Los tiempos

No acabo de entender por qué está reñida la comunicación pública de los protagonistas con el trámite que atraviesa el Granada como club para consumar el gran cambio en su accionariado. Evidentemente, en los negocios hay que aguardar con cautela a que los pasos se ejecuten. Tanto los formales entre las partes, como los que obligan a la intervención de otros estamentos, como es el caso del Consejo Superior de Deportes con los clubes de fútbol, estamento que ha de dar ritmo a todo tras su presumible visto bueno. Pero el hecho de que Lizhang Jiang, el aspirante a propietario del paquete mayoritario de Pozzo, y Pere Guardiola, su asesor deportivo en la sombra, permanezcan con el mutis, traslada cierta intranquilidad más que prudencia, por más que el mensaje oficial desde Media Base Sports sea que las cosas llevan tu tiempo y que el futuro será atractivo e ilusionante para la hinchada.

Jiang y Guardiola, una vez que concluya este camino, tendrán muchas preguntas que responder en la presumible puesta de largo, aún sin fecha. Cuestiones sobre qué Granada auguran y explicaciones sobre hasta que punto la mano de Pozzo sigue meciendo la entidad. Lo que se pregona de dentro es que será un proyecto sólido, sin un dispendio descomunal en principio, a pesar de aspirar a un entrenador que sería el más caro de la historia del conjunto, pero con bases para un gran porvenir, gracias a una estructura que están estudiando. Como declaración de intenciones, no suena mal. Pero luego tocará enfrentarse a la realidad. A la construcción de una plantilla. A los impedimentos a los que obligue el control financiero. Al todo lo que acarrea un equipo, en general, en la élite de este deporte, que no espera a nadie.

Lo de Pozzo es el gran misterio. Pronto aclaró tras iniciar el proceso de cambio que las relaciones con la nueva propiedad serían fluidas. Hasta dónde lleguen estas palabras, lo sabremos poco a poco. Si atiende al préstamo de jugadores, que puede ser, o bien entronca con la pura gestión, que también. Para empezar, el núcleo duro de la entidad sigue dentro y con garantía de sillón, por ahora como personal rojiblanco estrictamente, pero sobre todo velando por los intereses empresariales del italiano y encomendados a la misión de “ayudar” a los nuevos.

Tras las conjeturas que tanto preocupan al personal de a pie, hasta hay una sensación de normalidad en la entidad, sólo rota por el hecho de que Pina se mantiene apartado, esperando acontecimientos. Sin pronunciamientos tajantes. Para deponerle, Pozzo o los nuevos tendrán que destituirle en primer lugar, porque él no parece amigo de la dimisión. La relación con su jefe, salpicada de tiranteces sobre todo de un año para acá, pasa por peor momento desde que se conocen.

¿Hasta qué punto seguirá moviendo los hilos Pozzo? ¿Una cosa o la otra serán buenas o malas para el Granada? ¿Cuánto tardará el CSD en pronunciarse? ¿Estará la nueva aventura a la altura de la expectativa? ¿Tras entra transición, la opacidad desaparecerá? La curiosidad se aviva, pero los tiempos no los determinan ni los aficionados ni los medios de comunicación.

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