El ‘Real Modric’ fusila el orgullo rojiblanco

Luka Modric se apostó en la corona del área sin que nadie le requiriera el pasaporte y procedió a fusilar, con precisión de francotirador, la esperanza, incluso de triunfo, de un Granada jovial, imaginativo, a ratos estelar pero con graves problemas de detección defensiva. Los rojiblancos se agigantan en la vanguardia bajo el arrastre de Success, Peñaranda o Rochina, pero se destapan atrás hasta pillar un constipado. Cualquier achaque es una fatalidad hasta con una versión horrorosa del Madrid, maniatado y decadente hasta que el menudo croata cogió la cerilla y prendió la mecha del cañón.
Este Granada conquista por su ímpetu pero muerde el polvo por impaciencia. Es un equipo alegre, arrebatador, con un nivel técnico gustoso para el espectador, pero que tiene algunos huecos en su trinchera y carece de voluntad para enfriar los partidos. Pretendió la escuadra coronar su sometimiento a todo un Real Madrid con un triunfo ilustre y se marchó al final de vacío, con su terrible realidad clasificatoria corroborada. No cabe duda de que Sandoval persigue un estilo audaz y que su vestuario ha cambiado. Asoma unido y con variantes interesantes. Ricardo Costa le dio otro aire a la zaga, pero el agujero sigue donde siempre, en el sector zurdo. Cuando la intensidad se aminoró, muy destensos los refrescos de la segunda parte, los visitantes hallaron la rendija con la que asirse a sus posibilidades de ser aún campeones de Liga. Con esta imagen, el Madrid lo tendrá muy difícil, de paseos militares en el Bernabéu pero de angustias tremendas como forastero.
Pintó el entrenador local un dibujo valiente, con mucha osadía en sus integrantes. Como ocurrió ante el Atlético de Madrid, Sandoval ubicó a tres delanteros naturales en ataque, esta vez con Success en la derecha y Peñaranda en la izquierda. El venezolano, que siempre se reconoció extremo pese a pronunciarse en otros encuentros como punta, arrancó un periodo de inquietud para la zaga enemiga, que conoció el fulgor de esta estrella en ciernes. Dos arrancadas furiosas al espacio obligaron a Keylor Navas a asomarse fuera de su linde, para evitar el peligro. Una vez más, el arquero cuajó una actuación notable ante los rojiblancos.
Gobernador Rochina
Con Rochina al volante, el Granada distribuía con fluidez, presionaba con fe y se contoneaba con insolencia ante un Madrid achatado, que sólo tuvo capacidad de respuesta en el primer cuarto de hora con un tiro cruzado de Cristiano Ronaldo, de lo poco que dejó el luso, una sombra en Los Cármenes, víctima de los abucheos desde la grada.
Success fue un taladro tanto para Marcelo como para Sergio Ramos, con esa habilidad especial para dormir cada balón que le impacta en el pecho. La banda derecha local, en la que le alivió siempre un Miguel Lopes rejuvenecido, originó migrañas a los blancos, que aún trataban de extender su partitura. Una escuadra de este potencial, incluso cuando tiene el motor gripado, posee un radar agudo para localizar por dónde asaltar al adversario. A la espalda de Foulquier se pueden celebrar conciertos y por ahí se pronunció el Madrid. Primero avisó Modric en una subida que Lombán abortó y luego llegaría el gol, con un alarde de Carvajal que mandó a la red Benzema, muy solo. El francés es inconstante en la protección, aunque peor estaba siendo Biraghi últimamente. Sin duda, el Granada tiene un quebradero de cabeza por ahí.
La fractura en el costado zurdo no sólo es consecuencia de su ocupante. Tampoco Peñaranda se preocupó demasiado por perseguir a su lateral. Pese al golpe, injusto vista la insistencia previa, el Granada conservó su querencia a responder en el área contraria, aunque sin producir problemas reales ante la red. La pelota le duraba cada vez más, la gestión mejoraba y los centrocampistas del Madrid parecían arrastrar grilletes.
Los aplausos se despertaron al descanso, en un gesto de natural reconocimiento al notable esfuerzo que los rojiblancos estaban haciendo, pese al marcador adverso. El refrendo del público fue un plus en la reanudación, en la que se multiplicaron los quebrantos del Madrid. El Granada ya no daba tregua, absorto en la búsqueda del empate. Si Peñaranda había enseñado su uña en el primer tiempo, el siguiente acto lo protagonizó Success, que acometió con gesto rudo y una extravagante barba rubia. El chico es especial para todo. Barral, el veterano entre niños, peleó con denuedo y tuvo un buen remate de cabeza, pero está aún a unos palmos del ritmo exigente que le vuelve a exigir el fútbol español.
