El Granada se gana a pulso ser colista

Crónica del Osasuna 2 – Granada 1.

Ni la honra motiva a este Granada ramplón, que ha opositado con esfuerzo hasta descolgarse a la última plaza en Primera. La fosa que merece su espeluznante temporada, que ha terminado de detonar la versión de Tony Adams como entrenador, con unas semanas de gestión circense de la que algunos integrantes han huido despavoridos con suma desvergüenza. Otros se las han chupado con resignación, como Adrián Ramos. Si el presidente John Jiang quiere recuperar el báculo de la ilusión pronto, que se centre, antes incluso que en anunciar al entrenador, en pregonar a los cuatro vientos –y con el necesario testimonio directo del delantero–, que el colombiano será el goleador rojiblanco en la Liga 1|2|3, con aspiraciones claras de ser pichichi y de empezar a devolver algo de gloria a este conjunto hoy cadáver. En medio de unas ruinas en la que no encontraría nada de valor ni el más avezado de los arqueólogos.
Ya no puede ir a peor en la clasificación y ahí yacerá salvo carambola extraña en la última jornada. Todavía le queda a los nazaríes el trago de despedirse de una hinchada de uñas este próximo viernes. Le brindarán el ‘farolillo rojo’ que le regaló el Osasuna, una escuadra austera y sin recursos, que se ha manejado en las cloacas toda la campaña, pero que no ha tenido semejantes achaques en su dignidad como los visitantes. La comunión con la grada al final resultó conmovedora. Es algo que no se repetirá en Los Cármenes porque estos apoltronados son indignos de cualquier clemencia, aunque los haya con comportamientos al menos decentes. Pagarán justos por pecadores también.
Osasuna y Granada le dirán adiós a la élite con puntuaciones similares pero circunstancias divergentes, sin grandes escándalos los navarros, por más que ayer se escenificara una agria discusión en el banquillo entre el delantero Oriol Riera, de suplente, y su entrenador, Petar Vasiljevic. Ese tipo que también comenzó en los despachos, como director deportivo, y que bajó al ruedo tras despachar a dos técnicos. Algo así como lo de Adams, aunque con menos responsabilidad del británico en el desaguisado previo, instaurado por Guardiola y su séquito, pero acelerador en este alargue vomitivo. Seis partidos, seis derrotas.
Hace semanas que las teóricas mejores piezas rojiblancas no se entrelazan, pues entre lesionados –algunos frágiles de más– y proscritos por no continuar, sólo queda el poso justo para armar un equipo competitivo. Como ocurrió en su última salida, en Anoeta, no traficó mal el Granada por algunos periodos del encuentro, con intenciones decorosas con el balón, dominándolo. El problema es que está chato en ataque, pues sólo Ramos despierta el ánimo. Además, el conjunto tiene la somnolencia de la marmota en defensa. Ochoa, que lleva achicando agua como nadie en medio del naufragio, se irá de esta ciudad erigido en el portero más goleado de la historia a este nivel, pese a todos sus esfuerzos. En dos córneres le descerrajaron esta vez. Si todo es improvisado en este conjunto durante el último mes y medio, no iba a haber tampoco una preparación concienzuda de las acciones a balón parado, por más que una le sirviera, en medio del desastre, para empatar el partido al filo del descanso.
El esférico anduvo más rato en las botas de los desplazados, pero el gol lo rondaron los rojillos, si Kenan Kodro hubiera estado más atinado. Se desquitó al final. Aleteó el Osasuna en los primeros compases, chequeando las prestaciones de una retaguardia extraña ante la merma en la selección que tenía Adams. Vezo por la derecha, Foulquier por la izquierda, más Lombán e Ingason por dentro, se sometieron a las diferentes sacudidas, desnudos por el frágil sistema de recuperación, pese a acumular a tres tapones en el centro del campo, con Hongla, Angban y Krhin.
Ramos estuvo a punto de atinar pronto, en un centro con el exterior de Foulquier, que actuó con parche en la zurda. Pero la estrategia devolvió el cetro a los locales. Primero, con una intentona de Roberto Torres, hiperactivo, en un saque de falta esquinado que nadie alejó y que al final escupió Ochoa con la rodilla. Para acreditar la pasividad defensiva, los centrales se quedaron clavados en un balón a su espalda que sí atisbó Kenan. Controló con el pecho pero quiso hundir a Ochoa con vehemencia. Lo que hizo es pronunciar el balón al cielo.
A la fiesta se unió Sergio León y el arquero mexicano apareció de nuevo para enviar la bola a córner. Desde la bandera, llegó el primer rejón, con doble remate rival, libres de marca tanto Kenan, con un intento que rebotó en Lombán, y ya el central Steven Mondragón, sin ningún cerco.
Pudo reprimir esta alegría el Granada si Boga aprovecha un mano a mano con Sirigu, entrando desde la diestra. Su regreso fue la novedad en ataque, pero hace mucho tiempo que confirmó que su fútbol se mueve más en la pirotecnia que en lo verdaderamente explosivo. Tal vez cambie con el paso de los años. Ya no será aquí.
Berenguer abusó en el carril de Vezo, que al menos respondió con centros coherentes al área. Roberto Torres olfateó ante Ochoa, pero lo que estaba por venir fue una igualada. Boga agitó por la esquina diestra y provocó una infracción que sirvió Pereira con temple al corazón del área. Ramos se elevó y peinó a gol, en una suerte que domina.
Intenciones frustradas
La segunda parte intercambió de bandas a Pereira y Ochoa y deparó los mismos derroteros. Mucha posesión del Granada, más peligro del Osasuna, aunque en unos cuantos córneres se pudieron desquitar los de rayas horizontales, tanto Vezo como Lombán. A Kenan le empezó a obsesionar lo de estar a la altura de su progenitor, el mítico Kodro, que militó en la Real y el Barça. Parecía que los contrarios estaban por la labor de facilitárselo. Angban le entregó una opción en un mal pase atrás, que hizo que se midiera con Ingason. Luego le concedieron el enésimo envío desde la banda, pero tenía el pie en modo catapulta.
Saltó Aly Mallé, redimido de aquel cambio tempranero ante el Madrid, aunque el que siguió progresando fue Hongla, esta vez confirmado como pivote, ayudando mucho en las acciones de repliegue y soplando un maravilloso envío hacia Ramos, que con un escorzo casi doblega a Sirigu.
De poder adelantarse, a retornar a la inferioridad en el marcador. Como siempre, por la desatención atrás. Desde el rincón brotó un balón que primero cabeceó Vujadinovic. Ochoa evitó la muesca cayéndose, pero Kenan confió en el posible rechace. Los defensas, no. Todavía quedó tiempo para que Ramos explorara si Sirigu tenía cosquillas. También para que disfrutara Entrena de diez minutos. Siempre animoso, tuvo un par de oportunidades. Es la única llama que crepita. Las demás se apagaron hace tiempo. Algunas velas, ni se encendieron.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *