El Granada se quita el precinto en la Copa

Crónica del Granada 1 – Osasuna 0 de Copa del Rey.

Ante poco más de 8.000 almas que desafiaron el frío, el Granada se apiadó de su entusiasmo impenitente y se quitó el precinto de una vez, aunque fuera en una competición distinta a la Liga. La Copa es territorio inhóspito, abierto a las oportunidades para los desheredados. Jon Toral le quitó telarañas a la escuadra izquierda del fondo sur y condujo así al primer triunfo de la campaña, aunque sea parcial, al tratarse de una eliminatoria. No da puntos, pero sí algún convencimiento.

Si ganar de una vez es algo siempre positivo para la moral del grupo, también lo es que lo amasaran los más reservas del repertorio. Es un torneo que parece incómodo para los clubes modestos, obsesionados en la lucha por la supervivencia en la élite, pero resulta interesante cuando permite hacer kilómetros a quienes, por unos motivos u otros, menos han recorrido en el campeonato de la regularidad. Si encima la mezcla no atraganta, se evita el tedio insoportable de los que directamente se evaden de estos compromisos fuera de las jornadas.
Sólo Ochoa, Lombán y Tabanou repitieron respecto a la alineación de Vigo en el inicio. Alcaraz decidió regresar a su primer esbozo, el 4-2-3-1, armado por su segunda unidad. Panorama para alguna prueba y una noche abierta para la promoción. Cuenca se probó como lateral puro, Gastón Silva volvió a la zaga, Angban se ocupó de barrer la media y Márquez de darle brillo. Toral improvisó en la derecha, Atzili se fue a su costado natural por la zurda y Bueno ocupó la espalda de Ponce.
El contraste inicial a no haber puntos en liza lo evidenció un distendido Joaquín Caparrós. Un polvorín habitual en el área técnica, que apenas salió del abrigo de la visera del banquillo visitante. Alcaraz sí que se desgarró la garganta corrigiendo posiciones, exigiendo rendimiento. En los primeros minutos le tocó rectificar alguna salida rival a su zaga. Poca cosa más hubo por parte de los navarros. Enseguida los locales se apoderaron del balón, aunque costó pasar del trámite al redoble en el área contraria.

Atzili despertó a la vanguardia, en la que se trataron de manejar Bueno y Ponce, con bastante frecuencia del madrileño sobre todo en la composición de ataques y una nulidad en el remate definitivo del argentino, su gran carencia en la campaña, como se recalcaría. Pocas veces tanto esfuerzo no encuentra la recompensa natural del goleador. Pese a un pequeño susto de Sergio León en un desajuste defensivo, las llegadas estuvieron capitalizadas por los rojiblancos, con Bueno bien insertado, con el taco de billar dispuesto.

La amenaza se desató sobre todo en un pase profundo hacia Atzili que el israelí centró fuerte y medido para Ponce. Se enredó en el disparo, que topó en Mario, le volvió sin control y el balón terminó corriendo hasta el fondo, espantado.
Un lanzamiento de falta de Bueno precedería a una combinación preciosa, errada con estrépito. Salió el madrileño del acoso en banda cuando vio a Atzili. Este fintó, buscó el disparo y el esférico lo imantó Ponce, entretenido en un recorte con todo de cara. Otra vez le ganó Mario la partida y ni siquiera Toral, llegando de atrás, embocó a la meta. Esta pifia terminó de despertar los silbidos antes del intermedio.

La velada no estaba para tormentos y el Granada imploraba por un tanto que apaciguara los ánimos. El Osasuna ofrecía la resistencia justa. Toral se despegó de la banda e intervino por la frontal. Tras un acercamiento cerrado con la diestra, asombró en otro con un chut con el pie bueno. Se giró en la corona y restalló la pierna contra el cuero para que se alojara en la esquina.

Pero los nazaríes necesitaban más para sentirse saciados y continuaron con la percusión. Bueno siguió ofreciendo alternativas por toda la cancha, con ganas de adquirir la velocidad de crucero. Ponce, desafortunado, seguía malogrando lo que le prestaba su compañero.

Se incorporó Andreas Pereira, aunque un poco apagado. Mejor despliegue extendió un canterano. Entrena, natural de Huétor Tájar, salió a por todas y a punto estuvo de anotar en su primer acercamiento desde la diestra, donde se ubicó. Bueno le dispuso un pase magnífico, pero el chaval se aturulló ante Mario, que despidió el peligro.
Entre medias, Toral se lesionó y dejó espacio para Carcela. Aunque Osasuna intentó encarar a Ochoa, todos sus lanzamientos se fueron lejos. Alguna falta ácida, otro arreón de Entrena y una triangulación que envió Ponce al poste terminaron por relajar el ambiente. No es para celebrarlo en exceso, pero sí al menos para oxigenarse de cara a lo mucho y difícil que queda en el día a día.

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