Agur a la Primera

  1. Crónica del Real Sociedad 2 – Granada 0 (descenso matemático a Segunda)

El dolor aprisiona el corazón del granadinismo en una jornada para el luto, tras consumarse su adiós a Primera división. Un agur, en euskera, por ocurrir en tierras vascas, aunque también podría adoptarse el chino, el inglés o cualquiera de las lenguas que se usan en esa miscelánea que es el vestuario de este Granada. Sin duda, este es uno de los problemas de este proyecto cargado de buenas intenciones pero con una bisoñez extraordinaria y unos volantazos absurdos, derrumbando lo que tanto costó conseguirse en menos de un año.
El asesoramiento al propietario, John Jiang, desconocedor de los intríngulis del fútbol, resultó nefasto en verano. La consecuencia, la pérdida de la categoría. Muchos culpables fueron despedidos. También hubo damnificados que no vinieron a cuento. Todos paganos al final. Ha habido finiquitos a mansalva.
Otro responsable relevante se apartó, orillado a su manera, indemne de esta pira. Vive en Inglaterra, cerca de su hermano. A veces un apellido ilustre, Guardiola, no garantiza sapiencia ni buenas elecciones. Le ha pasado a Pere, padrino de esta aventura, presidente de Media Base Sports. Una empresa funciona cuando se aplica el hondo juicio y no el nepotismo descarado. No todos los amigos son válidos, ni era necesario barrer con soberbia todo lo legado, en una entidad que siempre sufrió en la élite, es cierto, cuyo modelo previo de afán recaudatorio era cuestionable y tenía flaquezas, también es verdad, pero que jamás se zambulló en fosas tan nauseabundas.
Cuatro entrenadores en el cargo en total, contando al interino Lluis Planagumá, cada cual con su estilo, para rematar con Adams. Primero inspeccionó, luego se apoderó del despacho, después bajó al banquillo y ahora abona lo que vendrá. Ojalá que mejor por el bien de la entidad.
33 futbolistas, dentro de una retahíla enorme de fichajes, en el periodo estival e invernal, la mayoría sin pisar nunca el campeonato nacional, inexpertos. Alineaciones sin españoles, o una muy llamativa con integrantes de once nacionalidades distintas. El ‘Guinness’ de la marcas deshonrosas o extravagantes, según. La última, desprenderse de la cúspide a falta aún de tres encuentros. Tan responsables son los consejeros, por advertirle fatal al presidente, como el propio dueño, por dejarse orientar así, obnubilado por la brillantina. En su criterio está ahora el principio de la solución.
Equipo ‘ascensor’
Bajar a Segunda genera desánimo en la hinchada, la tristeza de retroceder tras muchos años progresando, paso a paso. Pero al final es una condición de la idiosincrasia del propio club. Alternar en el ascensor, entre la élite y el piso de abajo. No hay más que dar un paseo por los anales para refrescarlo. Este club nunca perteneció a la aristocracia, a pesar de aquella fase en los 70. Lo que sí le alejó de su normalidad histórica fue hundirse tanto tiempo por Segunda B o ya emponzoñar su escudo en Tercera. La situación actual acarrea un duelo lógico, pero requiere de una inmediata reacción porque es un fracaso, no la ruina. Obliga a encauzarse a los que mandan, pero también al entorno, para huir de la depresión. Reconstruir, en base a unas finanzas viables, aunque se regule el presupuesto. Poblar las gradas de entusiasmo. Levantarse. Volver a festejar. Hacerlo pronto. Olvidar tanto. Enjugar las penas con goles, victorias y pasión.
Quiso firmar el Granada su epitafio en un día que no traficó en el bochorno. Volvió a perder, norma a domicilio, pero lo hizo alejado de lo grotesco. De hecho, se mantuvo más minutos en equilibrio que por detrás en el marcador. Su primer tiempo se chafó a segundos del descanso, con una diana de Vela que entró con la guadaña en el área, tras una escapada de Oyarzabal a la espalda de Gastón Silva, ese uruguayo que tolera concesiones prohibidas.

Se manejó pinturero el Granada, maniobrando con una alineación de toque juvenil, a la que le abrían el panorama Pereira y Ramos. El colombiano rompió su sequía tras un buen envío de Foulquier, el mejor en meses, y generó la inquietud en Anoeta de una hipotética remontada. Pero la Real, que en su rodar tiene tendencia a distraerse, se puso a funcionar y en una acción genial de Canales, con un pase combado en la corona del área, rodeado de enemigos, permitió al malagueño Juanmi que fusilara a Ochoa, quien fuera su compañero.
Eran las 14:38 horas de un sábado 29 de abril. Aunque restaron unos minutos, el reloj interno ya se detuvo. Brotaron lágrimas. Se tragó saliva amarga. Pero, de repente, una pequeña idea comenzó a germinar. Un injerto de esperanza. «Volveremos». Eso resuena ya en la mente de la hinchada. Que nada ni nadie les arrebate esa ilusión. Para los que aprendieron viendo a su equipo en los terregales y los que se sumaron después. Todos unidos, necesarios. Y los que gobiernan, aprendiendo.

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