La larga agonía hacia el sumidero

Crónica del Sevilla 2 – Granada 0.

El Granada hizo el pavo ante el Sevilla de Ganso, que graznó fuerte para dejarles sin una mera pluma. El brasileño atizó con puntualidad suiza. Un tanto sin llegar al minuto cuatro, con los visitantes momentáneamente con diez futbolistas, y otro al poco de la reanudación, tras el descanso. Suficiente ante unos nazaríes que se desperezaron solo en el tramo final, animados por un obrero que partió de suplente pero que contrae méritos para sopesar su renovación. Isaac Cuenca, uno de los que debería de estar en el 40% a los que Adams extiende futuro con esta camiseta.
La mezcla de sensaciones que depara este epílogo genera un enorme desconcierto a la hinchada. Hay un poso de melancolía por aquellas etapas definitivas en las que después de años complicados, el cuchillo aparecía en la boca y se peleaba hasta la extenuación. Está claro que esta carta de despedida llevará más lágrimas que sangre. Todo es fruto de la indignación que genera la dejadez que cunde, como alguno con la mente en otra parte y el entrenador remarcando su provisionalidad, gestionando con un mero afán de establecer ya la pretemporada.
Sin grandes invenciones, el inglés ahondó en la formación que más probó durante semana. Los experimentos llegarían enseguida, forzados por los avatares. El técnico había recuperado presencia ibérica con Lombán y Héctor, reubicando al pucelano como extremo, donde le inició Alcaraz en Riazor. Pero la foto inaugural se alteraría al minuto, cuando Saunier cayó como ametrallado, con una seria lesión muscular. La camilla apareció para retirar al francés de cristal del terreno de juego, con una anatomía frágil para el largo plazo, y el canterano Martin Hongla se puso a calentar de inmediato, para ingresar al auxilio.
Minutos de desconcierto
Entre que se terminó de preparar, ocurrieron cosas. Cosas malas. Iborra avisó en un despiste, en plena recomposición con uno menos de los visitantes, y enseguida llegaría el primer tanto sevillista. Jovetic se adentró por el costado mal protegido por un apático Gastón Silva y el montenegrino encontró solo a Ganso, al que nadie le calzó el grillete. Tanto terapéutico para el brasileño, el primero de su doblete, que ha tenido escaso protagonismo este curso. Le vino de lujo la parsimonia de un primer tiempo vulgar, con el Sevilla regulando esfuerzos y el Granada en barbecho.
La entrada de Hongla atrás fortaleció de nuevo a la zaga, con ese descaro que le hace tomar decisiones audaces y al límite justo entre el fracaso y el éxito, pero continuaron algunas fisuras impropias de la categoría. Sin orden en la presión al contrario, agazapados en su terreno, los nazaríes siguieron sin detectar los desmarques del enemigo, que sin cebarse en exceso fue resaltando la mediocridad ajena. Tan tétrico divisó Adams el panorama que imprimió otra sustitución sin que hubiera heridos de por medio. Gastón Silva, alienado en el lateral, fue penalizado con el reemplazo, con mucho enfado del uruguayo pese al intento de consuelo de Adams cuando alcanzó su rectángulo. Apareció Isaac Cuenca, que entonó el flanco zurdo con decisiones adecuadas para situaciones convencionales. No es poco ante la creciente desidia. Basta con pensar en el colectivo.
Como el lanzador de cuchillos, el Sevilla siguió intimidando a Ochoa pero sin magullarle. Correa, bailando a sus anchas, y Ganso, con intención de empacharse, probaron fortuna sin recolección. En esas se escapó Cuenca en ataque para conectar con Ponce, de donde nació al menos un córner, que luego intentaría empalmar el propio catalán, tras un rechace.
Hongla comenzó a remediar males en la cueva, con un Sevilla que no pisó a fondo el acelerador. Pocos asomaron ante el portero Sergio Rico. Sólo Ponce, estigmatizado ante la finalización, como si el arco se le escondiera al ejecutar. Las carencias en cuanto a puntería se subrayaron en la segunda mitad. Todo un ejercicio de esfuerzo que se derrama en el área, como la propia credibilidad del equipo, escurriéndose hasta el sumidero de la Segunda división, para lo que queda ya muy poco.
Cuenca y Carcela intentaron asaltar el fuerte de Nervión, con propuestas sin pólvora. Así alcanzaron el reposo, en una breve oportunidad de ajustar las teclas. Pero la modorra persistió y el desahucio llegó por la otra ala. Jovetic aguantó el esférico en el área, vio a la centella de Sarabia irrumpir a toda mecha y su pase de espuela permitió que se gestara la acción que remató Ganso, para su regocijo con la parroquia local. Los que tuvieron cola en la cantina para el bocadillo, se lo perdieron.
Sin argumentos ofensivos y un 2-0 en contra, el Granada se dejó ir en un tramo extenso, en el que las manos de Ochoa volvieron a remediar la holgura que aparecía entre líneas. Los desajustes en el repliegue y la anarquía arriba presagiaban una desgracia. En un arranque de coraje, algunos integrantes trataron de modificar el paisaje. Lo forzó sobre todo Cuenca, aunque también Pereira y un poco Carcela, desde el egoísmo latente de ambos.
La retaguardia rojiblanca seguía fulminada sin que el Sevilla se quitara la gomina. A ratos Sarabia, a veces Iborra, con frecuencia Correa, cualquier hispalense dejaba fuego de mortero en el banco peor protegido del mundo, sin socorro de un centro del campo donde Krhin está en ritmo de geriátrico.
Tras una acción bien invalidada a los locales que acabó en la red, parecía inexorable la paliza. Héctor tuvo dos amagos de lesión hasta caer con dolores considerables y Adams tiró de Samper, con una modificación que al menos deparó algo de fibra a la osamenta.
Cuenca se ocupó de todo el carril desde entonces pero generó la ocasión más brillante, en un profundo pase con el exterior que controló Ponce en el área, se giró con clase pero remachó sin ajuste, aumentando su pesadilla ante la portería. En el otro sector era Ochoa quien agitaba extremidades en el asedio.

Vértigo en la postrimería
Cuando parecía que el Sevilla iba a terminar de talar el tronco, apareció el Granada más resultón del encuentro. Carcela se soltó con libertad de movimientos y compuso un tiro que se marchó fuera por pocos palmos. Pereira probó su empeine ante Rico, pero el joven internacional español detuvo el esférico sin más alardes. Ben Yedder contestó presto, mientras el Granada seguía intentando al menos circular con aseo, antes de confirmar una nueva derrota que sigue envenenando su adiós a la categoría.
En este naufragio, muy pocos van a salir indemnes. Cada vez más el discurso se llenará de verano, con sus anuncios esperanzadores, su planificación y la promesa lógica de regreso pronto, mientras muere esta primavera de alergias, asténica y llorosa para la afición.

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