El Madrid arrastró los pies casi siempre, pero su mano es grande y puede noquear en cualquier vaivén. Lo pudo hacer Modric, en un disparo teledirigido que mandó a córner Andrés Fernández. También Benzema, en un mano a mano con el arquero murciano, que venció el de los guantes. Sus mejores paradas, para su desgracia, llegan siempre en noches de derrota, pero no cabe duda de que es mejor portero de lo que se le ha contemplado en otros lances y que anda con más confianza en las últimas semanas. Si le mejoran el mobiliario que luce delante de él, puede todavía salvar el curso con nota.
Un invitado inesperado provocó el nacimiento del tanto de la igualada. Modric maniobró en el círculo central pero se trastabilló contra el árbitro. Rochina, atento, salió como una flecha hacia el sector enemigo, desplazando el esférico hacia la carrera de El Arabi, que acababa de ingresar por Barral. El francomarroquí no podía elegir mejor noche para igualar la marca realizadora de Porta. Consiguió su gol 34 con la camiseta del Granada con cierto suspense, en un tiro cruzado algo manso, que pasó bajo las piernas de Keylor Navas y que Carvajal no fue capaz de rebañar sobre la línea. No hubo ametralladora en la celebración pero sí una carrera entusiasta hasta la zona en la que festejaba su familia. Pudo volver con ellos poco después, en una acción que acabó en gol pero que estuvo bien anulada por fuera de juego. El colegiado Gil Manzano acertó en la toma de todas las decisiones críticas.
El encuentro discurría por el semillero del Madrid, impedido en su fútbol por un Granada siempre febril. Con Isco fuera de vía y James eclipsado, sólo Benzema sostuvo el estandarte, dimitido a su vez un Cristiano Ronaldo sumido en una nebulosa. El Madrid en general se manejó mal, pero en buena parte porque el Granada descifró bien por dónde castigar.
Peñaranda, muy vigilado en este tramo, encontró una escapatoria en diagonal con la que conectar con Success, elevando el pase con sutileza. El nigeriano intentó el regate ante Navas, pero el arquero tico salvó la papeleta arriesgándose a un penalti que no cometió por décimas de segundo.
Vio Sandoval que el Granada necesitaba llenar el depósito en la zona ancha y apostó por Krhin en lugar de Fran Rico. Desde su lesión, el esloveno es otro. El encuentro le exigía enchufarse desde el principio y le superó un poco la intensidad. Ha perdido el sitio entre los elegidos y no fue fácil que se integrara en un duelo de mil atenciones.
Llegaron los minutos finales pero no hubo plazo para la reflexión. Los rojiblancos podían agarrarse al punto y tratar de enfriar los acontecimientos. Sin embargo, siguieron percutiendo sin temor al fallo. Success se quedó sin el justo premio a sus galopadas. Al verlo aún fresco en lo físico, Sandoval prefirió retirar a Peñaranda, con el que tenía que ser precavido pues venía de sufrir una lesión muscular.
Se estrenó Dux, pero la ropa le vino grande. Algo destartalado, no fijó su posición en el carril central, lo que toleró algunas oleadas madridistas que pregonaron lo peor. En un balón que nadie acertó a despejar lo suficientemente lejos, la bola reposó en Modric, que no suele hacer muchas preguntas cuando otea el horizonte y divisa la portería. Envió el esférico a la escuadra con tacto y fuerza. Derrumbó a los locales, que no volvieron a atinar con sus ganchos.
El Granada tuvo imagen, pero no puntos. Está definiendo un estilo que pocos pueden cuestionar, pero le supone mucho ganar y las jornadas se evaporan. Rezuma juventud en algunas franjas, sobre todo la adelantada, lo que le hace proclive a las diabluras, que a veces desmontan al contrario y que pueden hasta maravillar al espectador. A cambio, a la escuadra le falta picardía y maldad, gestos de experiencia que tienen que empezar a aplicar, entre otros, tanto Barral como Ricardo Costa. Se hace difícil pensar en un ‘once’ mejor que el que dispuso, y aun así hay piezas débiles, como el lateral izquierdo. Esto, lo bueno y lo malo, es lo que hay hasta el final. Con esta actitud, se hace difícil pensar en que bajen. Tendrán que apretar.

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