Griezmann congela a un Granada peleón que merece más

Crónica del Granada 0 – Atlético 1.

Dos derrotas seguidas inclinadas en minutos casi coincidentes pueden derivar de partidos diametralmente opuestos. Si en Butarque el Granada se descompuso lleno de retales y sin apenas vitaminas por el inflexible calendario, en Los Cármenes ante todo un Atlético de Madrid se aplicó con entusiasmo pero asumió el mismo castigo cruel. Machís voló en Leganés en el 83 para negar un posible punto a los nazaríes y Griezmann introdujo de cabeza el tanto colchonero en el 84, tras una actuación que no figurará en su mejor inventario. Impidió agregar al menos un empate más que horneado, en una jornada muy perjudicial, con dos contrarios de abajo firmando tablas. Tanto el Sporting, por detrás, como el Leganés, por delante, alejando la frontera.
A los de rayas horizontales se les acumulan los accidentes que incitan a la depresión. Tendencias tenebrosas que, para su desgracia, suelen coincidir con los que poco a poco se van despidiendo del campeonato. Mala suerte, sobresaltos y algunas pifias se mezclan en una coctelera de la que sale un brebaje con sabor a cicuta.
Fallar con un rival directo la semana pasada fue como un gancho en la mandíbula, aun con las coartadas del cansancio y las bajas. Que un Atlético maniatado durante grandes tramos, sin peligrosidad hasta bien entrada la segunda parte, se acabara llevando el triunfo de Los Cármenes, es otro episodio doloroso de una trayectoria cada vez más cerca del acantilado. Para colmar de ácido, el impetuoso Wakaso vio la segunda amarilla en la prolongación, segundos antes del final. Adrián Ramos, encima, se marchó lesionado a mitad del acto final, pendiente de diagnóstico. Las esperanzas ofensivas en Gijón pasan por la mejora de su tocado abductor. Cuando se esfumó, todos los visitantes respiraron aliviados. Si llega a tierras asturianas, amortiguaría en parte el agujero en el centro del campo que provoca de por sí la expulsión del ghanés. Deja huérfanos a Uche y compañía. Buscar soluciones en el banquillo provoca temblores.
Con Gastón Silva, Saunier, Uche y Foulquier, la trinchera del Granada recuperó el alambre de espino tras la ruptura en Butarque. Cambios acordes, esperados. Sólo un flanco de artillería permaneció por desvelar durante la semana. Fue Boga quien recogió los bártulos de Carcela al final, suelto desde el rincón de la derecha. El galo fracasó con estrépito. Apenas generó peligro, eclipsado por Andreas Pereira, que hizo el trabajo de tres en vanguardia. Se multiplicó la sensación de acoso sobre Oblak, pero sin que tuvieran que demandar demasiado de sus tentáculos.
El Granada se encomendó a su liturgia habitual como anfitrión. Derroche físico, despliegue por las alas, anticipación de su zaga y la búsqueda insistente de llegadas que toleraran opciones de disparo. El entuerto arrancó con una rareza. Una pérdida de balón de Wakaso, quien estaba todavía inmaculado ante la grada. Liberó a Gaitán para obtener una aproximación y un córner. No fue a más.
Los despistes quedaron poco a poco sepultados y el equipo se agarró al ímpetu de Héctor que, junto con un Andreas Pereira espléndido, profundizó por el sector izquierdo con ansia. Aún tuvo un cabeceo Carrasco, girándose, ante el cual Ochoa todavía no tuvo que exhibir su tacto.
Desde entonces, la potencia nazarí se avivó en los costados y Foulquier comprometió a Filipe Luis. La mejor visión llegó por la otra orilla, con el enésimo centro de comba perfecta por parte de Héctor que Ramos, como en Bilbao, dejó para un compañero. En San Mamés fue Carcela, y marcó, pero esta vez le secundó Boga, que golpeó al aire. El Atlético se enclaustró, superado por el empuje local. Simeone trató de modificar posiciones ofensivas para intentar abrir a la defensa nazarí en sus escapadas, pero todo funcionaba como un reloj en su contrario. Saunier se llevó una amarilla precipitada pero siguió con buen tono después.
Ramos acarició el cabeceo en un centro de Andreas, pero el que supo aturdir a Oblak fue Wakaso con una falta parabólica que el esloveno escupió hacia arriba. El Granada desterró el miedo y galopó hacia la red rival, pero Godín y compañía contuvieron su ánimo. La amenaza visitante siempre fue Griezmann, desde una posición de ‘falso nueve’ a la que le costó amoldarse. Actuó al límite del fuera de juego pero siempre que pudo chutó.
La segunda mitad trajo un Atlético con más determinación. Es en las áreas donde se vislumbra la calidad. Ochoa lo pasó mal y Oblak atendió a alguna travesura inocua. Saúl abrió los sustos con un remate que salvó Ingason, quien luego sería amonestado. Falta a falta, los del Calderón fueron cuestionando la firmeza nazarí.
De nuevo Pereira se encargó de liderar a los suyos, en un avance con muchos trucos que murió en el área. Foulquier aceleró por la diestra, iniciando la mejor oportunidad. Filtró profundo hacia el desmarque sorpresivo de Uche y este se la compuso a Ramos, que quiso darle sutil, como con un taco de billar. Tan flojo que hizo fácil el blocaje de Oblak.
Wakaso se enervó, acaudilló la presión y de sus frecuentes robos germinaron otras opciones, como la que Ramos acabó permitieron a Boga, de nuevo apático en el área. Una combinación posterior entre el francés y Uche corroboró que la munición era de fogueo.
La mecha menguó por la lesión de Ramos. Kravets no aglutina igual. Anda fuera de forma además. El Atlético no se adornó. Ante cualquier vía libre, entró al asalto. El Granada sólo se perfiló con disparos lejanos o altos, mientras que Koke y Carrasco sí metieron en problemas a Ochoa, de grandes respuestas.
Con Cuenca en el campo para devolver fuelle al menos a una banda, apareció el gol que congeló el estadio. Un córner sacado rápido por el Atlético, que Filipe retrasó para Koke. Con su guante de seda, el canterano encontró a Griezmann a la espalda de una defensa que no pudo dejarle en posición ilegal. En francés se elevó como un resorte y su frente ajustició a un Granada guerrillero, pero sin armamento sofisticado. Se entregó a un epílogo confuso, con un córner desesperado y una entrada a destiempo de Wakaso sobre Griezmann, que le baja del siguiente duelo ante el conjunto que tiene justo detrás en la clasificación. El fuerte inexpugnable cayó a la cuarta ocasión. Ante los ‘indios’, de un solo flechazo. Suficiente.

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