Las pesadillas acaban en Alcorcón

Crónica en IDEAL del Alcorcón 1 – Granada 2

Un trauma rojiblanco quedó extirpado allí donde se acabó la estancia del Granada fuera del llamado fútbol profesional. En el Santo Domingo, donde celebró su ascenso a Segunda hace siete años y medio, cerró una racha tétrica sin ganar a domicilio. 511 días instalados en la pesadilla hasta volver a pisar el verde de Alcorcón, convertido en balneario, pese a que el partido no fue fácil. Necesitaron un partido serio y práctico, con remontada incluida.
Agreste como la selva, el terreno de los alfareros acogió con su hostilidad genuina al Granada. Un terreno de dimensiones compactas y encharcado de más por el riego de la instalación. Los resbalones se salpicaron en unos primeros minutos sincopados, con un Alcorcón hipertenso ante un Granada entumecido. Pese a un primer córner rojiblanco, mal gestionado en la resolución, enseguida el balón se posó en la parcela visitante, con graves dificultades para alejar los balones a la espalda de su zaga. Insistieron los amarillos por el lado de Saunier, dificultado por el impetuoso Dumitru. Ahí abrieron veta poco a poco.
Tanta atención acaparó este espigado atacante que sacó fruto su menudo compañero. Jonathan Pereira, veterano en mil batallas acostumbrado a rascar en la pifia ajena, taladró por donde quiso. Primero, en una carrera desde el flanco zurdo, medido con Saunier, que el francés desvió hacia Varas, que hizo lo que pudo para expulsar el esférico. El siguiente duelo fue en la orilla diestra, en un nuevo fallo en una pelea aérea que no alejaron los centrales y que le llovió al mediapunta. Varas se quedó entre dos aguas al observar el boquete, lejos de su arco, y Pereira le quiso exprimir con un lanzamiento lejano y combado, que acabó repelido por el larguero. No se habían llegado a los diez minutos y el portero sevillano había salido indemne de puro milagro.
No espabiló mucho el Granada, dimitido en el centro del campo. Fallón Raúl Baena como pocos días, disperso Montoro aunque proclive en las pugnas, acosado Peña entre un reguero de cepos, los nazaríes buscaron salida por fuera pero en las alas también había bastante aglomeración. Ha montado el entrenador Julio Velázquez un ejército voluntarioso, que asume que el talento no rezuma pero que lo pueden compensar con alardes de intensidad y pocos miramientos para concluir las acciones.
Con tal grado de frenesí local, sólo un tipo frío y con la mente clara podía sacar al Granada del agujero. Pedro apareció entre la maleza con un centro cerrado que supuso el primer aprieto para Casto, desde la banda. Las represalias madrileñas seguían presentes en cada prolongación, amortiguadas por Pedro cuando le dieron cualquier resquicio de disparo. Peña centró al área y el rechazo lo cazó el alicantino. Un defensa actuó de obstáculo.
Cualquier indecisión podía costar la cabellera. Víctor Díaz se puso a cambiarse las botas fuera del terreno y el Alcorcón detectó pronto la endeblez en ese lado, lanzando una aproximación con centro de Bellvís que se paseó en los morros de la retaguardia.
Ante la intensidad amarilla, al Granada le quedaba la alternativa de serenar el juego con transiciones más templadas. Lo intentó a ratos, pero sin la mejor profundidad. El Alcorcón seguía hostigando en cada pelota bulliciosa hasta que destaparon un fallo capital. Saunier fue a despejar en el área y se topó en el gesto con Pereira. Un penalti ante el que poco pudo apelar, que terminó de premiar el esfuerzo de los madrileños.
La daga de Álvaro Peña desde el punto gordo, precisa a la esquina baja izquierda de Varas, podía suponer una hemorragia en otras circunstancias, como ocurrió en Valladolid, pero la suturó Pedro con rapidez. Joselu, abnegado en la presión aunque sin tino ante el arco, presionó a Casto ante un pase atrás de un compañero y este despejó atolondrado, dejando el balón a los pies del extremo alicantino, a unos 25 metros de distancia. Sin preámbulos, descargó un rayo que hasta hizo carambola con el poste. Como suele, tuvo tiempo de dedicárselo a su retoño con el gesto del chupete, quien por fin vio la luz el viernes. Un niño que más que con un pan bajo el brazo, viene con toda la bollería.
Virtuoso del zapatazo, de nuevo lo intentó antes del descanso, en un contragolpe que condujo Sergio Peña con cierto egoísmo, cuyo rebote permitió que Pedro midiera de nuevo a Casto. La reacción con el empate impactó al Alcorcón, que había hecho un fortín de su campo, en el que sólo había encajado una diana en todo el campeonato. Velázquez precipitó un cambio tras el reposo y dio la sensación de que los suyos se disipaban.
El Granada tiró de libreta y dispuso su eficiente plan desde la esquina. Con un córner ensayado desde la diestra ya pudo marcar Joselu, pero golpeó el balón con tibieza. Sería desde la otra vertiente, con Pedro de maestro de ceremonias de nuevo, como llegaría la reacción en el marcador. Entre un zaguero y Peña peinaron el saque y Saunier subsanó lo del penalti con un remate de cabeza a la red. En ese acto de redención en el que está instalado desde el día del Córdoba, el francés dio un paso más. Hasta el final, mantuvo la necesaria compostura atrás para impedir cualquier mal.
Sacó Oltra a Alberto Martín pero los problemas en el eje continuaron. Blando el extremeño, el Alcorcón apretó los puños pero careció de nitidez en sus avances. Abusó de colgar balones que solucionó Varas con mano dura, atajando todo. Intentó con sus saques que los suyos evolucionaran en ataque, pero todo quedó encomendado a la resistencia defensiva. No tuvieron mucho que lamentar los nazaríes, más allá de un tiro perdido de Errasti y una posibilidad para Sangalli, tras una dejada absurda de Menosse.
Oltra dedicó el tramo final para muscular el centro del campo con Kunde por Peña. El camerunés tiene ante sí la oportunidad de verse titular este próximo fin de semana, ante el viaje del peruano con su selección. Será un frente abierto para el técnico valenciano, que concluyó su rueda de cambios con Quini por Machís, para echarle más pegamento a la cerradura.
Dos triunfos seguidos confirman una mejoría clasificatoria y atraen la sensación de que el Granada es capaz de desanudar encuentros plácidos, como el de casa ante el Córdoba, y partidos incómodos, con rivales nervudos como el Alcorcón. En esta instalación ningún viajero había sacado puntos esta campaña, hasta ayer. Con este par de pasos, la escuadra ya se ve a las puertas de la zona privilegiada. Así de incierta es la categoría. Una línea ascendente, catapulta. Un puñado de pinchazos, incita a pensar sólo en la salvación. Conviene mantener la mesura, esperar la constancia y que siga el idilio actual. El estadio Santo Domingo fulmina complejos. El último, el de la inanidad de forastero.

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