‘Abstemio’ hasta en el cierre del año

Crónica del Osasuna 2 – Granada 0, en la Copa del Rey.

A cualquier componente del Granada le deberían prohibir la asistencia a un cotillón este fin de año. No tiene edad para celebraciones. Pareció en El Sadar la mezcla extravagante de una pandilla de chavales apáticos junto a sus ‘abuelos’. Se condena a seguir ‘abstemio’ tras derramar la Copa, que estaba bien barata. Enfrente estuvo Osasuna, al que le bastó con el ánimo. Era un litigio sin puntos, pero sí se repartía moral, aparte del acceso a octavos. Los navarros son colistas pero han eliminado al que tienen delante en la clasificación, que sigue a la misma distancia física, pero no emocional.
El torneo era un incordio para ambos conjuntos y a la postre, como era lógico en cierto modo, le puso más ganas el anfitrión. No hizo nada del otro mundo. Peleó más, intensificó sus acciones y contó con el latigazo favorable de un exnazarí para remontar. Las cuñas de la misma madera empiezan a ser frondosos bosques de enemigos. Jaime Romero siguió la estela de todos aquellos con pasado granadinista que se han medido este curso a su antiguo escudo. Todos han triunfado y aquel extremo veloz pero de musculatura frágil no iba a ser menos. Tampoco Joaquín Caparrós, con su primer triunfo como rojillo. Tras desgastar paquetes de chicles, la gran pompa.
La deriva fue tenebrosa y no parecía invitar a ello un largo periodo del primer tiempo. De lo que dejaron sin castigar las lesiones se sedimentó una formación ajustable al dibujo actual y a la propuesta de consumo de balón a la que se inscribe el equipo cuando puede. Sólo parecía forzado lo de Vezo de lateral diestro. Lo demás, tenía cierta cordura. Los otros tres zagueros titulares, el eje con Samper y la ida y vuelta con Uche. Márquez con la intención de engrasarse, Atzili queriendo ser Carcela de mayor; Ponce por delante y Bueno por atrás, con la libertad que le gusta, con aparente trazo fino pero con una endeblez manifiesta. No se puede arrimar al toro. Está mal.
Al Osasuna le da igual si el rival soba el balón. Es pura cadena industrial. Fricciones recias, bombazos indiscriminados y la confianza de que alguien imagine algo de pronto. Con ello le valió desde el principio para probar a Oier en su debut del curso, al que asustaron con un tiro de falta de Fran Mérida. El meta vasco sólo puso a un compañero en la barrera y supo rectificar hacia su palo. Todavía no sospechaba que por ahí le salpicaría una fuga grave antes del descanso.
El Granada se fue extendiendo poco a poco por el tablero. Apareció su mayoría de escaños en la zona ancha y se lo tomó en serio Gabriel Silva. El brasileño oteó una amplia pradera por la que esprintar. Un buen centro, templado tras un amago, permitió que Ponce cabeceara de lejos, con tiempo de otras soluciones.
Pero la inclinación hacia el lado de Mario apenas merecía confianza, pues ponía el asunto donde le gusta a los alumnos del compulsivo utrerano. De un robo rápido y un golpe de catapulta hacia Sergio León, el delantero cordobés sacó un penalti de una finta a Lombán, que ponía en el paredón a Oier. Para sorpresa de críticos, el guipuzcoano aguantó el pulso y alejó con los pies el chut demasiado centrado. Para descanso de sus detractores, Oier luego incurriría en una pifia grosera que les devolvió argumentos.
Justo después de la pena máxima marrada, de nuevo estuvo a punto de anotar Sergio León, tras un bote que confundió a Lombán y el arquero, que concluyó con un tiro lejano y el roce salvador de Saunier. El francés fue el mejor atrás, el más destacado del encuentro, pero se quebró durante la segunda mitad.
Tras los sustos, hubo un cuarto de hora lustroso. Pases adecuados, de tiralíneas, que pudieron embellecerse en una aproximación con cabeceo de Atzili al larguero y posterior fracaso de Ponce al chutar hacia el cuerpo de Mario, metido en el área pequeña. Lo del argentino parece cosa de brujería ante las mallas.
La rapidez le daba vuelo al Osasuna y en una acometida frenética, Berenguer dispuso de un lanzamiento que abortó Oier. Pero el esférico regresó a su bota, Vezo se quedó absorto y su nueva respuesta contó con las manoplas blandas de Oier, que trató de ocultar que la bola superó la línea disimulando, pero el árbitro estuvo avispado.
Golpe psicológico que mejoró un rato después Jaime Romero. Con el 2-0, se ponía medida a la capacidad de reacción visitante, pero todo se acabó derritiendo. Aunque Ponce y Boga reclamaron sendos penaltis, ninguno pareció de la gravedad como para ser señalado. Quizás sí hubo uno minutos después, en un escaso tiro de falta de Bueno que dio en el codo de alguien de la barrera.
La lesión de Saunier obligó a que Vezo se fuera al centro y que Pereira saliera al lateral. Alcaraz se desesperó en el área técnica y quiso dinamizar la propuesta con sus extremos titulares. Pero ni Boga ni Carcela pasaron de alborotar un poco, nada feroces. El Osasuna se aprestó a sufrir, pero tampoco es que le exigieran sudar sangre. Con un poco de orden y bastante vigor, contuvo cualquier azote granadino.
La impotencia rojiblanco llegó a resultar bochornosa. Con el interés justo en la eliminatoria, el Osasuna maduró, mientras los visitantes exhibían sus miserias. Aquellas que tendrán que remediar, en buena parte, en el mercado de invierno que se abre. La Copa no interesaba, pero se llegó a notar demasiado.

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