Hipnotizados por la Real

Crónica del Granada 0 – Real Sociedad 2.

Más que un partido al uso, fue un rondo infinito, con el Granada en medio y la Real Sociedad abusando hasta el triunfo merecido. Cada combinación donostiarra emitió un sonido hipnótico que iba acordonando la parcela de unos rojiblancos muy poco rebeldes. Cuando recuperaron la iniciativa, les duró un chasquido. Rulli se estremeció lo justo. El centro del campo fue netamente vasco. No hubo despliegue nazarí sin Uche.
La cita que podía servir de palanca al optimismo, devolvió a una realidad tan gélida como el ambiente invernal que lo entumeció todo, menos al conjunto de Eusebio. Tiene la Real una buena idea, tipos que la desarrollan y alternativas en la despensa para paliar las bajas. La ausencia de Zurutuza la asumió Granero con una actuación académica. La de su máximo goleador, Willian José, fue afrontada por Juanmi, un diablo para la zaga local, autor del segundo tanto. El primero lo obró un canterano visitante, Bautista, la teórica tercera opción de la delantera.
Los vacíos del Granada son más complicados de cubrir. El balance a esta fecha es evidente. Lucas Alcaraz consiguió armar una alineación muy interesante ante el Sevilla que las lesiones no han permitido estabilizar. Foulquier aparece como fundamental en la derecha, pues Tito continúa en un nivel horroroso, con muchas sombras en defensa y ninguna profundidad en ataque. Pero más duro para el entrenador fue encontrar un pasajero para la faceta que tan bien ha desempeñado Uche en los dos encuentros anteriores.
El nigeriano había sido el pegamento en la parcela ecuatorial, nexo con la vanguardia, hostigando siempre al más creativo de los contrincantes. Hacía mejores a los demás. Sin él, Jon Toral arreció fútil ante el continuo magisterio de Illarramendi. Angban, que entró tras el descanso por el catalán –que además estaba lesionado– dejó el listón a la misma baja altura y se topó ya con un enemigo que dejó de sestear y concretó su gobierno en el marcador.
El síntoma del duelo germinó desde los primeros compases. La Real le pegó su etiqueta al esférico y se volcó por el lado que protegía Tito, siempre en desventaja. Toral no taponó y por allí nació la primera oportunidad clara, que Vela no endosó correctamente.
El Granada se emplazó a alguna genialidad de Boga y Carcela, pero hasta para esta estratagema tenía plan la Real. Generó superioridades en el costado, aislando además a Kravets, de nuevo infatigable maratoniano, pero relegado a perseguir rivales. Algunos regates de los extremos propiciaron cierta algarabía, pero de inmediato los visitantes engatusaron la bola y devolvieron a los locales a su parapeto.
Tenía Juanmi el reto de hacer olvidar a Willian José y lo logró con creces. No tiene la planta del brasileño, pero sí la astucia y la energía para encimar siempre a quien observara con dudas. Hizo daño a la espalda y obligó siempre a circulaciones defectuosas de los nazaríes gracias a su afán. Pero la Real no es perfecta y a veces la pifia en la salida. En un robo de Kravets, el ucraniano tocó para Pereira y este se la devolvió al ucraniano, que probó a Rulli. El argentino alejó su disparo lejano. En otra situación de hurto, fue Samper quien pudo esparcir algo de fe, pero el arquero rechazó.
Dos ataques burbujeantes, que se quedaron como hechos aislados. Reprendió la Real con un envío a Xabi Prieto, con un toque combado sobre Ochoa que salvó Toral cuando se precipitaba ya hacia la meta. Fue lo mejor de su aportación. Juanmi tomó el testigo con insistencia e Illarra se encargó después de empalmar un rechace que se marchó fuera por poco. Juanmi volvió a incordiar en un intento de vaselina por la izquierda que desbarató Ochoa, de nuevo protagonizando milagros. Pero no son inagotables.
Con la flojera en la parte exterior de su retaguardia, Alcaraz intentó activar a los suyos al menos en ataque con la devolución de Boga a la izquierda y Carcela a la derecha. Aumentó su margen de intervención, pero sin dañar lo necesario. Nadie les transportó bien el balón para que sus andanzas empezaran algo más arriba. Con tanto recorrido, el fuelle se les consume.
Toral se dobló el tobillo en un salto y concluyó el primer tiempo cojeando. El cambio, ya posible por sus dificultades en el desarrollo, se hizo obligado. Alcaraz intentó que Angban calcara entonces a Uche, pero tampoco le llega la habilidad para ello, ni la interpretación táctica. Pocas veces se evidencia tanta nostalgia por un futbolista, pero es que Uche, a falta de otros mejores argumentos que puedan venir en el mercado invernal, es indispensable en este contexto.
Que no hubiera goles sólo podía alegrar a los rojiblancos, pues la Real iba colmando su vaso. Llegó tras una variante aguda por parte de Eusebio. Quitó a Oyarzabal, bastante desactivado, para colocar a Bautista de ariete, desplazando a Juanmi al sector de Tito. Granero también basculó hacia esa orilla y, tras una suerte de quiebros, desde allí lanzó el centro que convirtió el chaval en el primer tanto vasco. Premio instantáneo, pero merecido para los suyos.
Trastocó Alcaraz sus piezas, en busca de un hilo de esperanza. Probó con Pereira por la diestra y Carcela en la mediapunta, pero el dique donostiarra parecía impenetrable. Más volátil asomó el Granada por fuera, con sus laterales en pañales. Gabriel Silva no pudo tomar la matrícula de Carlos Vela, que arrambló hasta llegar a la línea de fondo, para luego finiquitar la progresión con sutileza hacia Juanmi. El malagueño lo intentó de mil modos por el centro anteriormente, pero fue saliendo del flanco como halló la diana. Una volea que abrochó la previsible victoria.
Restaron 20 minutos y a Alcaraz le tocó envidar. Dos puntas, Bueno y Ponce, por Tito y Kravets, que propiciaron una especie de 4-4-2, primero con Pereira en el lateral diestro. Luego, ante su incapacidad, con Angban intentando cicatrizar la herida. Siguió sangrando.
Ochoa apareció ante Illarra y Canales ingresó para solidificar la red de control donostiarra. Ponce le puso ganas, como siempre, pero desperdició sus llegadas al final, como suele. Una la tuvo en una disputa con Iñigo Martínez. La otra, rotunda, nació en un centro de Bueno, que el argentino desvió por palmos.
Carcela provocó alguna falta, que no se transformó en algo potable. Mucho pase al pie, excesivas dificultades en la construcción, poca rotundidad en la disputa. La mayoría de las carencias del Granada se extendieron por el césped de Los Cármenes. Se acabó la imbatibilidad de Alcaraz en casa. La línea floreciente se interrumpe de pronto, con una visita al Bernabéu tras Reyes. De poder igualar con el primer equipo que está fuera de descenso, a mantenerse a un triunfo. Ese éxito tan esquivo, que se ha limitado a una muesca en estos meses.
Un tiempo que seguro que ha servido de reflexión en el club. Es cierto que el nuevo entrenador ha recuperado a algunos tipos, pero no es alquimista. Necesita del buen hacer de los despachos y del peso de la cartera. Sin fichajes, será muy difícil. Salvo que conserven al verdadero once titular, el del día del Sevilla, en formol.

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