El Granada clausura la depresión

Crónica del Granada 2 – Sevilla 1

La terrible amnesia concluyó. El recuerdo de la victoria se activó como un chispazo para el Granada, cuando vio al último escudo que había derrotado en Liga. De mayo a diciembre ha habido espacio para fiesta, ilusión y tristeza. Siete meses en los que se bautizó a un nuevo proyecto, que desde que nació apenas se le han visto cualidades pero que, de pronto, excitó algo distinto en el campo. Fútbol alegre, no exento de compromiso. Con un entrenador de reemplazo que ha conseguido que cuajen algunos talentos, que sólo masticaban el fracaso.
Como si el triunfo en la Copa supusiera una onda expansiva de positivismo, actores diferentes del conjunto nazarí amasaron los tres primeros puntos del tirón en toda la temporada. Con una evolución de su dibujo hacia un trazo que le dio beneficios a Lucas Alcaraz no hace muchos años. Aquel ‘trivote’ en el centro del campo que una vez más le aportó solvencia con el balón a los rojiblancos, con intérpretes nuevos respecto a la anterior época del granadino. Arrastrados por esta inercia, encontraron la senda agradable algunos jugadores con atisbos de clase siempre, por fin empleada en plenitud para el beneficio colectivo. Se consumó algo bonito, de deleite para la hinchada. El tiempo dirá si es el comienzo del resurgir o sólo flor de un día. Al Granada todo le salió esta vez a pedir de boca.
Contribuyó a ello un Sevilla fallón en el área, con una alineación ilustre pero quizás algo descentrada por la importancia del duelo que les arrecia en la Liga de Campeones. Creyeron los de Sampaoli que con mera paciencia y su calidad doblegarían a un contrario que presumían nervioso y en la trinchera.
Pero se toparon con lo inesperado. Un contrincante vivaz, que atosigó. Con Pereira y Uche un paso por delante de Samper, los locales tensaron la parte ancha. Con Boga y Carcela abiertos por sus carriles naturales, lo que proporcionó amplitud. Una combinación entre ambos, con robo del belga-marroquí y disparo final del galo, puso en los primeros aprietos a Sergio Rico. Los hispalenses manejan varias versiones. Pueden trenzar y poner balones largos. Imponer su físico en la estrategia o encomendarse a las irrupciones individuales. Pero todas se estrellaron ante Ochoa, inconmensurable, con buenos escuderos por delante.
Vietto no aprovechó un puñado de buenos servicios de sus compañeros al espacio y toleró que el Granada se fuera arrimando a la otra red, a la carrera. Uche, que tuvo pasajes del mejor Pogba, prorrumpió con zancada de gacela sobre el área rival para darle un pase algo desviado a Boga. El francés es un especialista de la gambeta. Reventó la cintura de Rami con sus quiebros, para concluir con un pase medido a Pereira, que colocó el interior del pie con sutileza.
Los visitantes seguían respondiendo por ambas alas, pero no tuvieron manera de exigir a Ochoa que blocara durante este primer tiempo. Saunier, en el perfil zocato, y Lombán, en el diestro, se multiplicaban achicando balones. El capitán llegó a sacar un disparo de Mariano, cuando lo tenía todo abierto para equilibrar la balanza. La testa del asturiano permitió que su equipo llegara indemne al descanso. Foulquier y Gabriel Silva, especialmente, también apagaron alguna llama.
Sampaoli retocó su composición para ganar presencia en la parcela ancha, sin cambiar aún de nombres. Sergi Samper demostró que puede ser el vértice de la escuadra, aunque le vayan mejor los pases protocolarios que los letales. Se sintió arropado, sin caer en el desorden. Todavía tiene mucho por recorrer para lucir en Primera, pero ya no es ese elemento extraño, fuera de lugar.
Boga siguió siendo un estupendo argumento ofensivo. Un disparo cruzado al poco de retomarse el encuentro tras el descanso confirmó que se sentía con confianza. El Sevilla seguía marrando acciones claras. Vitolo dispuso de un gran disparo con la derecha en un mal despeje de Lombán. Hasta el canario quedó eclipsado con la actuación de Boga, que siguió ocasionando problemas. En una subida formidable de Gabriel Silva por la izquierda, Kravets dejó pasar el esférico y Boga lo controló para regatear y fusilar a Rico, que la mandó a córner como pudo.
En ese saque de esquina, llegaría la diana que desangraría a los de la capital andaluza. Hasta la estrategia satisfizó a Alcaraz, sentado en un palco al cumplir la segunda penitencia tras su expulsión en Valencia. Pereira se fue al banderín y sacó abierto para que Kravets peinara la pelota. Lombán empalmó en el segundo palo, con la zaga sevillana en cortocircuito.
Sampaoli recurrió al banquillo, pero tampoco así asomó el conjunto que tanto ha maravillado. Generó oportunidades, pero sin que el Granada se amedrentara. Fue otro detalle llamativo de este flamante guion. Ni con el 2-0 se conformó. Uche siguió hurtando posesiones y en una permitió que Kravets se midiera con Rico, quien sobrevivió de chiripa. Franco Vázquez, que reclamó un penalti al arrancar el choque, pudo castigar a Ochoa en un chut duro, que el mexicano escupió con una estirada.
Empezó la rueda de variantes para los locales. Cuenca por Boga, muy cansado, para sellar la derecha; y Javi Márquez por Uche, para protegerse con el dominio, aunque el catalán lo primero que hizo fue soltar un buen estacazo. N’Zonzi estuvo perseguido, pero en los últimos minutos de entrega asomó por el área, con afán de derrocar a Ochoa. Ni él ni Vázquez, con otro tiro complicado, hicieron mella en el azteca.
Ponce saltó por Kravets y mantuvo el nivel de presión para no dar facilidades al Sevilla. Se destaparon los visitantes y el marcador pudo cambiar. Carcela pareció esquiar entre sus zagueros, pero sin recompensa. Hasta colocó un pase al hueco para Cuenca que sufrió un penalti, pero se lo escamotearon. Sí se lo dieron a Ben Yedder en el añadido, pero ya empañó poco. Fue un éxito de prestigio para el Granada. Por larga que sean las pesadillas, siempre se despierta después.

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