Malditismo

La Resaca del Madrid – Granada en ideal.es.

1. Por los intrincados y lóbregos pasillos que circundan por dentro de Los Cármenes a veces se contemplan postales elocuentes sobre lo que ocurre detrás de la escena. Son lugares donde los que en el campo son enemigos se saludan o charlan sin la tensión de la rivalidad. El sábado, a las puertas del vestuario visitante, un jugador del Granada aguardaba aún de corto a la salida de un adversario. Francisco Alarcón, Isco para el fútbol, llegó al recibidor con el torso desnudo y su camiseta en la mano. El rojiblanco que le esperaba era Rubén Rochina.

2. El de Sangunto hizo lo mismo con su zamarra para proceder al intercambio, cerrado con un abrazo amistoso y una conversación informal. Ahí estaban ambos, talentos tachados de disolutos en algún momento, historias paralelas con nudos en común. Ambos entran en la categoría de los malditos, para los que siempre ha sido más fácil hipnotizar el balón que convencer a algunos de sus detractores. Isco ya ha tumbado la reticencia inicial de Ancelotti, aprovechando que Bale está en el taller. A Rochina todavía le rodea la incomprensión de su técnico.

3. Cuando los números se sitúan por encima de las personas, como si un sistema fuera un mantra incuestionable, suele ocurrir que la tozuda realidad pone al teórico en su sitio. Pese a que ni siquiera la configuración inicial de la plantilla invita a ello, para Caparrós la obsesión por el 442 es tal que, por sostenerlo, está dispuesto al sacrificio de cualquier pieza. En un entorno donde se premia más al soldado leal que a los más finos administradores, el Granada se convierte a cada partido en una cohorte sin guía, más que en una legión con todos sus rangos. Un equipo que modifica su centro del campo en función siempre del contrario es una escuadra sin personalidad.

4. Desde la derrota con el Levante, el técnico interpretó que de esta mala racha se sale levantando murallas, más que proporcionando el contexto protector a sus jugadores más clarividentes. Solo Piti ha tenido la concesión de contar, en este tramo de partidos sin vencer, con la alternativa de escabullirse hacia parcelas en las que sí puede lucir, aunque con matices. El resto se ha tenido que adaptar al entramado castrense. Si lo de Fran Rico en la derecha, subrayado encima con la borrosa comparación con Koke, parecía un cambalache difícil de comprender en duelos anteriores, la renuncia a Javi Márquez ante el Real Madrid de arranque, pese a que no había ni un solo futbolista con visión de juego en la medular en la alineación inicial, aclara que no existe por ahora la voluntad del preparador de incorporar a su supuesto orden táctico la parte de creación con la pelota que tanto se ansía, con independencia del poderío del adversario, hacia el que ya hubo bastante cautela ubicando en las bandas a los que en la jornada uno eran considerados como laterales.

5. Al enigma sobre la situación de Javi Márquez le quedaba la coartada de un posible déficit de confianza del jugador que Caparrós sí estuviera verificando en los entrenamientos. Pero este argumento quedó descontado en un par de minutos sobre el césped, los mismos que necesitó al principio el Madrid para tumbar la fibrosa trinchera levantada por el utrerano. En esos segundos tras la reanudación, Márquez demostró sus garantías y personalidad con el balón, algo que parece penalizado en las designaciones. Nada le pasa, más allá del sospechoso ostracismo.

6. Los privilegios son últimamente para los que meten la pierna en las sesiones de trabajo. Confundir vehemencia en la disputa con implicación para ganar es un galimatías en la mente del entrenador. A los jóvenes Sulayman y Eddy se les ha colocado en las últimas semanas en el disparadero, cuando su tránsito hacia la titularidad podía haber sido menos precipitado. Lo que asoma como un gesto de valentía del jefe con los chavales termina por ser contraproducente si una mera amarilla les conduce a la sustitución. No parece la mejor manera de gestionar su madurez.

7. La posible emergencia de Javi Márquez no tiene que ir en menoscabo del otro centrocampista con maneras de arquitecto. No es Márquez o Rico. Es Márquez y Rico. Porque los buenos suelen ser compatibles, aunque en aquellos 45 minutos ante el Levante a remolque les costara agarrar la manija. También Modric y Kroos asomaron como un dúo caótico en el Madrid hace varias jornadas y ahora se impulsan como una de las mejores parejas de Europa en todos los órdenes. Al amparo de la confianza, los futbolistas crecen. Si Rico y Márquez contaran con el beneplácito infinito del que ha gozado Sissoko como interior izquierdo, que a base de insistencia hasta está mejorando en el carril, a lo mejor el Granada aportaría otras prestaciones. Pero esto, por ahora, forma parte del fútbol – ficción.

8. El problema de forjar esta sociedad de jugones es que implica renunciar a algo que parece sagrado para Caparrós. Ambos quedarían muy bien amparados con un pivote de corte detrás, que bien podría ser el infatigable Iturra. Pero conllevaría al sacrilegio de renunciar a su esquema genuino por el denostado ‘trivote’, que parece bajo censura por ser una estrategia del curso pasado. Es la variante que junta a más centrocampistas para que los que quedan delante, aun con uno menos, se liberen en la vanguardia. No por más teóricas presencias en el sector ajeno se ataca mejor. Con buenos gestores, los delanteros gozan de oportunidades, los que se escoran aparecen más por sorpresa, los laterales se incorporan con envíos al área. Con el suficiente peso en la posesión, que no tiene por qué ser constante, todo tiende más a la armonía.

9. Renunciar a los que mejor tacto tienen es la gran cuestión de fondo de este Granada. Cuando tengan ocasión de juntarse estos elementos durante los minutos razonables, con 0-0, y no rindan, entonces sí se podrá decir que la plantilla parece deficitaria. Mientras tanto, se estará haciendo una valoración sesgada, en virtud de unas preferencias del técnico que orillan a los que manejan un dialecto poco relacionado con la pasión por el músculo.

10. Las comparaciones con los grandes resultan quiméricas para clubes pequeños como el Granada, pero es muy dudoso que el Celta de Vigo, próximo rival rojiblanco, tenga un presupuesto tan desproporcionado, que suscite la envidia en Los Cármenes. Los gallegos también perdieron a uno de sus mejores jugadores en verano. De aquí se marchó Brahimi y de allí Rafinha. Sin embargo, su plan se mantuvo inalterable. Ahondaron en el protagonismo con el balón. El rendimiento les da la razón de calle. Cada cual ha elegido un estilo y el de Caparrós no es el de Berrizzo, pero seguro que el sevillano tiene margen para la evolución. Si un tipo como Luis Aragonés fue capaz de sustituir su famoso contragolpe por el toque más refinado en la Selección a edad ya de jubilarse, el entrenador del Granada está a tiempo de incorporar conceptos a su ideario. Sacar, aunque sea por un día, a los que más aman el pase de ese hermetismo tan triste. Conceder la libertad condicional a los malditos. Si ha sido capaz de tener el detalle de rectificar en lo de despedazar aquella manida portada sin que se le caigan los anillos, también podría llegar a esta conclusión clamorosa sin perder crédito. El Caparrós de equipos con pocos errores y rebeldes ante la adversidad es necesario también. El que piensa que las derrotas son producto de meros despistes atrás, no admite críticas a sus propuestas, elige siempre fuerza a técnica en su selección de hombres y se acomoda en una pizarra exasperante porque funcionó en otros lares, no tanto.

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