Guerra civil en el Granada

Igual que hay que saberse ir de los sitios, ciertas salidas tienen que investirse de cierto halo de dignidad, por más que en los negocios domine lo pragmático. La actitud de resistencia de Quique Pina a abandonar la presidencia del Granada bajo la fórmula de la dimisión no deja de ser un acto de débil oposición, porque lo único que puede conseguir es retrasar un proceso irreversible, generando no sólo un perjuicio al nuevo proyecto de la entidad, sino a su propia imagen, que permanecía en su mejor momento tras la última consecución de la permanencia.

Poniéndose en la piel del todavía presidente, se comprende que desee que se traslade que su marcha no es voluntaria, al tiempo que ansía una explicación por parte del máximo accionista, Gino Pozzo, acerca de su futuro. La relación está muy deteriorada.

En esta guerra civil cada uno toma parte opinativa a su manera, pero hay evoluciones que no se pueden disociar. Sin el capital y la apuesta de Pozzo habría sido imposible que el Granada renaciera. Sin la gestión eficiente y exitosa (aunque algunos no consideren que permanecer en Primera, sufriendo mucho y a última hora, tiene su mérito), la inversión del italiano se habría derrochado y esta es mérito de Pina, su principal ejecutivo en la ciudad, algo más que un empleado, al menos hasta hace poco. A cada uno, su importancia.

El episodio que precipitó la salida del club del abogado Pedro González Segura (que ahora se postula para convencer al nuevo dueño de la idoneidad de su fichaje), generó ya una controversia en Pozzo, que resolvió inicialmente aceptando la decisión de Pina de dar carpetazo a la vinculación del letrado, pero que originó una fractura incorregible. Tanto Pedro como su hermano Ángel han mantenido fluido contacto con el transalpino y evidentemente su postura no es precisamente amigable hacia lo que representa el murciano. Así se ha cocinado también el desarraigo.

La venta, pues, sigue su camino, aunque la consumación requerirá, una vez firmadas las escrituras la semana que viene (si no hay accidentes que lo eviten), que el presidente ya no esté en el cargo. Unos días de reflexión quizás amortigüen este lío, que puede conllevar incluso el paso por los tribunales, llevado al extremo. Para empezar, el todavía propietario quiere bloquear los pasos de Pina en las oficinas. Este, mientras tanto, urde su estrategia a seguir, desde la distancia.

Pina aceptaría dimitir y agilizar esta evolución siempre que se den las explicaciones oportunas. Quizás se conforme con una rueda de prensa de despedida, en la que Pozzo tenga que estar presente, se trague el sapo y acepte escuchar una posible rajada, sobre las dificultades que denunciaría Pina acerca de esta etapa de siete años. O tal vez lleguen antes a un acuerdo privado y se ahorre la presencia.

Sea como sea, están condenados a entenderse. Pina, por el bien de su imagen de cara a la hinchada, siempre voluble, que como es lógico eleva o degrada en función de impulsos. Ahora mismo la recepción es que quieren que los chinos comiencen cuanto antes. Pozzo, por su parte, para que nada se tuerza, suelte la sociedad y se dedique ya a obtener beneficios de la transacción.

Esto no se puede demorar mucho más. Mejor que el conflicto se quede en una Guerra de los Seis Días y no se convierta en la Guerra de los Cien Años.

4 Comentarios

  1. No hay nada que explicar, el propietario de la SAD, decide vender al que ha pagado y el que compra decide cargos y empleados.
  2. Buenas tardes Sr.Lamelas,

    Sin acritud ninguna. ¿De verdad cree que lo único que está pidiendo el Sr.Pina son “explicaciones oportunas”? Si lo cree le critico por su ingenuidad, si no lo cree por su falta de honestidad.

    Un cordial saludo.

  3. Lo del “únicamente” lo ha puesto usted. Si quiere juzgarme, hágalo con nombre y apellido. El anonimato me hace sospechar siempre. En eso no soy tan ingenuo. Un saludo.

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