Inquietante costumbre a firmar tablas

Crónica en IDEAL del Granada 2 – Barcelona B 2

El viaje iniciático por la Segunda división se ha servido con tres empates consecutivos por parte del Granada, que no sucumbe pero sigue a años luz de manejar un fútbol vigoroso y convincente. Firmó tablas con el Barça B, en un pacto equilibrado que empieza a hacerse un inquietante hábito. Le falta chispa y acoplamiento a los nazaríes, sin peso con el balón en el centro del campo, atropellados en las acometidas. Ya está Ramos al frente, aún sin el mejor tono en las piernas, pero ni con él llegó la ansiada primera victoria.

Para relativizar la influencia de la pretemporada en el sino táctico, el Granada empleó ayer un sistema con dos puntas que tan solo formuló un rato en aquel incómodo amistoso de Inglaterra. Aquel día la comparsa de Joselu fue David Grande, meritorio del filial que acudió a la gira internacional de improviso por las lesiones del joven Rubén Sánchez y sobre todo de Adrián Ramos. Seguramente esto último impidió que Oltra ensayara con lo que tenía pinta de ser una vanguardia seductora. La recuperación plena del colombiano en lo físico y psicológico, tras su amago de huida a mitad de agosto, colocó por fin al cafetero entre los titulares. En cuatro gestos y un par de arrancadas, desempolvó la memoria de algunos de los momentos vibrantes que proporcionó en Primera, cuando anduvo sano y el equipo todavía tenía vida.

La convocatoria de Machís con Venezuela también permitió encajar entre los elegidos al que fuera su compañero en su día en el Granada B, el almeriense Antonio Puertas, aunque incrustado en la derecha, enviando al costado zurdo a Pedro. Futbolista ciclotímico, Puertas depende mucho del tacto sobre los acontecimientos. Le costó adaptarse a la sincronía. La lesión de Germán Sánchez abrió la puerta a Charlie Dean. Jugador muy querido en el vestuario, el inglés malagueño no cometió errores graves, aunque la sombra del gaditano es alargada y lo acusó Menosse sobre todo, mejor compañero que mandamás.

Por más que se aventuren otros caminos cuando habla Oltra, de momento el Granada es una escuadra con plástico alrededor, que deriva hacia una versión más fiera que estética. El acto inicial confrontó dos estilos. La posesión de los visitantes, aunque sin colmillo, frente al orden, la captura del esférico y la salida en estampida rojiblanca, no siempre bien encarrilada.

En Barça B aterrizó con su enseña en la circulación de la pelota y un ramillete de tiros lejanos, que no forzaron a Varas en demasía. Los nazaríes seguían en su atalaya, soltando ráfagas de saetas de vez en cuando. Lo intentó Joselu, en un pase diagonal de Montoro.

Las bandas las ocuparon Pedro y Puertas, ambos a pie cambiado. Esta vez sí mejoraron su aportación ofensiva tanto Víctor Díaz como Álex Martínez, pero el fútbol seguía sin brotar. Tan nervioso se puso Oltra que mandó a calentar a Kunde, Espinosa y Manaj. No pareció protocolario.

Pedro acompañó varios ataques de resultado vago. Un centro de zurda muy flojo, a las manos de Varo, y un envío al remate que se desvió hacia los palos, pero que pasó por encima. En ese escenario indigesto y sin precisión, apareció un diamante en mitad de la mina. Montoro elevó un balón hacia el área tras un rechace, que adquirió altura, y el lateral azulgrana Morer no percibió que merodeaba Pedro por la zona cuando fue a despejar. Penalti infantil que puso ante los focos a Joselu. Al onubense no le tembló el pulso y disparó con rudeza hacia el arco.

