Noche de deleite en Los Cármenes

Crónica del Granada 4 – Betis 1.

John Jiang se encaprichó en China con comprarse un equipo de fútbol en una bonita ciudad española, con un impresionante palacio árabe en lo alto de una loma, pensando en gozar de noches mágicas como la de ayer. La larga pesadilla que le costó 37 millones y le ha sobresaltado tanto le dio una dulce tregua al fin, con él de testigo en el palco. Granada se deleitó con su equipo como hacía meses que no ocurría. No se debatirá del sistema empleado, el mismo que en las dos últimas citas, la buena con Las Palmas y la horrible en Eibar. Se obviará aquello de las once nacionalidades en la alineación, un recurso simbólico, de récord, facilón al que acudir para argumentar la deriva amarga en caso de haberse producido una derrota. Pero el fútbol se ríe de todo. Carece de un dibujo ideal y no es patrimonio de un solo país. En esto se gana con predisposición, una buena idea y la interpretación masiva por parte de un colectivo que se entenderá si congenian sus cualidades individuales, no sólo su idioma. Las demás reflexiones forman parte del folclore que rodea a este juego a veces apasionante, pero no lo terminan de explicar.
Las tres victorias de la temporada se han celebrado en casa. Dos de ellas se festejaron ante equipos sevillanos, dato del poderío en los derbis regionales, pero sin duda esta fue la más espectacular de todas. Con velocidad, mucha raza y, encima, con goles. De distintos autores pero con un patrón. Robo ágil, salida presta, intercambio agudo de pases y definición adecuada. Un estilo que contenta en Los Cármenes, como antaño en Segunda. Del gusto seguramente hasta de Quique Pina, el expresidente que rindió visita, se sentó en la grada y contempló el triunfo holgado ante el Betis. A mediodía se cruzó con Jiang en un conocido restaurante. Se saludaron y se estrecharon la mano. Le pasó la ‘baraka’.
Todas las maniobras le salieron bien a Lucas Alcaraz, tanto en lo táctico como en la elección de futbolistas. Cuando se intuía una posible vuelta a la zaga de cuatro efectivos, él ratificó que la comodidad del conjunto se sustenta en los tres centrales, aunque se sacó de la chistera al canterano Martín Hongla en el hueco vacante permitido por la lesión de Saunier y la sanción de Lombán. Rubén Vezo quedó así descarrilado.
El entrenador desembaló a los fichajes de invierno, que aparecieron sin ninguna tara sobre el verde, tras pasar una ligera instrucción. Wakaso se apoderó del centro del campo, con capacidad de asociación, quite e inyecciones precisas a los espacios. Héctor hizo un surco genuino en la izquierda, pionero al colocar el mejor centro al área de toda la temporada. Ingason continuó atrás, con algunos desajustes, aunque subsanados. Adrián Ramos se quitó la sed de gol con dos dianas, un esfuerzo mayúsculo en la presión y la máxima generosidad en ataque. Hasta Kone pudo debutar y quitarse las postillas de la inactividad. Se las ha llevado de todos los colores, pero habrá que otorgarle algún mérito a quien los trajo. Al director deportivo. A Piru.

Sólo la expulsión de Pereira, en una ligera tángana que Ocón Arráiz juzgó con exageración, puso una nota discordante a la obra. Pero la velada tuvo un poco de suspense al principio. Esa tensión visitante la compuso el de siempre. Rubén Castro pudo adelantar a los verdiblancos tras un despiste de Héctor, que el canario aprovechó para cabalgar y cruzar un tiro. Fueron quince minutos de ligero agobio, con un par de saques de esquina béticos mientras se iban aceitando las piezas.

Hongla abandonó la madriguera en una subida e intentó buscar a Ramos, que le sirvió para tirar flojo de lejos. El gesto de arrojo del joven camerunés saliendo de atrás despertó a sus compañeros. Se activó la dinamo y ya nada fue igual. Uche, Wakaso y Pereira se vigorizaron. Entonces, apareció el prestidigitador.

Dice Mehdi Carcela que cuando abandone el fútbol, quiere retirarse a una casa alejada y montar un zoo, en la que no faltarían ni los monos. El belga-marroquí es un tipo con un humor descacharrante, que tiene un reverso en el pie que se vende en las tiendas de ‘delicatessen’. Alcaraz le preservó de los cepos de Ipurúa y llegó intacto al estadio en el que va camino de erigirse en ídolo. Él empezó a elevarles al nirvana.
Todo vino de un quite de Wakaso, omnipresente. Acompañó la recuperación de un envío al espacio hacia el que corrió Carcela. Aumentó la frecuencia, abordó a Adán y, con sutileza, elevó el esférico armónico sobre el portero.

El tanto descompuso al Betis, que ya no veía venir los golpes. En el siguiente cuarto de hora, todo quedó finiquitado. Héctor pleiteó con Piccini en la izquierda. Se levantó, corrió como un gamo y extrajo una ‘banana’ que Ramos picó a meta. Adán llegó a tocar el esférico, pero no a blocarlo. El frenesí no se detuvo y pese a alguna salida ajena, enseguida llegó el desparrame. Wakaso lanzó largo para Foulquier, permanentemente en campo contrario. Este avanzó y tocó para Carcela, que recortó a su par y disparo con la diestra. Adán escupió el lanzamiento pero Andreas Pereira tenía la mirilla a punto para concluir el asunto besando la red.

El jolgorio se desbordó. La amenaza a la carrera continuaba, con gestos de fantasía de Carcela, cabalgadas nobles de Ramos y el empuje sublime de los tipos de la medular. La segunda parte no trajo mejores pasajes para el Betis, pese a pasar a defensa de cuatro, con Sanabria en punta. El guion no se rompió. Carcela tiró de todo el repertorio de trucos y el exterior de Wakaso corroboró que el ghanés no sólo es físico. Hasta Uche se contagió en una arrancada de mariscal con un centro largo para Pereira. Este dispuso con la cabeza para Ramos, cuyo control orientado se le escapó un poco. Consiguió topar con Adán en su disparo, pero anduvo listo para apuntalar el rechace. Cuatro goles y John Jiang frotándose los ojos.

Un entradón sobre Wakaso provocó la refriega que terminó con un reparto de rojas a Nahuel y Pereira, que se empujaron sin mayor agresividad. Diez contra diez, Alcaraz prefirió proteger a otro amonestado. Wakaso recibió la ovación del público y Sergi Samper tuvo un rato para asomar también por el área del asediado Adán.
El peligro sevillano vino en cada córner. Ni en un encuentro tan apacible dejaron de chirriar los defensas. Un error de marca de Hongla ante Petros permitió al centrocampista el tanto de la honra visitante.

John Jiang dormirá a pierna suelta en el hotel Alhambra Palace, al que se ha mudado en sus visitas por superstición, según desveló. A veces hay que creer en asuntos del azar, aunque son las matemáticas las que acercan al objetivo. A dos puntos de la salvación arranca el Granada este sábado. No está mal para un equipo tan irregular pero que sigue con constantes. Que se pudo deleitar. Que permitió soñar a su gente.

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