¿Un cuento chino?

La lógica empresarial de Gino Pozzo, propietario del Granada, le lleva a escuchar desde siempre a posibles interesados en adquirir o incorporarse al paquete accionarial del club como algo natural. El de un grupo asiático ha sido un acercamiento serio pero de fines comerciales, sin que vaya más allá hasta la fecha, pese a las especulaciones

Si usted se presenta hoy en las oficinas del Granada con la intención de comprar el club, sepa que será atendido y escuchado. Primero, por educación. Si su oferta acredita cierta verosimilitud, hasta es posible que acabe charlando al pasar los días con el mismísimo propietario, Gino Pozzo, cuya residencia está fijada en Londres desde que adquirió el Watford. Este escenario aparentemente de propensión a la venta ni es nuevo ni debe extrañar a ningún aficionado. Desde que el equipo rojiblanco alcanzó la Primera división y sus cuentas han ido dejando de exhibir un rojo chillón, no han sido pocos los que han llamado a la puerta con supuestas tentativas. La mayoría eran globos sonda, pero todas han recibido cierta atención. Incluso algún personaje que tuvo un pleito abierto con Quique Pina, aunque finalmente se descubriera que su jeque era un bulo más.
Estos diálogos no acreditan que Pozzo esté harto del Granada, pues no es él quien va llamando a quien le quiere oír para ofrecer el poder. Simplemente es que el italiano actúa bajo la más pragmática lógica empresarial. En los negocios todo tiene un precio y si lo que se pone sobre la mesa interesa a las partes, se estudia al dedillo. A la última fase, la definitiva, la de manos estrechadas y firmas estampadas, no ha llegado nadie por ahora, ni de cerca.
La del grupo oriental sin duda ha sido el acercamiento más intenso en toda la etapa actual del Granada. Han revisado las cuentas que la entidad deposita ante la Liga de Fútbol Profesional e incluso han visitado las instalaciones donde se entrena la escuadra. Han querido conocer al máximo los intríngulis de los rojiblancos, pero esto no acarrea que el contacto adquiera visos de operación cerrada. Al principio de semana existía la inquietud entre trabajadores de las oficinas sobre el futuro. En la calle era tema de conversación entre los seguidores. Hasta en la propia cúpula de gestión en la que opera Pina existía alguna duda, que poco a poco ha quedado disipada. El presidente tiene a su estructura centrada en el mercado de fichajes, con manos libres para cerrar incorporaciones en cuanto hallen perfiles interesantes. Es la orden resaltada desde la propiedad. Que todo siga su cauce con absoluta normalidad.
La ceremonia de la confusión no se va a detener. Principalmente porque flotando en torno al Granada siempre hay individuos interesados en el ruido. También, porque la evolución de las conversaciones puede experimentar impulsos y este grupo chino, que no es el de los derechos televisivos en aquel país, lleva tiempo con interés en recalar en un satélite en la Liga BBVA. Todo se asociaba a una figura deportiva: Pere Guardiola, hermano del entrenador del Bayern Munich, que es representante de futbolistas y socio también de Jaume Roures, el jefe de Mediapro, quien acaba de ganar un pastizal con la venta del canal BeIn Sports, el que emite la Champions League, a Movistar TV. Desde Media Base Sports, su sociedad, desmienten categóricamente que estén detrás del Granada. El revuelo quizás naciera de que eligieron esta ciudad para hacer un conclave anual de la empresa y de ahí que saltara alguna alarma. Pere Guardiola, por su parte, está haciendo sus pinitos en el asesoramiento, al llevar los hilos del Girona, sufragando parte de la deuda contraída con los futbolistas cuando aterrizó. Tras llevar unos años los gerundenses peleando, pese a su modestia, con subir a la máxima categoría, este curso no acaban de distanciarse de la zona de descenso a Segunda B, que tienen a dos puntos. Por ello, ultima refuerzos en el mercado.
Una de las grandes interrogaciones cada vez que sobrevuelan conjeturas semejantes es discernir el porvenir de Quique Pina y su grupo. Según su entorno, el presidente se mantiene absolutamente tranquilo ante los acontecimientos, volcado en el zoco invernal, con el que espera fortalecer los déficits de la plantilla. El murciano está acostumbrado ya a los cantos de sirena, a las críticas con más o menos fundamento y a los que difunden que hay un distanciamiento grave entre el capital y los que desarrollan el día a día. Lo único que subyace es que a lo largo de estos años ha habido momentos en los que los criterios han sido diferentes y han tenido que llegar a puntos en común, sobre todo en el tema de altas y bajas de futbolistas. Fuera de ello, todo se ha encauzado, como se acabó demostrando en verano, cuando no fueron pocos los que extendieron que la presidencia de Pina iba a llegar a su fin.
José Ramón Sandoval, por su parte, tampoco le da mayor importancia a estos ecos. Bastante tiene con mantener enderezado el rumbo en el campeonato regular, pues la Copa parece ya una quimera. Quizás por ello le vaya a servir de indulto a Thievy, quien sigue en la pasarela para marcharse, aunque exista la necesidad de acordar la salida con el Espanyol. Tal vez sea posible hasta que continúe, en un giro inesperado de los acontecimientos. Sería lo mismo que tendría que ocurrir hoy para que chinos o catalanes desembarcaran en el Granada. El club no está en venta, sino que es pretendido. Eso significa que está sano. Es mucho si tiramos de la historia reciente.

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