Desahogo

Con las plantillas me pasa igual que con los tomates. Me amaga con saltar un lagrimón cuando me como uno que conserva su esencia natural de recién salido de la huerta. Esos tomates normalmente carecen del rojo tan plástico que vemos en el supermercado. Tienen rasguños y protuberancias y hay que lavarlos bien para sacarles la tierra. Pero saben a tomate. La pinta no es lo importante en ellos. Con los equipos pasa igual. No basta con calificar al Granada con un notable alto en su configuración porque asome con jugadores muy interesantes para su nivel y se hayan completado de manera razonable sus líneas. Ahora hay que catarlo. Es compatible que entre por los ojos con ser apetitoso, pero descubrirlo llevará un tiempo. Cogerlo, partirlo y aliñarlo.

El foco del último día se estableció en la defensa, línea que asomó desguarnecida en el primer partido, pero que ya dio un paso adelante con tres novedades en Getafe. Miguel Lopes aparece con jerarquía si no tiene visitas inesperadas al taller. Biraghi, siendo joven, parece tener el colmillo afilado para soportar embestidas, en la comparativa aparente con Salva Ruiz, que tiene más inclinaciones al ataque que a la protección. Lombán ha aterrizado con suavidad y ahora llega Doria con enormes credenciales, con lo que surge una interesante competencia, estando Babin con un rendimiento consistente, superior al que exhibió Mainz el primer día. El recorrido de King y Neuton es un misterio, aunque no les avala el prestigio en principio.

Mientras el ataque queda repartido por una serie de jugadores entre los que domina la electricidad pero también una tendencia al enroque, la media la ocupan al final una serie de mediocentros con visos arquitectónicos, que podrían quedarse cortos en número de efectivos si Sandoval insiste en el ‘trivote’ y se sucedieran en un momento dado las lesiones. Krhin, Rubén Pérez y Javi Márquez se colocan en la primera fila, pero sólo Fran Rico surge, entre la reserva, como alternativa natural. Es aquí donde podían otear al filial como un posible desahogo. En la escuadra B militan dos pivotes con mucho brío, que podrían tener sus minutos en Primera. Se trata de Uche Agbo, que ha pasado con los mayores el verano, y Sulayman, al que estrenó Caparrós en su momento, con unas condiciones extraordinarias, pero con mucho que madurar.

Tanto uno como otro pueden tapar esa posible debilidad en la construcción del grupo, por lo que no asomarían demasiadas fragilidades, más allá de que la pelota tenga que entrar en la portería ajena y no en la propia, que es de Perogrullo. Los tomates están en la bolsa y ahora sólo queda ver si contribuyen a una buena ensalada o terminan como objetos de lanzamiento a los intérpretes. Sería todo un desperdicio, aunque es momento de observar este comienzo sin sugestiones negativas. Para eso están otros.