La clausura arranca en el vagón de cola

Crónica del Villarreal 2 – Granada 0.

Arrancó lo que en Argentina sería el torneo de clausura con el Granada estrenando butaca al final del tren, compartiendo espacio con un Osasuna ligeramente por delante porque su defensa ha sido un pelín menos frágil durante la apertura del campeonato. Seis cambios en la alineación, varios estrenos en LaLiga, una nueva exhibición del mosaico de nacionalidades del plantel y un regreso a los tres centrales invitaban a pensar en la catarsis, aunque ni así se esfumaron las distracciones. En dos acciones a balón parado, el Villarreal cortó la revuelta, muy dolorosa la primera de ellas, cuando los rojiblancos estaban todavía de una pieza. El nuevo año chino se festeja como concluyó el anterior. Sin prosperidad. Con el gallo rojo que lo simboliza desentonando.
No fue esta vez un Granada indolente, lánguido, a merced, pero sí debilucho. El sistema con carrileros devolvió mucho del orden perdido, por la aplicación de Foulquier e Isaac Cuenca, quien estuvo en la mayoría de progresiones, rocoso en el duelo con Samu Castillejo. Lucas Alcaraz quiso rescatar un sistema que durante su gobierno siempre le dio empaque en los encuentros a domicilio. Fue así, aunque a los suyos les faltó adoptar más impulso en las acometidas. Los locales, que no sabían lo que era ganar durante este enero, obtuvieron el triunfo con tono académico. El balón se concentró entre Bruno Soriano y Manu Trigueros, que si no hubieran nacido en España habrían llegado al centenar de internacionalidades con cualquier otra selección. Su clarividencia la aprovechan unos compañeros que tratan siempre de desmarcarse. Sobre todo Sansone, el enésimo descubrimiento de la secretaría técnica para el ataque. De sus rupturas saltaban chispas.
El Granada buscó la armonía escogiendo a un grupo ecléctico, con pocos supervivientes, un par de los fichajes y otro dúo de canteranos, venido de África. Por delante de Ingason, Saunier y Gastón, la medular la ocuparon Sergi Samper y Martin Hongla. De todos los productos de la factoría Pozzo, parece que la línea de mediocentros es incesante. Hongla se acuesta como central en el filial, pero maneja criterio como pivote. Tiene desparpajo, algo necesario que ya imprimió Aly Mallé en Cornellá y que continuó ayer, pero todavía está falto del alcance. Los amarillos absorbieron el esférico y causaron que los nazaríes se achicaran poco a poco.
Manu Trigueros fue el primero en comprometer a Ochoa, cuyas paradas siguen evitando mayores debacles. El Granada había reprendido antes con Ponce desde lejos, alojado como titular en la izquierda, tratando de congeniar con Adrián Ramos. El colombiano no se anotó ningún tiro a meta. Tampoco el resto, en un dato deprimente. Pero es innegable que con él se mejoran las secuencias, se desbloquea el riego y puede que si se alista alguno más en la parte creativa, se vea ese futbolista que deslumbró en su momento en Alemania y que mereció militar en una potencia como el Borussia Dortmund.
Sansone se infiltró entre unos zagueros a los que les faltó mucha cintura. Un gol anulado y una incursión ante la que tuvo que interceder Foulquier antes de que fusilara a Ochoa demostraron que la acumulación en la retaguardia no facultaba de más seguridad a los rojiblancos. Aly Mallé empezó a revolotear, con ese cambio de ritmo tan característico. Se frena y acelera en instantes que permiten algún avance. Ponce quiso sumarse al acecho, pero el argentino se precipita en sus carreras y se atolondra con sus controles deficientes. En el otro frente no se anduvieron con bromas. Sansone dispuso de una falta que estrelló en el larguero, Dos Santos amenazó con un chut cruzado y Castillejo quedó anulado en un duelo ante el que Ochoa fue presto a ras de hierba.
Ramos suministró un pase a Samper, que tiró cruzado, dejando algún poso que alejó las penurias reiteradas de las jornadas precedentes. No hubo esta vez fiascos en los primeros quince minutos. Se reservaron para los últimos del primer tiempo. Ingason apareció como funesto protagonista. De inicio, cometiendo una falta a media distancia que permitió que los de Escribá sacaran la pizarra. Después, rompiendo el fuera de juego en la espera, botando el balón a la espalda de la línea, apareciendo Álvaro con una bandeja apetecible para Bruno Soriano, quien se anota su tercer tanto al Granada en un tétrico serial histórico. La pifia secó a los visitantes. Aunque Aly Mallé intentó contragolpear poco después, sería Sansone quien trató de doblegar a Ochoa. El mexicano le soportó el pulso. El 1-0 resultó un consuelo en el descanso, pese a todo.
El mexicano siguió inasequible para mantener en la cordada a su escuadra, atento tras el receso frente a Roberto Soriano. La escasa diferencia animó al Granada, que dio unos pasos al frente y tomó riesgos con el fin de recabar algo mejor. Adrián Ramos asomó con su zancada para provocar algún córner y culminar ciertas situaciones. En su progresión se sustenta la fluidez que pueda llegar en este futuro que se otea tan oscuro todavía.
A la hora de encuentro, asomó Boga por Ponce. Tiene el francés un serio problema de enfoque, incapaz de correr si no es con el balón atado. El individualismo le ha vuelto a poseer. Una cosa es gambetear y otra meter la gamba.
Parece que con el aterrizaje de Ramos y la aparición de Mallé al menos los de rayas horizontales pueden contragolpear mejor que antes. Con ellos y Carcela tal vez pueda verse una versión dinámica. El problema es que cada fecha es una palada de tierra sobre la esperanza.
Castillejo se pronunció desde la derecha y pasó al centro, en una acción comprometida de posible fuera de juego de un compañero, que acabó en córner. Así vino el bote que terminó de fulminar. Un saque de esquina en el que Álvaro acosó a Gastón Silva, con la bola llegando a Sansone. Se la devolvió al central y castigó sin misericordia .
El Granada se expuso a la ventolera colocando dos puntas, al entrar Kravets por Saunier. No parece un mal invento este. De hecho, fue el ucraniano quien pudo anotarse una muesca, en una aproximación que dirigió Boga y que mandó al poste. La cuestión es que para esto se necesita un centro del campo más estable y una defensa que no se caiga a pedazos. Con cuatro en el fondo, el Villarreal se asomó con mayor frecuencia. La aparición de Atzili quedó para la reflexión. Tuvo una falta lateral, sin ángulo, con compañeros al remate. Decidió lanzar sin dirección. Un ejemplo egoísta de un grupo multicultural. El israelí es de lo poco en propiedad, encima.
Esta vez no hubo un ridículo colosal. Tampoco resurrección. En la próxima cita ya estarán todos los que son. Se cierra la ventana y tal vez se atranque la puerta del vagón de cola. O se fuerza o se descarrila.

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