Esterilidad en el debut en Segunda

La crónica en IDEAL del Granada 0 – Albacete 0

La hinchada llegó a Los Cármenes con la ilusión veraniega intacta y se marchó con un bocado de realidad. La dentellada inaugural que deja esta Segunda división que es larga, tortuosa y a veces frustrante, como anoche durante el asedio final. Una categoría en la que ninguno de los tres clubes que descendieron desde Primera ha debutado con victoria. Tres empates para todos ellos: Osasuna, Sporting y por supuesto Granada, que titubeó en el primer tiempo y se vació después, estéril en el área de un Albacete al que le valió con agazaparse y minimizar los errores. Le faltó cuajó a los nazaríes en el arranque y le sobró ansiedad en un tramo definitivo de insistencia sobre el área de Nadal, pero sin puntería. Joselu se elevó como el paradigma de la abnegación, regando el verde con su sudor en cada minuto, pero tanto derroche de energía le condicionó al entrar a matar, agotado, sin relevo natural, pues Adrián Ramos al final ni entró en la convocatoria, en su particular limbo de huida.

Desembalada esta nueva versión rojiblanca, se abunda ahora en la tarea de asimilación ambiental en un torneo en el que las diferencias presupuestarias, que no son tantas, se acortan ante la tensión con la que se desenvuelve cualquier rival. Hay muchos soldados y pocas ‘vedettes’. Todos respetan el dictado táctico con orden prusiano y se ceden pocos espacios, salvo despistes ocasionales. El Albacete, un recién ascendido con gratos recuerdos en los 90, corroboró que no ha recuperado su presencia en el fútbol profesional para esfumarse con facilidad. Factura un bloque sin alardes en vanguardia de momento, pero que sabe atrincherarse y arañar segundos.

Muy pronto se percibió en la primera parte el sopor de un partido cualquiera en ‘plata’, acusando el mes de agosto, cuando los equipos aún están faltos de ritmo y ajustes, con dudas para tomar riesgos, asustados por si yerran. Todo elevado por un aparente miedo escénico local mientras le agarraron el pulso a la situación. Movimientos apelmazados, pobreza en las combinaciones, mucha interrupción, bastantes choques de piernas y periodos de desconexión de los mejores estrategas sobre el césped sembraron la apatía en el graderío, con algún confuso que aventuraba un paseo óptimo con mar en calma este año. Es una abrupta vereda hostil, donde se fomenta inevitablemente el balón parado, el disparo de lejos, la incursión furtiva, más que una plasmación regular de pases, salvo cuando la superioridad sí se recalca. Hay excepciones al tedio, pero el acto inicial de Los Cármenes huyó de ellos. Nada que ver con el segundo, cuando varió la actitud y alguna pieza.

La puesta de largo de los rojiblancos en competición prácticamente calcó la alineación y el sistema del partido de la presentación del equipo ante el Málaga. Sólo un cambio, el de Espinosa, que aquel día disputó pocos minutos en la segunda parte, al estar recién fichado. El mediapunta cedido por el Levante ocupó el vértice alto de un triángulo versátil, que posó a Baena y Montoro por debajo. El malagueño introdujo una marcha más que sus compañeros, quizás frenético al ver el despliegue tímido del resto. Ocupó funciones en muchos sectores, ante la inconstancia de sus compañeros de tribulaciones. Mientras que Montoro al menos aportaba agudeza en algún balón filtrado, Espinosa se difuminó tanto que se convirtió en carne de sustitución. Ni pujaba en ataque ni insuflaba temple en la elaboración.

Al Albacete le bastó con apelotonar efectivos en el centro del campo, cegar la salida de atrás para que los centrales lanzaran en largo y derivar hacia los costados cualquier avance local, siempre bien segados. Sus movimientos ofensivos desestabilizaron a una zaga rígida, que encontró una fractura en una incursión de Dani Rodríguez aguada por Montoro en última instancia, y sobre todo en un disparo cruzado de Susaeta que no se hizo letal por la felina intervención de Javi Varas.
Carente de velocidad por las alas, con Machís sin encontrar espacios y Pedro inclinándose hacia el centro, el Granada encontró un embudo y renunció a cualquier trazado, precipitándose, tirando cada pelota como el que achica agua.

