El Granada se levanta al fin del féretro

Crónica del Granada 1 – UD Las Palmas 0.

Le habían encendido las velas. La habitación decorada con coronas de flores y algunos soltando emotivos alegatos sobre la desventuras del finado. Las lágrimas corriendo por mejillas pintadas de rojo y blanco. Y, de repente, el cadáver convulsionó. Se levantó como un conejo, abrió los ojos y dio un salto fuera del féretro, agitando los brazos, como el águila mexicana que guarda sus palos. No estaba muerto el Granada, aunque lo pareciera. Reaccionó al olor del plátano canario, que se arrugó al principio como las papas de aquella tierra. Potasio por vía nasal. Energía para la resurrección. Habrá que ver si es sólo un espasmo o la vuelta con garantía plena. Tres puntos no confirman la hiperactividad del encefalograma, pero sí suponen mucho cuando algunos presagiaban que asistían a un funeral y el inicio precipitado del carnaval en las islas. La fiesta tendrá que esperar aunque bien que lo buscaron, pero tarde, cuando les construyeron una muralla colosal, con un vigilante, Ochoa, siempre de guardia.
A pesar de tener un padre muy de izquierdas, Lucas Alcaraz gasta fama de conservador en el fútbol. Pero en una noche donde muchos críticos esperaban a la autopsia, desveló páginas secretas de su libreta, más extremistas, bastante osadas, con riesgo. Cuando en la previsión se oteó que repetían los tres centrales, seguro que ciertas mentes pensaron en un embudo estrechado por un quinteto, aculados desde los flancos. Pero esta vez los carrileros acamparon en terreno hostil, más cerca de las banderas de Javi Varas, echando el aliento a los laterales. Presión tozuda para colapsar a la UD Las Palmas, que quizás no esperaba semejante azote. Cuando quisieron poner el reloj en hora, ya era tarde.
Sacrificado Sergi Samper, aparecieron Uche y Pereira por el centro echando fuego por la mirada. Se reivindicaron con fiereza ante la colmena contraria. Un enjambre de movimientos hipnóticos, que se enreda a veces cuando deja la calima. Setién prescindió de Roque Mesa y los suyos tardaron en encontrar la brújula, ante el ímpetu local. Foulquier lo corroboró nada más empezar, embistiendo como un rinoceronte a Castellanos. Fue sin querer, parece.
Bien pintado atrás, los nazaríes depositaron su confianza en los colmillos. Aly Mallé sigue extendiendo buenas señales, con ese punto de compromiso que agrada al público, pero se esperaba el viento del sur de Carcela, tras su estancia en Gabón. Al francomarroquí le persigue cierta fama de irregularidad. Está ante su gran ejercicio de implicación. Contrastar lo que costó. Amenazó con ganas, impulsado por un planteamiento dado a la presión y fue quien dispuso del primer tiro a palos. Luego, rasgaría en la fabricación del gol.
Querían los locales arrebatar balones en su terreno a un equipo que lo engatusa, para despegarse como jamaicanos por un césped bastante seco. Aly Mallé dispuso de un gran acercamiento desde la zurda, intercambiado con Carcela. El tanto nació de la ansiedad por encimar la salida amarilla. Carcela conquistó el trofeo, trató de traficar con él y se lo dio a Pereira. Se orientó el esférico con la zurda, no se sabe si por voluntad o no, y este se elevó unos palmos. El chico del Manchester decidió cortar a la británica. Empalmó desde lejos, con comba hacia fuera, proyectándose hacia la escuadra. El público se hartó de aplaudir y se deleitó con la repetición, cortesía de que ahora sí se tolere la repetición de las acciones. El vídeoarbitraje, aún no.
La inercia invitó al Granada a seguir apretando, pero la diana desperezó a la UD Las Palmas, progresando con arrojo en busca de Ochoa, centrales y laterales incluidos. Bigas, desde la retaguardia, corrió para rematar una aproximación y Tana pudo engatillar en una dejada. Movimientos constantes, con pases profundos y precisos, que empezaron a arrinconar a los de rayas horizontales, que contragolpearon algo menos y se fueron amedrentando con varios castigos en faltas.
La retaguardia local estuvo atenta a tirar el fuera de juego en sendos remates enemigos. El equipo pedía el descanso a gritos, aunque se quitó la zarpa de encima en la prolongación del primer acto, más por coraje que juego, conminado a la inspiración de su ataque. Las Palmas estaba al acecho hasta de libre directo. Ochoa tuvo que escupir la apuesta de Jonathan Viera, menos influyente que el curso pasado.
El segundo tiempo prosiguió con un ritmo intenso, con un cerco de Las Palmas y grandes estampidas rojiblancas. Adrián Ramos no encontró la red, pero es indudable su potencial cuando arranca. Puso ser objeto de penalti y también de una falta, cuando se quedaba solo ante Varas, que podía suponer una expulsión para el cuadro canario. Del Cerro Grande no satisfizo a nadie. Criminalizó cada disputa rojiblanca, si bien fue tolerante en las infracciones cometidas por Pereira y Uche, cuando ya caminaban con una amarilla a cuestas.
Por arriba, Aly Mallé seguía castigando a a su par, hasta que se fundió. Alcaraz fue buscando alternativas en las bandas. Primero con Boga por Carcela. El francés se conectó muy tarde, flaco en vigor, aunque luego generara alguna avanzadilla en el tramo final. Debutó Héctor, que se alojó en la izquierda, dejando que Cuenca disfrutara como extremo diestro, como antaño.
Setién recurrió al mercado con Jesé. Mal debut con sus paisanos, pues pifió una oportunidad y luego se topó con el inmenso Ochoa. El último cuarto de hora fue un suplicio, por los mucho que tuvo que achicar la zaga y por las subidas frustradas. La inquietud se apoderó del estadio, pero lo rompió la afición con su ánimo. Un hálito extra para una escuadra que despertó su orgullo. Que rechazó la tumba asignada y que usará los clavos para agarrarse a la lucha. A su eterna lucha.

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