Una valoración de la plantilla del Granada a vuelapluma

  1. Tarde pero en plazo, condicionando el abanico de opciones de las dos primeras jornadas, el proyecto inaugural de la era Jiang Lizhang en el Granada cerró su primera plantilla estrujando el día final del mercado. Parecía obvio, pese al retraso, que al final el equipo tendría un grupo que doblaría cada puesto como poco. De hecho, se han completado las 25 licencias hábiles dispuestas. Otra cosa es evaluar su nivel. Para esto hace falta algo más de tiempo, pues lo individual se somete a lo colectivo.
  2. La confección no ha seguido un plan de acción estable. Se ha ido adaptando a los avatares, con los condicionantes inherentes al Granada, no sólo de matiz económico, sino de jerarquía en el fútbol. Venir a este club sigue sin despertar magnetismo en jugadores de perfil medio-alto . Las limitaciones económicas, que las hay aunque hubiera algo más que otros cursos en la hucha, también han lastrado cuando se apuntó arriba. Habrá momento de examinar si se ha gastado todo lo disponible o si se cuenta con margen para más adelante, en la ventana invernal.
  3. El cambio de dueño de la entidad ha conllevado una auténtica revolución en todos los órdenes. Pese a que el principio de acuerdo de la venta se estableciera en enero, no ha sido hasta la entrada de la nueva gestión cuando han profundizado en las posibilidades reales de atracción de futbolistas. La inexperiencia ha jugado también alguna mala pasada. De ahí que los mensajes de optimismo marketiniano se fueran matizando desde la propia presentación de Jiang. Salvar el año se convirtió en el eslogan soterrado. También han acaecido ciertos episodios de infortunio en algunas operaciones caídas, con la de José Angulo como paradigma de la mala suerte. Hubo otras muchas frustraciones.
  4. El Granada era en buena parte un erial al comienzo del verano. Nueve cedidos regresaron a sus clubes (desde el regreso a Primera siempre han supuesto más de un tercio del plantel) y el anterior propietario, Gino Pozzo, se llevó además a tres de los activos relacionados con su fondo de inversión. Uno lo vendió –El Arabi-, otro lo colocó en el Udinese –Peñaranda- y el otro se lo llevó con él al Watford –Success-. Unido al ofertón del Rubin Kazan por Rochina, que a los flamantes ejecutivos les pareció irrechazable, la formación se quedó desvencijada, con jugadores con contrato que, en algunos casos, no eran titulares indiscutibles.
  5. Pero estos pocos tampoco parecían satisfacer en su mayoría a los nuevos mandos. Por ello se cruzó una prolífica operación salida con una mucho más lenta de entrada. El aficionado se empezó a inquietar. Se bajaba masa salarial pero se hería el componente emocional de algún hincha, ávido de nuevas caras que le motivaran y triste en la marcha de algunos futbolistas alojados en su corazón, cuando se rememora sólo lo bueno y no se calibra si son los más idóneos para el nuevo modelo del entrenador. Encima, con destinos hacia entidades de objetivo similar al Granada, para aumentar su duda. Nadie recapacitó en que estos adversarios llevan una línea táctica divergente.
  6. Se ha descalificado mucho la supuesta falta de inversión, pero pocas veces se recuerda que Jémez posiblemente sea uno de los  entrenadores mejor pagados de La Liga. Una medida de fuerza del Granada para darle legitimidad a la empresa y servir de reclamo mediante su idea atractiva del fútbol. Un sueldo alto en comparación a otras escuadras similares que, para la cúpula, merecía absolutamente la pena. Carisma y el buen gusto acompañan al técnico, aunque también algunos cruces de cables peligrosos. Cuando el personaje abduce a la persona. Pasó en Las Palmas. Un exceso que de vez en cuando se le repite.
