste para el Madrid, que lo impaciente hasta poder forzar algún error con el que saquear la portería, en cuanto se abra cualquier rendija. Si podía haber algún detonante entre el público por la situación arrastrada, ha quedado al margen. La gente seguro que iba a ser tolerante con los suyos siempre que se dejaran la piel. Ahora es probable que muchos vayan excitados por el reclamo. Un ambiente bronco de los que pueden genera aturdimiento en el adversario. El clima que equilibra un poco la balanza ante el poderoso.

 

* En paralelo al fenómeno mediático, Caparrós oposita al duelo con ciertos arreglos en la alineación con el fin de buscar dificultades en un oponente en estado de gracia. La poderosa banda izquierda blanca, con Marcelo e Isco, encontrará una dura zona de paso con Nyom y Foulquier, que será probado como teórico extremo. Juan Carlos y Sissoko, en la zurda, completan el cuadro de dobles laterales. Aunque a principio de semana parecía que la ausencia de Fran Rico encontraría reemplazo con Javi Márquez, no las tiene todas consigo el catalán para aparecer en la alineación. La presencia de Eddy, más elástico y potente, parece más probable, siempre que el entrenador no improvise con la desaparición de uno de sus delanteros para ganar peso en el centro del campo. Success y Córdoba están llamados a encadenar su segundo partido consecutivo como titulares. El Arabi mira sin acritud desde el banquillo aparentemente.

* Como en este deporte los milagros sí existen y el campo del Zaidín ya vio hace bien poco caer al Madrid sin ni siquiera disparar a puerta, pues el tanto se lo coló Cristiano, la puerta para otra proeza queda entornada. Caparrós se ha demostrado como un contragolpeador sublime ante los periodistas. Su indignación se justifica en parte, pero los modos han tenido un sospechoso tinte demagógico. Ahora tendrá que demostrar su maestría en el terreno, donde más se le demanda. Ahí tiene que aparecer también el ideólogo de tantos proyectos estables. Vislumbrado su juego, subrayada su astucia en las comparecencias, nos queda por ver al Caparrós que suele cumplir con pulcritud el objetivo básico de las entidades que dirige. Con un asalto a los de Ancelotti tendría para recargar el tren de moral y que este no le pase por encima.  La que puede liar un solo. Solucionado con una dialéctica leche.