La segunda unidad descubre la derrota

Crónica en IDEAL del Zaragoza 3 – Granada 0, de Copa del Rey (eliminación)

La primera unidad se ha enrocado, de momento, en el empate en Liga; el segundo destacamento ha caído súbitamente en la trampa de la derrota nada más salir a campo abierto, signo funesto cuando la Copa del Rey es a partido único. Se llevó el pase el Zaragoza, que actuó con mayor número de titulares, obviando la excusa del cansancio, con dos días menos de recuperación que los rojiblancos. Es un conjunto sumido en un creciente optimismo. Tuvo determinación como club ante la eliminatoria, ante un rival, el nazarí, que dedicó la competición para el ensayo y error. Sobre todo a esto último, sin apenas entendimiento, zozobroso en su retaguardia, pese a que en el muro de lamentaciones también se pueda soltar alguna imprecación al árbitro, cuya actuación sibilina en dos de los goles, en primero y el último, fruto de penaltis discutibles, terminó de clavar las tapas en el ataúd paras los meritorios del entrenador granadinista, que tiene motivos de preocupación en caso de accidentes masivos. Apenas Kunde y a ratos Espinosa le opositaron para trasladarse a sus planes maestros. La nebulosa se extiende al banquillo.

Un ‘abstemio’ Oltra debió de pensar que la Copa coloca, despista y engendra consecuencias fatales allá donde se dirime su misión primordial, la Liga, donde ha avanzado trastabillado desde los tacos de salida y le conviene enderezarse pronto, con la máxima frescura y el mayor número de sus preferidos. Sólo dos repitieron del conjunto del viernes ante el Barça B: Charlie Dean, que alcanzó la titularidad ese día tras la lesión de Germán Sánchez; y Antonio Puertas, que aprovecha la estancia con Venezuela de Darwin Machís. Por tanto, reemplazos previos del propio equipo que armó el entrenador en la reciente visita a La Romareda en el campeonato regular.
La alineación era un repaso en toda regla al fondo de armario, hasta las últimas perchas, con atuendos que se daban por descatalogados, como el chaval Martin Hongla, orillado hacia el filial, siempre al filo de la navaja, deambulando entre lo aseado y lo muy temerario con el balón. Abundaron los estrenos en la cartelera: el debut bajo palos de Rui Silva, que ha tenido que esperar lo que dura un parto para ello y que hizo algo de tope cuando a la defensa le afloraron los recalos; o la puesta de largo también de Quini, Iriondo y del último fichaje, Licá, sin forma. Del penúltimo en llegar, Manaj, lo único que se sabe es que en su documentación pone Rei en lugar de Rey. Él insiste en el toque monárquico en su camiseta.

Lo de las forzosas ‘rotaciones’ lo dejó el Zaragoza para los planetas. Apenas existió el transformismo para los maños, quizás exigidos por su condición de local y, sobre todo, por el peso de su historia, todo un seis veces ganador del título. Si en el Granada sólo coincidían dos, en los aragoneses únicamente se ausentaron dos de los que saltaron de inicio en su triunfo en Córdoba: el portero Ratón y Javi Ros. Les sustituyeron Cristian Álvarez y Eguaras. Una victoria celebrada el domingo, con dos días menos de recuperación, que no fueron eximente para el ‘once’ propuesto por González. Ahí estaba la mayoría, incluido ese joven delantero que está alzando la voz en la categoría, Borja Iglesias.

No sólo variaron las caras en el Granada. También el sistema (un 4-1-4-1) y la vocación, pues la escuadra intentó reivindicarse con una salida algo más rasa, con más pases cortos que envíos largos. La fórmula arriesgada encontró rápido la contrapartida de un Zaragoza vigoroso, que se agarró mucho al ímpetu de Toquero. No le falta arrojo a Kunde, suelto en la mediapunta, que sabe que tiene un cañón en la bota y lo emplea hasta el abuso. A su lado, Espinosa introdujo la vertiente más arquitectónica, en un papel que le pide y que el conjunto, en adelante, necesitará, si se enchufa bien.

Los problemas brotaron atrás, en una zaga desconocida y apurada. Buff probó fortuna y Toquero no anotó porque Hongla se lanzó por la hierba. Febas palpó las manos de Rui Silva. El luso iba creciendo ante la adversidad y de nuevo respondió fenomenal ante Iglesias, cuando parecía que ya le iba a masacrar.

La presencia en el sector contrario de los nazaríes era mínima. Kunde se convirtió en el único que parecía tener la portería entre cejas. Tras varias intentonas baldías, incluida una falta que topó por dos veces en la barrera, a punto estuvo de aprovechar una dejada en la corona de Puertas, pero el camerunés reventó el esférico en lugar de ajustarlo. Charlie Dean, cabeceando una falta lateral, y Manaj, con un latigazo desviado, mejoraron un ápice la cara de los ayer de negro, que llegaron al reposo con algún tembleque pero sin magulladuras.

González añadió oxígeno al centro del campo con Pombo, pero al que no le hace falta ni un lapso de recuperación es a Borja Iglesias. La dirección deportiva local acertó atrayendo a este canterano del Celta al que se le caen los goles del bolsillo. A Hongla le dejará insomne tras su recital, como la que hizo a los 50 minutos, cerrada con un chut que cogió efecto hacia fuera. Todo vino de la bisoñez de Iriondo, que intentó un caño, discontinuo en la izquierda. Tan pronto se hizo fuerte ante Toquero como dimitió sin remedio.

En ataque no anduvo mal en algún envío pero estuvo plano el Granada en capacidad de remate. Tuvo que contar con colaboración ajena para acercarse a Cristian Álvarez. Kunde malogró un tiro en un contragolpe y Grippo casi le da el día al arquero del Zaragoza desviándolo.

Iglesias seguía zafándose de Hongla e iniciando movimientos tectónicos. En una apertura al costado, Toquero salió como una exhalación. Enredó en el área ante Quini y cayó como fulminado al sentir un leve toque del lateral en su pierna de apoyo. Como pasó en Liga, el muro nazarí cedió con una pena máxima con el mismo ejecutor, Borja Iglesias.

A Oltra, desquiciado en su sector ante la falta de pulso de los suyos, mutó todo colando a Joselu y Ramos en ataque, en detrimento de los apagados Licá y Manaj, empleando un frontal 4-4-2 que lejos de propiciar oportunidades, separó de la brújula a los visitantes. El Zaragoza olió la sangre y disfrutó del festín. Un golazo de su lateral Benito, que recibió en soledad en el área de Rui Silva tras una oda colectiva, define el estado de euforia en el que vuelan los de La Romareda.

Espinosa intentó revolverse pero el Granada estaba en la lona. Iglesias le forzó por fin la amarilla a Hongla y todo quedó pendiente en comprobar cuánto aguantaría Rui Silva sin volver a sacar una pelota de su red. Llegó con otra infracción en el área. Otra levedad, esta vez de Iriondo a Papu, que el árbitro adjudicó y que esta vez materializó Pombo.

Lo único bueno es que gran parte de la munición fetén quedó preservada. Lo malo es que se visita al Tenerife, que perdió el pasado fin de semana pero sí tiene ya la velocidad del crucero. El Granada, aún no. Ni con unos, ni con otros.

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