La alegría dura sólo un descanso

Crónica del Valencia 1 – Granada 1

Las alegrías le duran al Granada un suspiro. Oun descanso, como pasó en Mestalla, donde reposó el primer tiempo con la sonrisa de oreja a oreja, pero el gesto se le quedó helado tras la reanudación. Mehdi Carcela, fantástico en el arranque, había compuesto una melodía armoniosa para los 300 entusiastas rojiblancos desplazados, que daba dentera a la hinchada local, de silbido fácil y estridente. En la prolongación previa al intermedio coronó el reguero de peligrosas llegadas de los nazaríes. Nani devolvió el equilibrio sin cumplirse un minuto del tramo definitivo y llegaron sacudidas al marco de Ochoa. Muchas.

Las tablas apenas conforman, pero en esta tortuosa carrera por la salvación se trata de captar las mejores sensaciones peldaño a peldaño. Se comprobó que el sistema de tres centrales puede dar soltura también a los ataques rápidos y además está justificado por un motivo grueso: o se multiplican las ayudas o salpicaría la sangre debido a las carencias. Siguen observándose algunas pifias comprometidas para recuperar el aliento en Primera división.

Sin Vezo, vetado en su regreso a su ‘casa’, Alcaraz recuperó al viajero Gastón Silva para su zaga, mientras que trató de aprovechar la motivación de Kravets en vanguardia, tocado por el gol con su selección. La maniobra más llamativa estuvo en el centro del campo, en el que el técnico encontró acomodo para Pereira y así dar soltura en la izquierda a Boga, uno de los reactivos en la anterior cita, ante el Deportivo.
El sistema se mantuvo. Ese 5-4-1 a partir del cual se despliegan las tropas, que conservó cierta quietud en los primeros compases. Fue una etapa de tanteo, de más iniciativa para el Valencia, con un Cancelo dispuesto a amargar la tarde a los Silva. Tanto Gabriel como Gastón fueron desajustados por el ímpetu del luso. Tiró, centró y hasta le amonestaron en este arreón.

Aterrizó frío el Granada. El entumecimiento fue a menos, entre contenciones. Si el Valencia se torcía siempre hacia la derecha, los ayer de ‘coral flúor’ –así lo define el club– también tendían a estribor. Carcela zarandeaba al siempre ofensivo Gayá, quejoso para detectarle.

Anclado en su campo, la progresión rojiblanca era prudente, pero en aumento, a pesar de que Cancelo parecía un avión y dotaba a Nani de su primera oportunidad. Ochoa aleteó para despedir los proyectiles, tras una trinchera espinada. El Valencia amasó el balón, pero sin cruzar el puente levadizo. La impaciencia se extendía en el horizonte. El público empezó a protestar, lo previsto en el plan visitante.
La visible fuga rojiblanca estaba en el costado de Gabriel Silva, quizás porque Boga no le ayudó tanto como Pereira otra veces, a quien le faltó cuajo para erigirse como referente en el centro del campo. Algunos pases sospechosos y una falta alevosa que le costó la amarilla lastraron su evolución.

Adelantar a los carrileros deja parcelas libres y Nani las buscó a la espalda de Isaac Cuenca, quien sigue muy tímido en sus subidas. Un cabeceo fuera del portugués y una internada en la que Uche a punto estuvo de hacerle penalti despertaron a la retaguardia. Ochoa se puso a trabajar para impedir que Rodrigo le marcara. Saunier acudió para evacuar la zona. No había llegado la primera media hora. Sin algo de iniciativa, el derrumbe parecía obvio.

Pero en medio de las dudas, resplandecieron ciertas chispas de magia. Todas brotaron de la chistera de Carcela, que cabalga con el mentón alto. Aceleró por todos los flancos, ante una defensa contraria que se adelantó peligrosamente. Le persiguieron sin ponerle los grilletes y cuando acaparó la atención, buscó a Boga, solo en el punto de penalti. Pero el francés dio un paso de más y se le quedó el esférico atrás, sin que tuviera más resistencia que fusilar a Diego Alves.