Era la segunda vez en el curso que el Granada se adelantaba. En Zaragoza dio un aparente paso atrás que dio alegría a los locales, cuya insistencia se saldó con el empate. Ayer pasó algo parecido, pues el Barça B siguió tocando el acordeón y los rojiblancos desafinaron ante cualquier aparición en la parcela contraria.
Para colmo, Montoro se lesionó. Si hay habido un debate en este cierre de mercado, precisamente ha girado en torno a la idoneidad de tener un recambio natural para él. Si este Granada es aún de luces cortas, sin Montoro se le fundió un faro. Alberto Martín está lejos de ofrecer tal clarividencia.

Se constató que Víctor Díaz y Álex Martínez querían arañar por fuera lo que tanto se enredó por dentro. Ramos, a medio gas todavía, galopó unos minutos antes tras una recuperación pero no encontró el camino hacia Joselu. El Granada no seducía, le duraba poco el balón pero parecía práctico. En la temida prolongación, se agitaron los fantasmas del estadio. Ruiz de Galarreta, joven aunque con experiencia en la categoría, eludió a Alberto Martín y empleó el cañón para encajonar a Varas con un golazo, ante el que pudo hacer más.

Ni en el armario ni en los retoques pareció encontrar Oltra la solución. De hecho, el Barça salió con más brío, incordiando Vitinho a Menosse. El uruguayo, sobreexpuesto en el encuentro, no acabó expulsado de puro milagro. Aunque es hábil para ocultar su agresividad, le retrataron en varias acciones.

En medio del aturdimiento, una vez más fue Pedro quien encendió una vela. Botó un córner perfecto para la chistera de Ramos, que este peinó fuera por poco. Después llegaría un tanto de bandera del extremo, desarmando rivales en un eslalon que cerró con un tiro seco.

Dio la impresión de que el 2-1 animó a los nazaríes, con algo más de soltura en los ataques. Fue entonces cuando el Barcelona comenzó a contragolpear, a los pies de Vitinho o Arnáiz. El reciente fichaje llegado del Valladolid fue cazado por Menosse en los límites del rectángulo de Varas. De hecho, cayó dentro, pero la falta se inició fuera y eso cobró el árbitro al final.

Con la inquietud presente, una pifia en la salida azulgrana pudo ser capital. Puertas pescó el esférico, se lo concedió a Pedro pero este precipitó el chut. No cabe duda de que hay solidaridad en el grupo. Lo demostró hasta Adrián Ramos, en un retroceso a toda mecha, muy aplaudido por el público. Pero falta muchísima imaginación y temple, con una incapacidad manifiesta para desplegarse.

La zaga había sobrevivido con algún sobresalto pero sin grandes lamentaciones, hasta un intento de tirar el fuera de juego en el que no deshabilitaron a Abel. Este corrió como alma que lleva el diablo hasta hacer claudicar a Varas. El Granada probó su propia medicina de un mero envío prolongado desde atrás del adversario.
Oltra improvisó. Tenía un cambio preparado, el de Kunde, pero lo paró para meter al recién llegado Rey Manaj, sin apenas entrenos con el grupo. Sustitución algo desconcertante, porque el albanés parecía fuera del ritmo competitivo.

El gol estuvo cerca de botas inesperadas, como la de Víctor Díaz. También Pedro anduvo ahí, componiendo o protagonizando. Joselu tampoco finalizó con garbo. Espinosa no fue el talismán ansiado. Los cinco minutos de alargue se anestesiaron en pérdidas de tiempo. Los niños aprenden pronto de qué va esta categoría perra. El Granada está en ello, muy lejos de cualquier esplendor.

1 Comentario

  1. Más de lo mismo, estés es una institución deprimida, por cientos de acontecimientos fatales, hasta que no supere a los rivales de manera contundente, crrovque la afición no se va a contentar. Son muchos los ridiculos sufridos. Lo de ahora me parece que es otro quiero y no puedo, con un entrenador que lleva mucho tiempo fracasando. No entiendo cómo se fichan delanteros y canta. La necesidad de un centrocampista que retenga el balón unos minutos. Menose es un peligro

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