El alegato final

5 dardos para el Granada – Atlético de Madrid

* Hoy es el día. Ese día. Ya no hay más espera. Así que relájense. Sé que cuesta mucho trabajo. Sólo les requiere unos segundos de calma. Desconecten. Podrán. Cierren los ojos. Aprieten fuerte los párpados. Observen cómo pasan las imágenes veloces mientras inspiran. Es como el comienzo de esas series que resumen los anteriores capítulos en un instante, picado para el recuerdo. Sus flashes arrancarán hace casi un año. Con Caparrós, ungido como el estratega soñado. Con Pina, distraído en anunciar fichajes de renombre que jamás llegaron. Con el equipo a un galope engañoso, para deambular después como una mula descarriada.

* Adéntrense en las derrotas. Y los empates. Y más derrotas. Y más empates. La desconfianza. Todo conducía al mayor desastre posible. Nunca se acababa de tocar fondo. Pero la inflexión llegó. Cuando menos se esperaba. La trajo un hombre corpulento, pero de voz algo aflautada. Había reaccionado el presidente, un poco Pepe Gotera en verano y un mucho del señor Lobo de Pulp Fiction en primavera. Solucionador de entuertos. El hombre que siempre creyó. Que dijo que veía imposible que el Granada bajara, de manera lapidaria. Hoy es el día. Ese día en el que veremos si aquel presagio hiperoptimista emanó de una lectura realista del mañana. De un mañana que ya es hoy. El futuro está aquí. Y a ustedes sólo les resulta imposible una cosa. Relajarse.

* Son emociones que laten en un corazón acostumbrado a los finales de intriga. El de cada uno de los aficionados que llenará Los Cármenes. Sufrir hasta la conclusión se ha convertido en un hábito rojiblanco. Tres de las cuatro etapas en la élite alcanzaron la última jornada bajo una penumbra de incógnitas. Pero esta es diferente. Por cómo llega y las circunstancias en las que se celebra. Tres victorias seguidas han relanzado su candidatura, le han elevado al favoritismo de salvarse y han estimulado a futbolistas que parecían descatalogados, con un Sandoval que ha descifrado sin espera el código de uso. Pero ojo porque los cierres alegres llegaron siempre de forastero. Con adversarios que pugnaban por sobrevivir también y no ante un grande que pretende asegurar su presencia en la Liga de Campeones sin fases de preámbulo. Un Atlético de Madrid que ya mandó al Villarreal a Segunda hace un tiempo sin disputar apenas la honra, en un broche que favoreció precisamente al Granada. Es un desenlace habitual de campeonato pero con unas diferencias subrayadas e inquietantes, que descartan los abusos de confianza.

* Son mayoría los supuestos de combinaciones que dejan indemnes a los de rayas horizontales. Ganando, sin ninguna duda. Empatando, en la coincidencia con el Deportivo y en el trío con el Eibar, aunque no solos con los armeros. Como se meta en la pomada el Almería, muy malo para el Granada. Pero nadie lo tiene a huevo para irse mucho en puntos. El Deportivo, porque disputa el homenaje a Xavi Hernández. Los vascos, porque se miden a un Córdoba del que se insinúa que tiene las vacaciones estivales más que pagadas. Del club de la provincia vecina, porque hace de anfitrión de un Valencia obsesionado por defender el cuarto puesto como mínimo en la tabla. El cruce informativo en simultáneo adquiere relevancia, aunque cuidado con los efectos propagandísticos. A la plantilla le conviene no tener la mente demasiado alejada del Zaidín.

* Robert resolverá la ausencia de Lass. Rubén Pérez, por el que la entidad ha pagado la cláusula del ‘miedo’ al Atlético, al que aún pertenece, actuará en una medular que puede añorar a Javi Márquez, motor de la revolución actual. Pero está El Arabi, en racha. Se mantiene un firme bloque atrás, desde el portero a los laterales, pasando por los zagueros del centro. Se ha soltado Rochina y querrá irrumpir Piti, ambos tocando al timbre de la providencia. Queda solo esto. El alegato final. Un mensaje heroico ante un público en alerta. Puede ser un encuentro soporífero o lleno de trampas. Lo importante es que el marcador encaje con el de otros rincones, para dejar la clasificación como poco como está. Es hora de que estos dardos se claven por última vez de la campaña en la ansiada diana. Comprobar las visiones de Quique Pina. En realidad, no miró en una bola de cristal, ni le leyeron la mano, ni le tiraron las cartas. Simplemente se dio cuenta de dónde vivía. Una reflexión que se origina en la propia sabiduría popular. Una frase que marca a esta ciudad y su destino. Se la saben. Todo es posible en Granada. Todo. Así que no sufran mucho por ello.

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