  7. Jémez dio su particular lista de preferencias entre lo disponible nada más llegar y reclamó fortalecimiento en todos los puestos. Pero la economía daba lo que da. La mejora televisiva y el traspaso de Rochina repercutieron en la bolsa, pero no otorgaron la libertad de pagar traspasos sin ton ni son. Tenían que medir cada paso. Javier Torralbo ‘Piru’, el director deportivo, cara visible del equipo de Media Base Sports (respaldado por su presidente, Pere Guardiola, junto a sus hombres de confianza), pasó de una aparente tranquilidad, sabedor de que las semanas van otorgando posibilidades, a cierto nerviosismo cuando empezó a notar que no tenía la sartén por el mango. El último día, junto a miembros reputados de la entidad que ya estaban, como el gerente David Navarro, dieron todos el do de pecho.
  8. Quizás uno de sus mayores errores fuera dejar escapar a Alejandro Gálvez. Gálvez era un fichaje estratégico y ni los requerimientos económicos demandados por el futbolista tenían que haber hecho imposible el acuerdo. El Eibar pudo, con su ventaja fiscal por ser equipo vasco y el consiguiente ahorro, pero para el Granada era importante este esfuerzo, aunque supusiera un sobrecoste según su idea inicial. Era un central, algo que se ha buscado hasta el mismísimo último día. Conocía a Jémez, con lo que su adaptación resultaría fulgurante. Y es granadino, con lo que asentaba la intención de dar poso local. Todo se frustró y las rectificaciones han durado hasta última hora. Tuvieron que convencer a Vezo, defensor capacitado pero de bastantes altibajos en el Valencia, no tan ilusionado por recalar. Este factor es volátil, por otra parte. El que hoy no quiere, mañana se consolida como los demás. Al fin y al cabo, son profesionales. Vezo puede triunfar aunque no llegue besándose el escudo.
  9. De las nueve cesiones del curso anterior más los tres del fondo de Pozzo, se ha dado el salto a trece préstamos. Hay quien duda de la implicación de gente de vínculo efímero. Lo importante es que sean buenos, en definitiva. Que pretendan triunfar en su deporte, pues será también el éxito del Granada. Hay cuestiones relacionadas con la mentalidad y el liderazgo que suele soportar mejor quienes se sienten realmente asentados, sobre todo en momentos duros. Es una interrogación que planea. Si en la conclusión de la campaña, o incluso a mitad, hay interés por conservar a alguien, será tiempo de que la dirección retome el frenesí en los despachos. Por ahora, la prioridad es armonizar esta torre de Babel, más que pensar en la construcción de una base a futuro o en las opciones de venta en el mañana para seguir manteniendo el ámbito financiero a flote. Que cada cual acepte el rol que le vaya tocando.
  10. La plantilla aporta muchas alternativas. Un portero protagonista en el juego de pies, Guillermo Ochoa, que es tan crucial con Jémez. Una defensa con elementos rápidos, aunque han de enfrentarse a la continuidad y al rigor de una competición dura de la que muchos son desconocedores. Encima con lo que aprieta para un zaguero los riesgos del sistema vigente. Un centro del campo variopinto, con algún diamante que tendrá que pulirse, pero al que no le debe de quemar el balón. Habrá que ver quién está dispuesto también al sacrificio. Soluciones al fin en las bandas, rápidas y punzantes, con más reputación en Carcela y un porvenir en Atzili aparentemente llamativo. Y arriba otro pretoriano de lujo para el entrenador, Alberto Bueno, y un ‘nueve’ fuerte, Kravets, que aumenta la competencia existente ya con el escurridizo Ponce. Hay incógnitas, habrá que comprobar adaptaciones. Los pronósticos pueden ser precipitados. Todo llega con la Liga arrancada, que no espera a nadie. Pero ya hay por dónde comenzar. Si Jémez suma pronto el rango de intérprete, no sólo para derribar la barrera idiomática sino para que sus cachorros tumben la que encierra su talento, puede ser un Granada sugerente. El verano exigía prudencia antes de medir el trabajo del todavía precoz gobierno del club. Ahora lo que hace falta es un poco más de paciencia para saborear la mezcla. Después de la incertidumbre, una corriente positiva que ayude a la consolidación sería buena en la grada. Que por esa tendencia al pesimismo y a la fatalidad de unos cuantos, que no sea.

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