El Celta ‘B’ sí da la patada en el culo

Crónica del Granada 0 – Celta 3.

La historia contempla a este Granada dantesco, que alcanzó un récord de dudoso orgullo. Completó su alineación titular con 11 extranjeros de 11 nacionalidades diferentes. Un presidente chino y un entrenador inglés, que debutó entre calamidades, completan este mosaico babélico, que tuvo en Adams, fiel a su genuino credo, un profeta que leyó mal los posos del té. Vislumbró que él daría una patada en el culo a sus jugadores, pero se equivocó de ejecutor. Fue la versión ‘B’ del Celta. O la ‘C’.
Todo es susceptible de empeorar. Todo, aunque parezca imposible. Si esta temporada se alojará en la pasarela de los horrores, lo de anoche se eleva entre la desfachatez. Fue una lamentable actuación coral, por más que alguno fuera de meritorio a ratos. Les arrastró al final la desidia o el pie redondo que calzan, según el caso.

El caos se abonó desde el planteamiento, sumamente primitivo, hasta el desarrollo, agenciado por unos integrantes que siguen ensuciando sus carreras y, con ello, el prestigio de un escudo con 86 años –da igual cuándo se celebre– que sienten miles de personas. Fieles que en gran medida abandonaron el estadio antes de tiempo, a un cuarto de hora, tras el 0-3, proporcionando una postal desoladora, que evocó el pasado en categorías suburbiales.

Se quedó en un resultado claro, indigno, quizás severo, aunque el balón lo acapararon los gallegos en un rondo eterno. Un rival que no ponía en liza otra cosa que orgullo, entretenido en sus cuitas europeas, con diez suplentes y sólo el portero Sergio como oasis, que tampoco tuvo que exhibir reflejos, sino desternillarse con las pifias para concluir del perdonado Ponce y compañía. El argentino lo intentó con insistencia, pero o tiene gafe o la cadera torcida.

Hay consenso entre los aficionados nazaríes sobre el inminente descenso a Segunda división de la escuadra pero la indignación se eleva al ver precipitarse por el sumidero esta camiseta que tanto sienten, aunque el dueño hegemónico sea otro, en tierras lejanas. Se exigen dimisiones en parte del fondo del campo. Se silba en sintonía. Se increpa y lamenta, pero el panorama sólo puede cambiar si quien gobierna decide ponerse en las manos adecuadas y alcanza un grado de acierto inmenso en el próximo diseño.

Estilo caduco
Tony Adams, el asesor presidencial, el hombre sobre cuyos hombros descansa la próxima planificación tras el fracaso del proyecto que tutorizó Pere Guardiola con su colaborador Javier Torralbo ‘Piru’, demostró que su gusto futbolístico está anclado en una etapa caducada de este deporte. Una pagina amarillenta, ya pasada, que es la que aleja a la mayoría de entrenadores británicos de la primera línea de fuego.
Más que el sistema, el clásico 4-4-2 reconocible para cualquiera, el problema estuvo en abundar con reiteración en las secuencias directas y precipitadas, tratando de generar esa falsa sensación de vértigo en el entorno del área ajena y de lejanía con respecto a la propia. ‘Kick and rush’ lo llaman en el Reino Unido. ‘Patea y corre’ sería una traducción aproximada, que tampoco interpretó bien esta plantilla inane, que yerra en defensa y malogra en ataque. Que carece de fundamentos básicos. Quizás ya sea tarde para cualquier giro táctico. El impulso anímico proporcionó ímpetu en algunas fases, pero sin pausa, esa que sí se reconoce en el Celta hasta con la segunda unidad, no germina el juego. El ‘passing-game’ enterró hace tiempo a la patada a seguir, pero lo antediluviano reapareció con suma virulencia. En esto es importante correr, pelear, la cacareada intensidad. Pero sin conceptos aseados, sin protagonistas razonables, el producto resulta fraudulento al descorcharse.

Con Lucas Alcaraz faltó pasión a domicilio, con imágenes también deplorables ante rivales directos, y se incurrió en la dejadez ante el Valencia en Los Cármenes, lo que defenestró su ciclo. El pretendido revulsivo lo tiene en chino, de momento. Apenas ha tenido un encuentro, pocos días de entrenos y algunas bajas sensibles. Lo que está claro es que la solución no esta sólo en garabatear de otra manera la pizarra, con flema, sino en hacer una limpieza radical en cuanto caiga la persiana del campeonato. No tiene que preocuparse mucho si alista tipos con contrato. Cuantos menos haya con vínculo, más fácil le será reorganizarse. Veremos si con otra visión a su vez, más natural en España. Si ya fuera una propuesta como la del Celta, ejemplo de adelantamiento por la derecha ante el equipo que una vez le fastidió el ascenso, sería ya gratificante.

La extravagancia abonó la formación, no por la dominante presencia foránea, cada vez menos singular en este balompié moderno tan alejado de lo autóctono. Adams indultó a Krhin, lo erigió en capitán y lo primero que hizo fue colocarlo en la banda derecha. Como es lógico, el esloveno se sintió como un elefante en la cacharrería. Con Uche y Wakaso por dentro, más una línea atrás de cuatro centrales repartiendo espacios, la ofensiva se ciñó al bombardeo aéreo, para que recolectaran Ponce y Kravets a arreones.

Adams infravaloró la zaga de tres centrales de Alcaraz. Él puso un cuarteto y patinaron en cadena. Jozabed, que no es un ‘ex’ pero que estuvo cerquísima de fichar en verano, flotó como un cisne tras una presión de Beauvue, que concluyó con una delicada vaselina.

Krhin pasó de inmediato al pivote para articular un 4-1-4-1 más trabajado estos días. El equipo gozó de llegadas aisladas, ante un Celta distendido, que cuando arrebataba la pelota la hacía girar a su antojo. El Granada se fue cargando de amarillas, con desesperación ante el baño, que se extendió al segundo tiempo, ya con Carcela por el lesionado Kravets. A cada metedura de pata ante la red, irrumpió el Celta para asustar. Hubo un lapso en el que sonó el empate, pero lo que brotó fue la renta amplia de la batería auxiliar de Berizzo. Marcelo Díaz, de falta, y Beauvue, en una contra, pusieron la conclusión a un cuarto de hora del 90. Hablar del resto sería recrearse más en el dolor de los seguidores rojiblancos. Ninguno merece esto. Que les pateen así la moral.

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