19 días y 207 noches después

Crónica del Granada 3 – Córdoba 1 en IDEAL. 

Tuvieron que pasar 19 días –partidos oficiales– y más de 200 noches, aun sin exagerar hasta la canción de Sabina, para que el Granada ganara al fin: 207 desde aquella ante el Alavés. Por si faltaban testigos, hasta se encontraba John Jiang en el palco. No se sabe si la presencia del presidente chino intimidó pero sí se puede verificar que disfrutó con el primer triunfo de la temporada. Aquel que tiene que hacer que las cosas se vean de otra manera a todos. Incluido a Oltra, que cedió también. Alteró la dupla de ataque, apostó por Peña en el enganche y exoneró a Saunier en defensa, cuya estancia en la grada encontrándose hábil fue una extravagancia del técnico desde la lesión de Germán. Sin competir en meses, aparece como indiscutible. Si se quedó, era con todas las consecuencias.

Jiang pudo celebrar algo gracias al último ‘regalo’ que le ha dejado Gino Pozzo. La cesión de Darwin Machís, propiedad del fondo del italiano, tendrá que darla por besada. Desencadenó la victoria sin discusión. La potencia del venezolano le hace columpiarse entre la operación frustrada –si yerra un control en carrera– y la ejecución maravillosa, que acaba sentenciando como quiebre una cintura o apure el ‘sprint’.

Tuvo protagonismo en los tres goles. El primero, al empujarlo sin más. El segundo, al trabajarlo y finiquitarlo en persona, con un culebreo marca de la casa. El tercero, de similar factura, lo remachó Joselu, suplente ayer ante un Adrián Ramos que provocó un penalti que él mismo malogró, pero que no acaba de contentar a aquellos que aguardan a un punta que se faje y dispute todo. Al colombiano le gusta barnizar las acciones, pero tampoco anduvo alumbrado, algo disperso. Encima se lesionó, con lo que se puede aparcar el debate del ariete.

Roto el frontal 4-4-2, el Granada fue por fases un equipo más consistente, aunque le quede bastante para adquirir el poso que evite alegrías al adversario, como las que se sucedieron en las postrimerías, tras el 3-0 luego maquillado.

La aparición de Sergio Peña es una gran noticia. Rompió su timidez poco a poco, con decisiones inteligentes y hechuras de arquitecto. Quizás los compañeros no le buscan tanto como deben de momento pero es sencillo percatarse que el futuro de la escuadra pasa por catapultar a este peruano hasta el estrellato. Con Peña en la mediapunta, mantenidos Baena para cada trifulca y Montoro en la dirección no siempre regular, la escuadra se desplegó algo mejor, insistiendo por fuera, con cierta continuidad. Se aseó todo con Saunier atrás, que para quien dudara de su fiereza, su primer lance del encuentro fue un forcejeo con Sergi Guardiola, al que anuló hasta el tramo final, en el que el ‘ex’ cobró su venganza a medias.

Tras los primeros intercambios, amenazó Menosse a la salida de una falta lateral que botó, quién si no, Pedro Sánchez. La siguiente aparición nazarí en el área de Kieszek llevó el marchamo del éxito. Víctor Díaz, que cuajó una actuación completísima, lanzó un centro a media altura que no pescó Ramos pero sí Machís. Necesitaba estrenarse, encima ante su afición. No imaginaba que sería una tarde en la que le saldría prácticamente todo.

No aumentó la determinación el Granada como debiera. Alfaro le dejó un sello a Montoro en el brazo en un cruce entre ambos. El Córdoba trató de componer con decoro pero le faltó soltura y la eficacia nazarí. Se fueron aproximando a Varas pero sin apenas alardes.

Machís tenía la bota caliente y trató de empalmar un saque de córner de Pedro. Tras una acción bien anulada a Galán por fuera de juego, llegó la primera lanzada del ‘vinotinto’. Josema le tuvo que cazar en el entorno de la frontal y se perfilaron tanto Pedro como Álex Martínez. Fue este último, que en el Betis ya dejó huella de su habilidad a balón parado, quien chutó para estrellar el esférico en el larguero.

Sonó a gong para el Granada, que intercaló alguna llegada curiosa, sólo repelida por el Córdoba en la prolongación del acto. Guardiola y Alfaro se toparon con Varas de nuevo. Pronto se encauzó el encuentro tras el entreacto. Machís repitió su clásico eslalon de fuera a dentro con cierre de gala, con un tiro raso que se ajustó a la esquina baja.

Tan apacible se puso el asunto que se intuía la fiesta completa. Pudo ser en un envío de Montoro, que ha patentado los pases largos y precisos. Pedro no llegó a la presa. Se acarició en una carrera de Ramos, que le filtró un gran pase tras robo a Machís, pero este se la devolvió fatal, con todo de cara. Intercambiarían papeles después, arrollado el colombiano ante la salida azorada de Kieszek. Pidió lanzar la pena máxima pero el arquero le adivinó el tiro. Poco después se echó la mano a la rodilla. Le pasa todo lo malo.

El Córdoba hizo cambios y mejoró con ellos. El Granada se estancó pese a colar a Alberto Martín, Kunde y Joselu. Saunier seguía impartiendo clases atrás y Machís se encargó de otra escabechina, que repelió el arquero hacia donde observaba Joselu, agudo para cerrar. Bajaron revoluciones y espabilaron los visitantes. Marcaron, cercaron a Varas y el sevillano se quitó el trabajo de encima como pudo. No tiene recesos. Le privaron de la portería a cero pero no de la celebración, que ya tocaba. Con dos peces de hielo.

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