Sólo a balón parado se alumbró la bombilla hasta el descanso, corroborando que José Luis Oltra garabatea su pizarra con acierto. Hubo un tanto bien anulado por fuera de juego en la salida de un córner, sacado en corto para que Pedro sirviera a Machís en la corona del área. Chutó, hubo un rebote y Germán marcó pero en posición irregular. El Granada pareció inclinarse mucho hacia el venezolano, pero este cuajó un partido nefasto, con una egoísta toma de decisiones en la mayoría de oportunidades, sin encontrar ni el camino hacia la portería ni el atajo de sus compañeros.

Poco pasó más en esa mitad que amuermó al respetable, con una pausa para beber agua que se tomó al estar pactada previamente, pero que no se justificó en vista del esfuerzo baldío generalizado. El Alba se agarró a Susaeta, que además de ser tertuliano de un conocido programa deportivo, cuenta con un guante en su bota. En las faltas laterales y hasta en un córner llevó veneno, pero Varas se sostuvo indemne, con una puerta a cero que no le satisfizo obviamente por el empate.

Joselu siguió con un rosario de desmarques de ruptura y con notables ofrecimientos, pero sin encontrar el tacto en el porche que protegió Nadal, sin grandes estridencias hasta el entreacto. El público, que hasta ese punto había aplaudido cualquier composición de los suyos y sólo pitaba al adversario, empezó a recriminar la obsesión por el envío a nadie. Aquí ya contemplaron otra diferencia con el curso pasado. Lejos del pasotismo, el equipo apretó los dientes, aplicó intensidad creciente y enseñó ya otra disposición en la segunda mitad.

Pedro Sánchez sopló la corneta con disparos y centros al área. No es un dechado de virtudes en el uno contra uno pero sí maneja bien la derecha para buscar las esquinas o las testas de los aliados. Poco a poco se quitaron el corsé y aprovecharon el repliegue del Albacete, que ya apenas visitó a Varas. Los rojiblancos aumentaron el tono con Kunde, que ingresó por el desaparecido Espinosa. El contraste resultó llamativo con rapidez.

El camerunés sí comprometió a los manchegos con sus apariciones fulgurantes. Joselu probó un disparo a la media vuelta y Pedro indagó entre enemigos, para que Kunde sacara también el cañón, mal dirigido por poco. Machís también trató de ametrallar a Nadal, pero cada ocasión desapareció por el fondo. El técnico del Albacete, José Manuel Aira, siguió con su carrusel de sustituciones, pero el bombardeo local persistía. Kunde sacó brillo a los guantes de Nadal y Menosse casi cabecea a gol un saque de esquina seguido.

La escuadra ansiaba un refresco en ataque, que diera tregua o complementara a Joselu, pero el Granada no tenía arietes en el banco, ante la apatía mostrada por un Ramos que no contó en el listado final. Machís siguió torciendo cada avance, con mucho énfasis y poca generosidad. Oltra miró al único elemento dinamizador para la vanguardia que le quedaba en la despensa. Saltó Antonio Puertas y su calidad se atestiguó pronto. Fruto de un par de eslalones suyos se siguieron provocando saques de esquina y nuevos peligros para el meta Nadal. Pero no era el día de los atacantes, mucho menos el de Machís, cegado en otro contragolpe con varios opciones mejores alrededor. Un individualismo que tendrá que erradicar. Males que parecían pasajeros en su ciclo en el filial pero que se adhirieron a su actuación ayer, pese al bagaje recorrido desde entonces.

La prolongación, de cinco minutos, tenía un claro tinte rojiblanco. Joselu provocó una falta a escasos metros de la frontal y la alquimia de Oltra fue detallada por sus hombres. Pareció perfilarse Kunde finalmente para golpear, con Puertas y Pedro alrededor del esférico, pero fue el almeriense quien tocó para el alicantino en corto y este elevó el balón con sutileza sobre la barrera. Joselu salió a la carrera pero el azogue le jugó una mala pasada. No golpeó como debiera, acosado por un rival, al borde del penalti, con el marco rendido ante sus botas. Ahí se marchó la guinda a la acción de laboratorio. Otro servicio lateral, con el tiempo cumplido, pudo cabecearlo Menosse a la red, bravo atrás aunque algo trompicado con la pelota. Un poco como esta Segunda división traicionera, que no perdona la timidez ni el relajo.

El Granada sigue con su tradición de no ganar en la jornada uno, de angustiar algo a su gente en el estadio propio. Hay nuevos aires, un grupo compacto y luchador, promesas, pero faltan detalles para que la aspiración sea clara. En todos los aspectos. También en los fichajes.

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