Barral, el mediático

Una noche de la temporada pasada iba escuchando un programa deportivo en la radio cuando de repente empezaron a hablar del Granada. No recuerdo el resultado obtenido ese día por el equipo, pero sí que quien atendió no había disputado un solo minuto. Se trataba de David Barral. Un tipo que podíamos calificar de simpático, peculiar, que ‘da juego’, como solemos decir los de mi gremio.

El historial de Barral en el club rojiblanco se reduce a un puñado de titulares, un penalti provocado (ante ‘su’ Sporting el curso anterior) y ‘medio’ gol ante el Deportivo. En el cómputo realizador real, hay un cero patatero. Esto duele más que un bofetón.

El gaditano, desde su gracejo, siempre se presta a situaciones que entretienen a la prensa nacional. Fue de los que aceptó, por ejemplo, aparecer en vídeos con maletines llenos de billetes falsos en la víspera del partido ante el Sevilla, en la penúltima jornada de la campaña previa. Por cierto, le acompañó Cuenca, su mejor amigo en el vestuario. Ese al que golpeó el lunes. El mismo con el que se ha disculpado pero que se ha negado, hasta el momento, a salir en una foto de reconciliación con él, como así pretendía Barral desde un principio.

Barral ha pasado de agresor a mártir, por mor de algunos amigos de los medios, que dan por buena una versión dulcificada de su ida de olla, cuando hay un vídeo interno en el que se corroboran los hechos.

Ha querido ver una caza de brujas donde sólo hay un acto estúpido, del que tenía que haber pedido perdón inmediato no sólo a Cuenca, sino a sus compañeros y al club, pues mancha seriamente la imagen. No es la entidad quien filtra lo ocurrido para machacarle. Había testigos de sobra. De hecho, la primera reacción institucional es soslayar el tema, diciendo que sentía unas molestias físicas y por ello no se ejercitaba, mientras se asesoraban legalmente.

Por más que diga que sus colegas le respaldan, se equivoca. La mayoría también resalta en privado que se ha equivocado y entrar en el bucle actual no le beneficia en nada. Si se pasa la mano con algo así, no sabemos qué sería lo próximo.

Llega a dar la sensación de que le fastidia más que le dijeran que no hablara para ciertos medios que no poder entrar a la ciudad deportiva para trabajar. Supongo que es una impresión equivocada. El tema no tiene mucho recorrido más. Seguramente la suspensión de empleo no pasará de una semana, pero su terquedad en justificar el calentón en lugar de hacer un acto de verdadera penitencia le llevan al absurdo.

Un arrebato violento es algo que puede pasar en un entrenamiento, con las pulsaciones altas. Esto sí es normal en un equipo de fútbol. No lo es tanto amagar con una pelea por una simple botella de agua en el comedor. Esto es sencillamente infantil.

El Granada no necesita incendios extras. De Barral se ha demostrado que tiene aliados influyentes. Pero si esto se enquista, nadie va a salir bien parado. Conviene un acto de reconciliación.

Opiné hace un año que Barral era un futbolista experimentado que podía aportar cosas cuando fichó. Su rendimiento no ha estado acorde. Tampoco ha encontrado continuidad, es cierto. Llegué a entender su titularidad en el partido ante el Alavés en su momento, con Jémez, porque por entonces se estaba fajando con mucha implicación en el día a día. Alcaraz, su gran valedor en el Levante, le puso titular ante el Deportivo y le dio minutos en la segunda parte de Mestalla. No parece un señalado claro para salir en invierno, aunque acabe contrato en junio, igual que Cuenca. Pero él se ha montado una película sin sentido, en parte por quienes le doran la píldora hasta cuando actúa mal. Es lo malo de los entornos. Se han cargado la carrera de más de uno. Cuando estos encima se elevan a una esfera mediática de farándula, el cóctel es explosivo.

Barral es el rey del cachondeo en las redes y será un entretenido tertuliano en el futuro, cuando abandone este deporte. Pero por ahora, que yo sepa, es delantero centro, se debe a la entidad que le paga y se tiene que dedicar a su profesión con una mínima disciplina. Ya si marca y cumple el cántico de algunos hinchas, “pásala a Barral que meta un gol”, sería fantástico para los suyos. Así apagaría esta triste fogata a la que está echando gasolina con tanto afán. Entre tanto colega comunicador, le podía salir algún buen consejero.

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