De sinergias y escepticismo

Desde que la era John Jiang empezó, hay fundamentos que se escapan y que han disparado los niveles de escepticismo. La inacción en el capítulo de altas por ahora durante este mercado de fichajes eleva el nerviosismo entre los aficionados. Parte del entorno no comprende, y con razón, por qué el mandatario no ha actuado de inmediato a la hora de afrontar algunas contrataciones. Sobre todo, porque cuenta con un ‘truco’ para sortear el limitador control financiero del Granada: el uso del Chongqing Dangdai Lifan como ‘satélite’ desde el cual prestar futbolistas durante unos meses.
Se han deslizado nombres de jugadores importantes que se pretenden adquirir bajo esta fórmula, como Adrián Ramos, pero por ahora nada se ha oficializado. El problema es que el campeonato no espera. Este domingo hay una final ante el Osasuna, pero si se supera, enseguida hay otro compromiso ante un rival no directo por la salvación, pero tampoco en la cumbre, como el Espanyol. Un contrincante con propietario asiático que sí inició una reconversión al llegar para aumentar la viabilidad, con la intención de fichar más y mejor mediante una ampliación de capital. Fórmula postergada en el seno rojiblanco, con la excusa de que usando la sinergia con el equipo ‘hermano’ sí fluiría la potencia inversora de Jiang. De momento, sólo pretensiones, sin hechos firmados.
Todavía no es sencillo abarcar el modelo al que aspira el empresario chino con el Granada, más allá del noble propósito de intenciones planteado, con afán de construir un club sólido a futuro. El anuncio de que Jiang inauguró con los nazaríes una serie de adquisiciones en el plano futbolístico para tejer una red recuerda a ciertos hinchas a lo realizado por Gino Pozzo. Esta fue la fuerza que sacó a la escuadra de la ruina, pero también fue la telaraña que acabó lastrando, opinan algunos. Especialmente, cuando el Granada dejó de ser objeto de mimo del italiano.
Sin embargo, esta es una visión sesgada. En realidad, las sinergias no suponen un contratiempo, siempre que en cada entidad se reinvierta lo necesario. La clave del modelo de Pozzo no estaba en los trasvases del triángulo que completaban el Udinese y el Watford. Su base estaba en el manejo de los derechos de los futbolistas con sus fondos de inversión, gracias a su amplia y consolidada red de rastreo, en el estrato inferior a los clubes grandes. Tras la prohibición de los fondos, sólo válidos en casos previos, Pozzo buscó donde asentarse para potenciar sólo un equipo. Se centró en el que tenía más posibilidades, al militar en el fútbol inglés y sus excepcional tarta televisiva, siguiendo la tradición familiar en su país natal. Vendió el Granada, pidió margen para recomponer su estrategia y ahora ansía su prosperidad.
Jiang acaba de empezar en esto del fútbol pero salvo en el pago de los 37 millones a Pozzo y el anuncio de que sufragará la ampliación de la ciudad deportiva –lo que reconvertirá en acciones–, todavía está por ver que exhiba la solvencia que se le presupone. Queda medio mes para que la ventana se cierre. Seguro que algo llegará. Algunos, pronto. Jiang tendrá que ajustar su huso horario si no quiere que el proyecto sufra un grave contratiempo. No se puede hacer alardes en fiestas sin lo que realmente soluciona el presente.

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