Un hito, un cambio

Publiqué esto en IDEAL el 20 de mayo de 2010

UN HITO, UN CAMBIO

RAFAEL LAMELAS


EL fenomenal hito que puede alcanzar el Granada este domingo estará sucedido por una serie de cambios profundos y traumáticos. Ciertas pautas de vida del club y su entorno se modificarán ante el posible éxito de manera irreversible, siempre que la estructura se consolide en las categorías profesionales del fútbol. Algunas de estas variaciones que acarrea la subida de nivel se han probado ya, casi de imprevisto, sobrepasando las posibilidades reales de la estructura actual de la institución. La polémica de los abonos o las quejas en la dispensación de entradas para Alcorcón anticipan situaciones que hoy son problemas excepcionales y mañana asuntos del día a día, probablemente.
Son la falta de costumbre de los aficionados y la inmadurez deportiva del propio club las que generan ciertos conflictos que se convertirían en anecdóticos o residuales bajo el amparo de un Granada modernizado por el impulso de otro fútbol mejor. Este año, como otros, se han alegado críticas por parte de socios que perderán relevancia en un futuro optimista. La cuestión de los precios es una de ellas, porque el producto se encarecerá hasta barreras que dejarán casi en ridículo el coste del abono de esta fase de ascenso, siempre que el planteamiento rojiblanco sea armar un presupuesto con aspiraciones de Primera división. No hay que descartar que se ofrezcan otras facilidades, como el pago fraccionado o por Internet, pero los precios se dispararán en comparación al colocado durante los años de Segunda B o Tercera. En cualquier caso, hay opciones de que se repitan colas insufribles para un partido importante y tal vez no baste con darse un madrugón para conseguir entradas. Los habrá que acampen días antes en torno a la sede del club. Mejora el espectáculo, se avivan las pasiones. Pero algo se mantendrá. Siempre se burlarán listillos que conocerán las trampas para fintar a las normas.
La regulación horaria se romperá de golpe. El Granada dejará de actuar, por norma, el domingo por la tarde. Habrá partidos también los viernes, sábados y hasta lunes. Jugará por la mañana, en la sobremesa y de noche. Ya no cabrán los lamentos por bodas, bautizos y comuniones. El que trabaje, se lo perderá por desgracia.
Pero lo que fulminaría también años de costumbre será la transformación en Sociedad Anónima, desenlace obligado a no ser que cambie la ley. Aquellas míticas asambleas de socios, ya fueran rutinarias, divertidas o crispadas, darán paso a aburridas reuniones de compromisarios, donde el que ponga la pasta mandará casi sin alegaciones. Un íntimo vínculo con el aficionado se quebrará, mero asistente al espectáculo salvo que se implique en lo económico, y el club entrará en una fase más empresarial que humana. El futuro, dicen, con sus maravillas y sus miserias, aunque quién sabe. Se ve ya muy cerca, pero aún no se palpa. Si les entra un ataque de imprudencia poco sensata y se ven botando en la Fuente de las Batallas, mienten a la bicha y ajústense el pañal. Digan ¡Murcia! Y no falla.

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