Ganar o nada

5 dardos para el Granada CF – Espanyol

* A Blas Romero le pusieron El Platanito porque su padre, que acabó en un manicomio, tenía un almacén de fruta. Tuvo una infancia dura, de escapadas y correccional, hasta terminar detenido por saltar a un ruedo de espontáneo, sin documentación. Quería ser matador y encontró su ocasión tras zarandear mucho los trastos, pero bajo la fama de un toreo bufo, cómico, que en los sesenta hacia las delicias de un público de gustos relajados. La antesala del famoso bombero. Él, al que algunos apodaron ‘el Cordobés de los pobres’, siempre quiso que se le tomara en serio, pero sufría el rechazo de la profesión y el cliché del respetable. Ganó dinero con sus espectáculos, pero las malas compañías le arruinaron. Hoy vende lotería, paradoja de la suerte que jamás tuvo, aunque lamenta que jamás entrega un premio de los gordos. “Tener más oportunidades que Platanito” quedó como un refrán asociado al que siempre tiene un atisbo de esperanza y acaba frustrado, una y otra vez, ante la mueca general. Un destino de fatalidad permanente en el que parece instalado este Granada, al que tras una jornada de fin de semana depresiva se ha topado con el arranque de una que le ha puesto resultados a pedir de boca, con derrotas de sus rivales directos, pero que hoy ante el Espanyol tendrá que demostrarse, frente a un público que no acude de cachondeo, que su fútbol no es de mofa.

* El tremendismo marca a la opinión pública, desesperada ante la actuación en Valencia pero consciente de que si esta noche se celebra un triunfo en Los Cármenes, la zona de salvación se pondrá a tiro de piedra. Ante esta situación el ánimo debería de estar alto, pero no es lo que se percibe en la ciudad. El problema no es la temperatura ni la hora de juego. Tampoco el estado del césped o el árbitro que dirija. Ni siquiera el propio Espanyol, que ya navega en aguas mansas. El Granada es su peor enemigo y solo si soluciona sus propios traumas podrá alimentar la creencia en su supervivencia. Una nueva oportunidad, en la que no querrá resbalarse, para variar, con la mondadura amarilla para que en otros lares se carcajeen. Vuelve Babin, Robert, Rubén Pérez o Márquez para maquillar el rostro y presentar otro traje de luces.

* Cuesta concretar de qué habla el aficionado cuando con su club lo da todo aparentemente por fenecido. Queda margen, sobre todo si se vence ya, pero las tertulias informales rodean a dos aspectos. La depuración de responsabilidades y el esclarecimiento del proyecto futuro suponen temas recurrentes. El foco, indiscutible, está puesto en la dirección, tras comprobar que cambiar de entrenador y un número desorbitado de fichajes invernales apenas han disipado el sufrimiento. Más bien, se ha agravado. La planificación de los mandatarios, que por otra parte demostraron ojo clínico para que este club alcanzara la élite y conservara su posición al menos en cuatro cursos, ha quedado en tela de juicio ante los acontecimientos. A pesar de que Pina anunció su continuidad en caso de hundimiento, los nervios afloran entre una hinchada que ha disfrutado de una euforia vertiginosa, de una reconstrucción de la nada al todo, pero que siempre le ha costado entender ciertos pasajes opacos de la gestión.

* En el fondo, mucha gente sigue sin entender los términos del ‘contrato’ que se firmó en tiempos de Ignacio Cuerva. Aceptar el padrinazgo del Udinese suponía ser siempre una empresa filial de una central italiana, con ánimo de adquirir otras ‘sucursales’ por el mundo. De crecimiento independiente, pero bajo un patrón. El sistema acarreaba unos mandos determinados y unos métodos que se demostraron eficaces a corto plazo, en lo deportivo y en lo económico, pero que una vez instalados en la élite han tenido fugas. Jamás quedó claro cómo quería ser de mayor el Granada en Primera, pues planea la sensación de que se juntaban piezas pero no se armonizó algo con la necesaria coherencia. Ninguna adquisición mejoró a los vendidos. El volantazo hacia Caparrós en verano, tras meditar el fichajes de entrenadores de estilo opuesto, o el fiasco en la contratación de unos jugadores lustrosos, identificados recientemente, anunciados a bombo y platillo por Pina en su momento sin que encontraran remplazo, sembraron una temporada gris oscuro.

* Hay quien repudia ahora al murciano, gente enrabietada por su supuesto gran lucro en estos años. El problema no es que Pina sume mucho o poco, o que se obvien sus grandes méritos. Es que ha invertido en plantilla lo suficiente para no pasar apuros y, sin embargo, el Granada ha sufrido casi siempre. Esta mejora es la que hay que demandarle, en Primera o en Segunda. Lo preocupante no es que asesore a otras entidades, sino que eluda el aprendizaje de que un equipo es algo más que la suma de futbolistas supuestamente buenos.  Pero esta noche las cuestiones de identidad son estériles. Ganar es la única causa que no genera debate. Que ‘Platanito’ cuelgue la guasa y corte orejas y rabo.