Un funeral de blanco

Crónica del Granada 0 – Real Madrid 4.

Es todo tan estrafalario en este colofón del Granada, que hasta a su funeral en el hogar asistieron muchísimos vistiendo de blanco. El reconocible color del Real Madrid, un contrario ilustre que respetó el negro al menos en su indumentaria en el campo, para ejercer de enterrador del féretro nazarí. El acto se celebró en un ‘pequeño Bernabéu’. Vítores y aplausos al que tienta el campeonato, más que duelo y silencio por el finado, con algunos fieles invocando a la resurrección para dentro de un año. Con más gol que hostilidad, el Madrid quemó otra etapa en su batalla por la Liga sin desprenderse de la gomina. Usando su profundo fondo de armario, con trajes para cada estación. Con sendos dobletes de James y Morata antes del descanso, frente a un Granada harapiento y con el billete expedido hacia Segunda, se pusieron ya a meditar si el Calderón invocará al milagro enemigo.
Si se hubiera cebado, el marcador habría alcanzado cotas de partido de alevines, aunque a nivel táctico los rojiblancos parecieran de esa categoría. Cualquier plan de resistencia quedó aniquilado hace tiempo. Saltan risueños, como Adams, a verlas venir. Por ingenuos, hasta regaron el campo, profundizando en las facilidades a un oponente convertido en sombra para la persecución. Entre los locales, sólo hubo un amonestado, en el epílogo. Hay más tensión en cualquier disputa entre amigotes por unas cervezas, por más que en el tramo final alguno quiso rebelarse ante la meta contraria.

Apenas la intención de Adrián Ramos, fajador del ataque; más el optimismo de Hongla tanto de central como de pivote; y el ímpetu del debutante Entrena levantaron algún aplauso genuino de los que sienten la camiseta de rayas horizontales. Entrena, esa raya en el agua. Un chico de Huétor Tájar compartiendo espacio en un ‘once’ que, de partida, volvió a tener once tipos de once nacionalidades distintas. El sino rimbombante de este proyecto torcido.

Adams va camino de cerrar su efímera etapa de técnico sin ningún éxito y con las manos muy sucias. Su buen talante exaspera hasta al más templado y se convierte en un contrasentido en un ambiente agreste. Las decisiones que toma le colocan en el cinismo. Trata de potenciar a los que tienen contrato desde que desembarcó, orillando la ecuanimidad y la meritocracia. Luego se ve obligado a correcciones que señalan. Ayer lo hizo con uno de esos jóvenes de Pozzo a los que está tentando para su continuidad. Aly Mallé quedó con la cruz puesta a los 17 minutos, cuando el colombiano James ya había enseñado la bota y la testa para marcar. Era más fácil para el inglés cargarse al extremo que al charrúa Gastón Silva, quien ha cogido alegría en ataque pero su textura atrás es propia del bizcocho.

Sin descompresión
El Madrid no quería complicaciones tras el triunfo del Barça pero quizás se sorprendió de las facilidades extremas del adversario, pese a su rictus funesto. Ni la oficialidad de la caída ha descomprimido a este Granada, emprendida la mudanza con partidos en liza. Ya ni se distingue a aquellos que tienen vínculo fijo a partir de junio de los que no. A los tres minutos, los visitantes arrastraron el balón hasta la portería, en un fallo de detección de Aly Mallé en el centro de Morata, con el que James no perdonó.
La dinamo de Zidane siguió rodando hasta triturar a este tierno Granada. Hasta Coentrao pudo presumir de asistencia en el centro que cabeceó James. Adams reaccionó a su falta de plan propio con una improvisación. Sacrificó a Mallé, introdujo a Uche por dentro y envió a Pereira a la izquierda, que defraudó en una oportunidad de oro ante los focos. Hasta él se ha impregnado de esta desidia. Danilo le ganó la espalda en el tercero, en el que Morata sacó el fusil, y no lo guardó para el cuarto, donde cuerpeó hasta asustar a Hongla. Lucas Vázquez pudo cerrar el puño con un chut al larguero, pero entonces el Madrid chapó el polvorín y declaró el armisticio.
Hongla, pese a todo, fue de los pocos con descaro y ganas, al que se le aventura cierto porvenir. Acabó en la medular tras el descanso, ingresando Lombán por un plano Krhin, y amplió opciones. Hubo llegadas e impresiones más amenazantes para Kiko Casilla, que se aburría en su cerco hasta entonces.

Zidane, mientras tanto, gestionó energías para otros lances al quitar a Asensio, Casemiro y Lucas Vázquez, rodando un poco a titulares como Benzema o Isco, más el meritorio Mariano. Adrián Ramos se activó en la última media hora y coqueteó con el gol, aunque el Madrid sí que lo acarició, sin atraparlo. Hongla marró uno a puerta vacía y todo quedó a expensas de que Entrena revitalizara a una grada que, como estaba previsto, se hizo nívea, mientras sus inquilinos habituales esperan volver a ver a colosos así. A ser posible, con mejores y más comprometidos representantes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *