Exorcismo

A Quique Pina se le pueden reprochar algunas cosas pese a sus consecuciones históricas. Esta temporada, más que ninguna. Pero algunas de estas críticas no derivan de la propia gestión, sino del cultivo de relaciones. Se le achaca cierta falta de empatía con parte de los aficionados y su ausencia de seducción con algunos de los que componen la sociedad civil granadina, donde siempre es complicado insertarse para alguien de fuera que encima no es amigo de tradiciones. Es probable que no falte algo de razón a estos argumentos. Jamás ha sido una figura de consenso en esta ciudad. Su personalidad no le ayuda en la faceta política externa. Pero Pina en el vestuario es otra cosa, sobre todo en tiempos de crisis. La histeria colectiva le incita a asomarse como aquellos aleros que, en el tiempo muerto de la prórroga de un partido de baloncesto, a décimas de la conclusión, reclama la responsabilidad de jugarse el decisivo tiro a canasta. Lo fallará o no, pero no le tiembla el pulso.
Un presidente de fútbol no mete goles, ni los para, ni los genera. Tampoco Pina, por supuesto. Su habilidad es otra y está en el discurso a los futbolistas. Es su ambiente, donde no necesita ningún atril para convencer. Suele escoger muy bien sus frases cuando se dirige a los jugadores en la intimidad. Navega entre momentos de comprensión e instantes de contundencia. Se cuenta que algunos de sus alegatos impactaron hasta ser decisivos en la conclusión de varias campañas, sobre todo los que se celebran en las concentraciones. Nadie se atreve a reproducir el grado de amenaza, aunque a veces su éxito sea relativo. No le funcionó hace unos meses, cuando ratificó ante la plantilla a Caparrós.
En Marbella ha de meditar cada palabra, cada gesto. El tono y la conclusión. Resino estaba hundido tras Almería y necesita un enorme respaldo. Sus hombres necesitan un rapapolvos de cuidado para luego soltarse. Hay equipos que huelen a muerto y que un día, de repente, espabilan. Este Granada no admite más pasajeros que los que ya viajan. Juega cada vez peor. La mente frágil se ha transformado en alma corrompida. En el exorcismo de Pina están puestas las raquíticas esperanzas de agarrarse a la salvación. Un sermón que sirva de revulsivo ante el Sevilla, para que los propagandistas de un ilustre seguidor de los hispalenses, en concreto de Utrera, dejen de restarle culpabilidad al que dejó al club en un estado lamentable. Que le alargara tanto el crédito es un regañina que hasta el propio Pina se hace a sí mismo.

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