El error no le desquició. Como con envidia, se sumó a las emboscadas, con ese regate plástico que le faculta para encontrar metros donde sólo hay cepos. Tiene recorrido.
Por delante trabajaba Kravets, que se cocinó una oportunidad mal aliñada. Mangala y Parejo se entretuvieron con el balón y el ucraniano lo birló y se abalanzó sobre el área a toda mecha. Se desfondó a las puertas de la gloria, con un tiro de zurda que se fue demasiado alto.

La óptica de su mirilla siguió empañada, pues Carcela le facultó para resarcirse poco después, en otro contragolpe que le dejó acostado ligeramente a la derecha, pero armó otro chut defectuoso. A Kravets se le resistía la red, así que mudó de rol. Si él no podía, que el honor se lo llevara un compañero. Bajó a recibir a la medular, Pereira le vio pronto, se giró y captó el desmarque de Carcela, para servirle un pase delicioso. Corrió el extremo sin mirar atrás, respiró profundo, armó la pierna derecha, la teóricamente mala, y pudo con Alves, en la extensión del primer tiempo.

Acostumbrado a los chascos a las puertas del paso por vestuarios, el Granada disfrutaba de una situación desconocida. Tanto, que le duró lo justo, aunque tuvo cierta polémica. Nani fue a una disputa con Saunier y el central francés pareció salir mal parado. El Valencia prosiguió ante el permiso arbitral y combó un pase a la espalda de la defensa rojiblanca, que Parejo orientó con el pecho. En lo malo y en lo bueno, siempre aparece Parejo para el Valencia.

Su pase habilitó a Nani y llevaba el encuentro a la casilla de salida, aunque sacando de la crisis a los locales. Había entrado Munir por Montoya y esto daba filo a los de Prandelli. El Granada se acantonó, perplejo. Con el trabajo degradado por una acción confusa.

El césped se fue inclinando hacia Ochoa sin remedio. Con faltas, centros y tiros lejanos se asomaron por su parcela, pero ‘Memo’ venía pletórico de su último encuentro con México y seguía con el mismo tacto. Rocoso bajo palos, sólo tuvo dudas en algún salto, en el que no siempre llegó a atajar el esférico y tuvo que repelerlo a donde pudo.

Alcaraz trató de frenar este ímpetu con Samper, para ser más ortodoxo en la gestión de la pelota y darle tranquilidad. Aún tuvo una llegada en pared de Carcela y Kravets, pero el domingo se puso negro para su efectividad ante el arco.

Con Gabriel Silva sin fuelle, al borde de la dimisión, Gastón Silva y Lombán vaciaron el extintor, con el Valencia muy animoso. Boga pudo destacar de nuevo, pero Mangala despejó acrobáticamente una tenue aproximación.
Extraña roja

Bakkali trató de someter a Ochoa, pero estaba claro quién quería ser el héroe en este trayecto importante. En medio del fuego, Uche cayó de un golpe, con el Granada preparando un cambio. Alcaraz tuvo dudas de si sustituirle a él o a Carcela, el previsto. Le vio restablecido y quiso ejecutar de inmediato su otra decisión. El asistente entendió que se quejaba en exceso y aconsejó al árbitro que le expulsara, ante la estupefacción del granadino. Excesivo.

Tras la roja, entró Toral para amarrar la parte ancha, pero hasta el último minuto estuvo azuzando el Valencia. Llegó a enviar a su guardameta al remate, en una última falta de la prolongación. Tampoco así se impusieron, por lo que el colista salió con algo del reparto.

Pero cinco puntos sigue siendo muy poco. Son los mismos que distancian de la salvación, por otra parte. Todos abajo sufren. Ya no hay bochornos en la casa rojiblanca al menos, pero sigue costando enhebrar el fútbol. Se mejora algo, pero a un ritmo lento, aunque hay un patrón, que no es poco.

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