El chico que llora

Solemos confundir la autoridad con el liderazgo. La primera viene asignada por una jerarquía establecida, en la cual quien la ejerce detenta una especie de control sobre sus subordinados, a los que no les queda más remedio que acatar las órdenes, les guste o no. Pero el líder es algo muy distinto. Necesita de la autoridad, pero no sólo porque alguien le haya señalado como el que debe dirigir al grupo por el motivo que sea. La propia voluntad de los integrantes le erigen como ese cabecilla, por encima de imposiciones. Es la persona que, al mando, también les representa. Un reflejo de los principios más solemnes.

En un vestuario asociamos el gobierno con la capitanía, pero no siempre es así. También se tiende a otorgar madera de director al que se expresa con entusiasmo y fluidez. Pero hay veces que el líder ni luce un brazalete ni da voces en la caseta al resto. Es su ejemplo a los demás a la hora de actuar y la manera solidaria de comportarse lo que le otorga credibilidad para ser uno de los respetados dentro de la plantilla.

Hay un futbolista del Granada que está realizando unos esfuerzos extraordinarios en los últimos partidos. Que, al mismo tiempo, está demostrando calidad y actitud, en una parcela siempre tan complicada como es el centro del campo. Este jugador acabó el partido de Mestalla rendido, con rabia por ver volar el resultado de un encuentro que los rojiblancos pudieron llevar a su redil a poco que hubieran tenido mayor efectividad en el área contraria. Al final, en la intimidad, René Krhin metió la cabeza bajo el agua en el lugar donde se recluyen los deportistas tras el partido, al tiempo que le brotaban unos lagrimones que surcaban su cara, en un gesto de impotencia. Las gotas de la frustración del que lo ha dado todo y no ha obtenido el premio que merece.

Krhin es esloveno y no se maneja con desparpajo en español, a pesar de su estancia en Italia, en la que tuvo que lidiar con un idioma parecido. Sin embargo, esa cierta incomunicación no le invalida para auparse como un referente dentro de este nuevo proyecto. Joven, potente en lo físico y diestro para recuperar el balón y ponerlo correctamente en juego, sin grandes aspavientos pero con notoria seguridad. Por ahora cabalga con el resto para intentar sacar al Granada del último puesto, pero es posible que dentro de unos meses sea el que vaya primero al frente, sin miedo. El fútbol de Krhin no tiene demagogias, ni es de aplauso fácil. Genera convencimiento a su alrededor con el paso de los partidos, porque el compromiso no se demuestra con golpes al escudo, sino sintiendo en lo más profundo que por esa camiseta se entrega todo de veras. Lágrimas en soledad. Incluso de sangre si llegara el caso.

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