Una ‘vendetta’ vallisoletana que noquea

  • Crónica del Valladolid 2 – Granada 1

Al Granada le organizaron un banquete a la espalda de su defensa y el único que se dio por enterado de la fiesta fue Javi Varas, quien evitó que la celebración pucelana acabara en bacanal. El Valladolid cobró su ‘vendetta’, pues fueron los rojiblancos quienes les enfilaron hacia la Segunda. Una división que sus rectores empiezan a pensar que pueden abandonar este curso, pues llevan una marcha más que el resto. No masacró a aquel impulsor de su debacle por la visión certera del que fuera su portero hace tiempo. El sevillano hizo lo que pudo con brazos y piernas mientras los demás salían de la siesta, modorra imperdonable a estos niveles. La derrota quedó sellada pese a sus milagros, la primera de la temporada en Liga. La que confirma ciertas señales preocupantes a las que nadie pone remedio. Cinco jornadas sin ganar, unidas al varapalo en la Copa del Rey. Al borde de la veintena de citas con signo negativo en el acumulado de la era china, que está pulverizando balances históricos.

En la garita de Menosse y Charlie Dean no se pide la documentación y los rivales pasan a sus anchas, sin cachear. El uruguayo tiene pinta feroz pero como le cojan lejos de la madriguera y con espacio, implora ortopedia. Charlie Dean anda igual de quejumbroso, gritando socorro a unos compañeros espectrales, que influyen dejándoles totalmente vendidos.

Delante tampoco encuentran la aduana porque las distancias entre líneas se acrecienta, la combinación de pases falla y el engrudo se intensifica. Se ha enrocado la escuadra en el 4-4-2 por la necesidad imperiosa de hacer cómplices a Joselu y Adrián Ramos que detrás ha quedado un solar que profanan la mayoría de contrarios. Si encima es un cuadro con buena dentadura como el Valladolid, el destrozo puede ser terrible. Todo se fía a una carrera alocada de Machís, que se salió de calle en demasía, y a la mira telescópica de Pedro, que barnizó el desastre en el tramo final. Así no alcanza y pone en cuestión la candidatura al ascenso.

Con Germán Sánchez en barbecho por lesión y Saunier en una situación confusa, aparentemente integrado en la dinámica pero sin demasiada atención de Oltra por ahora, los zagueros tuvieron la habilidad de clonar sus desajustes en ambos tantos. La cartera les asoma mucho del bolsillo y se la birlan en medio de un despiste. Enhebra el contrario en su propio morro y cuela un balón profundo para el atacante, que se encuentra entusiasmado, en duelo desigual con el arquero, como si fuera un paredón. Demasiado que a Varas sólo le acertaron en un par de ocasiones. Pudieron ser más y todas parecidas.

No pasó nada que no ocurriera también en Tenerife, en aquel cuestionable gol de Malbasic que pilló a la zaga en ropa interior y que al final se compensó con el tiro en el pie de Sáenz. Lejos de poner el parche tras aquellas tablas que debieron generar inquietud, el agujero se deshilacha aun más. Oltra salió demasiado contento de un encuentro en el que asomaron ya lagunas que se hicieron océanos en el José Zorrilla.

Se puede abrir el armario de las excusas pero hay aspectos que cantan. El Granada tiene una falla tectónica en su área con los zagueros de reparto y se encuentra un agujero negro en la otra, que engulle el prestigio de su vanguardia. En los partidos de los nazaríes, como diría un pragmático, ocurren demasiadas incidencias para ser una cita de la habitualmente soporífera ‘división de plata’. Le crean demasiado y lo que genera, se derrama.

El Valladolid este año tiene quien le marque, Mata, y un aparato detrás que le respalda. Así lo armó Luis César Sampedro con Joselu en el Lugo. A Oltra se le ha puesto el listón alto ante aquel majestuoso rendimiento del ariete onubense y le busca su sitio. Le presiona encima la necesidad del cóctel con Adrián Ramos. De momento, ninguno se siente a gusto, pasado de vueltas Joselu, lánguido el colombiano, aunque es capaz de servir siempre un par de dejadas por partido de máximo valor, que malogran otros.

Se asomó Óscar Plano sin cumplir el minuto para advertir de qué iría el asunto. Corría la electricidad por los blanquivioletas y en los nazaríes sólo Pedro pareció bajo tensión en un tiro desde la frontal, tras pase de Machís, que aceleró hasta el poste. La adrenalina se activó en el Valladolid, encontrando una campa entre Baena y Montoro –que volvía y casi ni se notó–, y Menosse y Dean. Ibán Salvador y Hervías se movían con presteza apurando zonas mal protegidas.

La pachorra se aposentó a los diez minutos. En una pérdida que dinamizaron los locales, hasta que Luismi encontró a Mata. Le entró apetito al ariete, que al poco de sacar ya se estaba plantando de nuevo ante Varas, esta vez con menos fortuna. Tuvo un tercer encuentro que destartaló el sevillano antes del reposo. Parece que bajo palos tampoco se ha equivocado el Granada esta campaña, como pasó con Ochoa.

De Montoro no hubo más noticias que un pase cruzado que compuso Ramos con su esternón hacia Machís y que este reventó en una situación que demandaba sutileza. Se notó un ligero paso atrás local, que casi fue castigado por el propio Ramos. Remate en plancha que alejó Masip. Algún córner suelto dejó la primera parte. La estrategia no surtió efecto esta vez.

Quien esperaba un Granada envalentonado tras el descanso en pos del empate, se equivocó. Todo se espesó, se sacaron demasiadas amarillas y Mata siguió trajinando en el rodal de Varas, sin más algarabía. Oltra, hastiado, finiquitó a Machís y Montoro para puentear con Espinosa y Peña, que tampoco fueron capaces de abrir rutas de escape.

Revulsivos exprés sí fueron Michel, en la asistencia, y Gianniotas, para finalizar. El griego, un minuto después de entrar, hizo gol y abocó a la osadía táctica nazarí, con tres atrás, Baena de ancla, tres mediapuntas y tres ‘nueves’ –con Manaj–.

En la desesperada, marcó un tanto postrero, con algo de tiempo aún. Golazo de Pedro. Un láser a la escuadra. Sin embargo, estuvo más cerca el tercero que la equis en la quiniela. El Granada ya no ‘empatiza’ con la Segunda, que al menos suponía sumar. Ahora sucumbe y cotiza a la baja. Jolgorio ajeno en un funeral.

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