Luis Suárez revienta la piñata rojiblanca

La crónica en IDEAL.

El plan A se concretaba en anestesiar al Barça y el B, en sacudir inesperadamente en la segunda parte en caso de tener aliento. Pero a Suárez no hay quien le embarre. Disfruta tanto en las refriegas viriles como con los pasos de danza. El uruguayo lució la porra y reventó la dura piñata de Ochoa antes del descanso. La cicatería rojiblanca se hizo fulgurante después con el revulsivo Boga, pero Alcácer, otro que renace en Los Cármenes, devolvió la ventaja a unos azulgranas que ya sólo aguardaron a que el rival se desangrara.
Uche agravó la hemorragia con el equipo aún de una pieza a poco del final, en el minuto 82, con un ajustado 1-2. Se llevó dos amarillas casi seguidas. Una por protestar y alejar el esférico; y otra por un agarrón eludible. No es la primera vez que el nigeriano comete una torpeza semejante. Ya sucedió ante el Osasuna en enero, ante un rival directo que se fue con un punto. Quizás ayer ni con él se hubiera remontado. Lo que sí se aseguró es que con diez, los nazaríes quedaron abiertos en canal para las travesuras de Neymar y compañía.

Lucas Alcaraz amuralló su alineación con una medular de ébano. Alistó a los atléticos Wakaso, Angban y Uche para sembrar de minas la parte creativa de los visitantes, con una variante extraña. En ausencia de Messi, Luis Enrique se decantó por situar a André Gomes de falso extremo, con Rafinha flotando por la zona ancha. La lesión del brasileño motivó un rearme, con Alcácer en el carril del ‘siete’ y el luso de interior. El Barça mejoró de inmediato.

Kravets portó el ariete y aunque anduvo más espabilado que en otras citas, apenas tuvo un disparo cruzado que se marchó lejos de Ter Stegen, quien no tuvo detenciones hasta después del reposo. La amenaza estuvo ante Ochoa, que se propuso mantenerse rígido ante el acoso de Suárez. Por momentos, se exhibió.
El uruguayo arrancó el recital ofensivo con sutileza, con un golpeo de exterior desde la frontal que despidió el larguero. El rechace lo empalmó Neymar a la red, pero en fuera de juego. Enseguida el mediapunta exigió a Ochoa, pero el mexicano ha vuelto iluminado de la estancia con su selección. Qué sería de este Granada sin su antología de paradas a cuestas.

Suárez le sometió a una tortura y el azteca siguió con estoicismo. Hubo munición a bocajarro, de precisión en el duelo y hasta un milagro en el mano a mano, en una subida en la que Lombán, indultado tras lo de Leganés, pudo hacer penalti al charrúa.
Ahí seguía Ochoa, impertérrito. Hasta a balón parado pasó apuros, en una asignatura pendiente en las marcas por parte de sus compañeros. En el Barça conservaron el tacto cuando el Granada hostigó en una presión desordenada. La ingeniería de Busquets siguió abriendo canales y Angban no era capaz de orientarse sin una misión clara. El invento del ‘trivote’ africano cogía visos de fracaso, todos superpuestos.
Ochoa obstaculizó hasta las acciones invalidadas por fuera de juego, pero las persistencia culé obtuvo recompensa cuando ya iba a sonar la campana. Un envío largo de Alba lo embolsó Suárez, que detectó a Ochoa a media salida. Combó el disparo con elegancia, destruyendo el fortín rojiblanco. El ‘catenaccio’ nazarí quedó retratado.

El entreacto evidenció un marcador más que justo, pero sin una distancia que tolerara el despegue del gigante. Alcaraz retiró grilletes y quiso sumergirse en una contienda más atrevida con el ingreso de Jeremie Boga. Por fin una sustitución hizo de palanca para una metamorfosis. El Granada abandonó esa especie de 5-3-2 del arranque por su habitual 5-4-1, con Pereira alternando el volante y la banda zurda, más Boga en la diestra que habitualmente ocupa el lesionado Carcela.

Aún Ochoa tuvo que salir al paso de un golpeo de Alcácer al reanudarse la cita, pero el despertar local llegó en pocos minutos. Saunier abandonó la cueva con bastante decisión, omitiendo el pase corto para buscar una filtración profunda y que comprometiera. El envío le salió perfecto hacia la carrera de Boga, que corrió con frescura a la espalda de la zaga contraria, encaró a Ter Stegen y ajustó el tiro al poste. Carambola y para dentro.

Por un momento, la grada rememoró las paradas de Karnezis, personificadas en Ochoa, y aquella carrera maestra de Brahimi, que simuló Boga. Aquello fue un 1-0 que se solidificó hasta el triunfo. Esta vez servía para un empate provisional. No tuvo la duración soñada.

Al conservador Alcaraz del primer acto le entró el arrebato ofensivo pronto, al introducir a Ramos en mitad de las tablas, dispuesto a ir a por todo. Pero se dio de bruces con la angustia. Llegó una muesca azulgrana que volvió a decantar la balanza hacia los catalanes.

Suárez porfió con Lombán, al que pudo hacer falta en circulo central con un manotazo, y lanzó un ataque que Alcácer, al galope, concretó a quemarropa. El valenciano ha tenido poco espacio para la alegría desde que viste estos colores. Llegó a un campo donde los tristes ajenos suelen tener una terapia sanadora.

Se tensó el duelo, con alguna falta muy protestada y más manoplas de Ochoa. El segundo de Alcaraz fue expulsado por una queja airada e Iniesta ingresó para buscar la pausa y llevarse una ovación general. Nadie olvida aquella velada en Sudáfrica. Mathieu tonteó con el gol en cada acción a balón parado, sin abrazarlo, mientras que Pereira buscó las cosquillas a Ter Stegen, pero el alemán ya había finiquitado el capítulo de concesiones.
El Granada pasó a la línea de cuatro atrás, con las alas bien abiertas cuando saltó Isaac Cuenca, en la parte zocata, como al debutar precisamente en las filas azulgranas. Pero en la exploración en la parcela enemiga se toparon con un visado penitenciario para Uche. Criticó la señalización de una falta de Foulquier sobre Neymar y alejó un balón, por lo que fue amonestado; y luego cometió una absurdo agarrón a 70 metros de su arco, para dejar a sus compañeros desvalidos en medio de la tromba. La inmadurez afloró.

Apenas un minuto pasó para que marcara Rakitic, con un tiro rebotado que ya hundió a los nazaríes. Cualquier orden se evaporó y quedó un tramo arrítmico, donde pudo marcar cualquiera y se encadenaron varias torpezas. Un caldo de cultivo para la goleada, que amplió Neymar en un servicio de Alcácer. El brasileño quiso atiborrarse en la prolongación y tuvo un lapso hasta para encontrar el poste ante un Granada resignado, que el miércoles en Riazor pujará por una de las pocas papeletas que le quedan para darle emoción a su sino de aquí a la conclusión. Las cuentas del técnico salían con alguna hazaña. Con el Barça no fue. Ni con plan A, ni con el B.

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