Otra pinta pero sin ambición

Crónica del Deportivo 0 – Granada 0.

Sigue el efecto balsámico de Riazor, donde el Granada no pierde desde los 70, pero su angustia apenas mejora con el punto rescatado. Fue un ejercicio sin pifias groseras pero de escasa ambición, no sólo porque hubiera una actitud premeditada a conservar el marcador en el tramo final, sino porque quizás no haya más argumentos ofensivos. Sin los lesionados Adrián Ramos y Carcela, la vanguardia se queda con tirachinas que lanzan gominolas.
En este rosario de lamentos, de fase crepuscular con un probable destino funesto, el único héroe intachable es Guillermo Ochoa, que para glosar sus gestas hasta cotas míticas detuvo un penalti a un cuarto de hora del final. Resulta increíble que el portero más goleado de Primera mantenga la credibilidad pero es que el mexicano es el causante indudable de que los rojiblancos puedan creer vagamente en algo más que en la fatalidad segura.
La escuadra consolidó su primera puerta a cero como forasteros de toda la temporada, pero ese registro ya suena a anécdota. Mucho más terrible es el inquebrantable balance de cero victorias lejos de Los Cármenes, quedándose ya solo en esa suerte tras el triunfo del Málaga en El Molinón. Si alguien miraba al calendario de los de la provincia vecina con la fe de que se desconyuntarían, tras esta victoria han aleteado hacia la orilla de la paz.
Quedaba por comprobar qué consecuencias tendría en la alineación la apelación a la virilidad de Lucas Alcaraz en la rueda de prensa previa al partido. Si reclutó en función de la determinación, lo cierto es que parecía tener ganas de dar un golpe en la mesa, remover varias fichas y disponerlas bajo un orden diferente. El Granada saltó al terreno rescatando la línea de cuatro atrás, descartada en los inicios desde enero. Vezo purgó sus pecados y fue rescatado junto a Saunier, mientras que la izquierda trocó para dar entrada al canterano Estupiñán, que por fin debutó tras varias convocatorias, dejando el extremo para el vivaz Héctor. Andreas Pereira de pivote junto a Wakaso, Cuenca en la derecha y Boga de mediapunta esbozaron un mosaico que recordó más a las citas de Paco Jémez al mando en los comienzos de la campaña, que a las previas con Alcaraz, orillando lo de los tres centrales con carrileros.
Lo cierto es que el Granada buscó el conflicto desde la limpieza en la elaboración, penetrando con pases ante un Deportivo impetuoso pero menos coherente de lo esperado. Çolak apareció poco en el balcón del ataque rival, aunque su bota es una bandeja llena de delicias por pocas que reparta. Los blanquiazules también sufren achaques, pero es un catarro en comparación al fallo multiorgánico de los granadinos.
La alineación nazarí apenas había tenido ensayo, pero se desentumeció pronto, buscando la profundidad por la zurda. Estupiñán reúne unas enormes condiciones a la carrera, pero está falto de tacto y malogró varias aproximaciones. Aun así, suya fue la mejor oportunidad del acto inicial, en la salida de un córner, zafándose de su marca pero rematando flojo de cabeza.
El Deportivo derivó su avance al flanco zurdo también, pero Marlos Moreno derramó muchas progresiones, bien perseguido por Foulquier, que venía de soportar a Neymar, por lo que estaba curtido. El duelo se tensó algo por la tolerancia en los contactos del árbitro Del Cerro Grande. En un trío de emboscadas, varios futbolistas locales se quedaron reclamando faltas en los quites como si estuvieran lesionados, pero el colegiado dejó seguir y el Granada prosiguió como si nada. La medida le dio algo de ritmo al encuentro aunque sin muchos alardes. El sopor abarcó el metraje.
Sin brotar las ocasiones, el rumano Andone intentó olfatear a la espalda de una zaga granadina compacta, poco estridente. Le anularon un disparo por fuera de juego y luego tuvo un cabeceo también en posición irregular, pero no señalada por el juez.
El Granada enhebró con tino pero su vanguardia mantuvo la inocuidad. Kravets tiene percha pero se impone menos de lo que debería y encima fracasó en varias carreras con sus sombras. El Deportivo llegó al entreacto con un remate de Arribas, con la sensación de haberse encontrado un adversario menos depresivo de lo que aguardaban. No hostigaron a Lux pero tampoco Ochoa había exhibido los guantes.
Las restricciones podían cambiar en cuanto se notara la merma de energía. Un contexto al que aguardaba el Deportivo, a pesar de que el primer aviso tras la reanudación lo dio Wakaso en una intentona de falta directa.
Salió Bruno Gama por Carles Gil y a los pocos segundos ya gozó de un disparo flojo. Alcaraz, por su parte, se cansó de un Kravets parsimonioso y fallón, para decantarse por Ponce, más fugaz que concreto. En la falta de relevo para Ramos está una de las grandes taras ofensivas del conjunto.
El Dépor se empezó a animar conforme el Granada veía interrumpidas algunas conexiones en fallos de combinación. Los locales dieron varios pasos adelante, Juanfran y Luisinho pasaron a percutir por los costados, pero cada disparo se alejó de Ochoa.
El colombiano Marlos Moreno quiso agradar a Mel tras darle la titularidad pero estropeó varias secuencias. Es veloz pero impreciso. Vezo y Saunier supieron interceptarle y en la única que se escapó por el fondo, en este caso de Foulquier, su tiro se fue a la grada.
Mel tiró entonces de Ola John en su lugar pero lo que llegó fue el empujón de Estupiñán sobre Andone en el área. Borges plantó el esférico en el punto gordo pero no contaba con el arquero de melena ensortijada, que ya le había ganado con México a la Costa Rica del centrocampista. Escupió el tiro y Saunier barrió para evitar la respuesta del ‘tico’.
Sin tanto pulso en el mediocampo, cada bloque arremetió contra el otro sin encontrar rendijas. La mayoría de situaciones se limitaron al balón parado, sin que Lux u Ochoa se tuvieran que poner a prueba, aunque el peligro les rondara.
El preparador granadino buscó a Atzili después de muchas semanas y con él sobre el césped llegó otro posible penalti en su contra y un contragolpe prometedor, que se escurrió por el sumidero en los pies de Boga. Como le ha ocurrido tantas veces al francés, su mirada al suelo y la obsesión por el regate le llevan a anular oportunidades. En esta ocasión, cerró con un lanzamiento demasiado elevado, con varios compañeros reclamando la asistencia. Pereira también probó suerte pero así podían haber estado días, sin incidencias en la red.
Los últimos minutos depararon una impresión desesperante, pues pareció que el Granada incurría en el conformismo, dejando correr el tiempo. El Dépor siguió a lo suyo, intentándolo sin fruto. Los visitantes sacaron una tajada, como siempre en esta tierra, que no quita el hambre ni mucho menos cura. Un paso más hacia la extremaunción.

 

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