De tres en tres hasta la zona noble

Crónica del Granada 2 – Lugo 0 en IDEAL

Empecemos por el final. Por ese himno clásico que retumbó en la despedida. «Con pasión, con entusiasmo y alegría…», arranca, evocando alegrías pretéritas, el fútbol en blanco y negro, de copa y puro, del abuelo con el nieto caminando hacia la grada de general del viejo Los Cármenes. La verdadera melodía que acompañó durante años a los rojiblancos, antes de que apareciera, en Primera, la canción aflamencada que se corea a capella, como los sevillanos. La música ‘vintage’ tiene su encanto y acaba con una ensoñación. Que el Granada sea un equipo campeón. En la élite, es sencillamente imposible ese desafío. Pero en los niveles por debajo, tal vez. El objetivo esencial este curso es volver a la cúspide. Lo consiguen directamente los dos de la cabeza. Los nazaríes ya no ven esa cumbre a kilómetros, aunque quede tanto. Andan ya sextos, lo que les conduciría al final a la fase de ascenso. El camino corto o el largo. De vértigo, como la más reciente vez. Triunfando en buena lid, parafraseando la letrilla añeja, puede que se consiga sin tanta angustia.
La velocidad de crucero es esto. Alcanzar la máxima velocidad con el mínimo gasto de combustible. Tras las turbulencias del arranque, ya hay un rumbo adecuado que permite sumar tres victorias consecutivas. Golpe en la mesa necesario para presentar con firmeza la candidatura a subir ahora que también parecen despiertos y en sintonía los otros dos rivales poderosos en lo económico: el Osasuna y el Sporting. Cada jornada es una lección de la dificultad de esta división, analizando resultados ajenos.
No hubo excesiva brillantez ante el Lugo, aunque sí mucha seguridad atrás, buenas arrancadas en la primera parte y gestión adecuada de los esfuerzos en adelante. Los gallegos dimitieron en la primera mitad y cuando quisieron recobrar sensaciones tras el descanso, con más balón y dominio, apenas produjeron oportunidades. Sólo vieron el cielo abierto cuando el Granada se quedó con diez futbolistas por la expulsión de Pedro Sánchez, pero en esos minutos finales y escasos, que podrían desesperar, apareció un zaguero inesperado. La afición se enchufó al máximo, mantuvo con electricidad al conjunto de Oltra y lejos de verse cuestionados, sus muchachos sentenciaron en la prolongación. Las tragedias en los epílogos se han esfumado en este ejercicio.
Difíciles de derrocar
José Luis Oltra está satisfecho porque él es un piloto veterano, prudente, que tiene la cartografía en la cabeza y hasta los posibles accidentes meteorológicos. Como todos, quiere jugar lo mejor posible y meter muchos goles, pero sabe que lo primero es ser un equipo difícil de derrocar y que sepa convertir sus llegadas con eficacia. Bajo esa premisa se sostienen las mejorías, la escalada se revitaliza y el exigente objetivo de aterrizar en el Olimpo deja de ser una quimera.
Apostó por Javier Espinosa en lugar del internacional Sergio Peña. El talaverano es quien mantiene más semejanzas con el peruano por capacidad de asociación, convertido a veces en un tercer pivote para descongestionar la parcela ancha. Quedaba la duda de si le penalizaría no haber estado en las últimas convocatorias, pero finalmente optó por él por encima de Kunde, que consolidó el triunfo en las postrimerías con el 2-0, y de Puertas, inédito de nuevo. Quizás en Tarragona, este miércoles, tenga vuelo.
Lo que sigue funcionando fenomenal es la banda derecha, de la que parte el fiable Víctor Díaz y el cañonero Pedro Sánchez, que esta vez se quedó sin marcar y encima, con la postilla de la expulsión. A Díaz le hicieron un penalti claro a los ocho minutos, con Albarracín rodando por el césped y tocándole por detrás, pero quizás exageró tanto la caída que generó la duda en el colegiado. Su despiste no acabó ahí.
Incordió Joselu hasta la angustia ajena. Pocas veces un delantero resulta tan pesado para los contrarios. Es un punta moldeado para la categoría. Es una lástima que no convierta alguna de las que tiene, porque facilita muchos registros a los compañeros. Solidario y generoso, rondó a Juan Carlos pero no fue capaz de anotar esta vez.
Sí intervino en la sucesión arrolladora que acabó con la primera diana. Salieron los nazaríes a toda mecha y Joselu, caído a la derecha, observó la entrada de Pedro por dentro. El alicantino recibió y buscó a Espinosa, aunque hubo un rebote afortunado. El mediapunta talaverano encontró hueco de tiro, también con rechazo, y disfrutó de marcar después de dos años, nada menos. Era el refrendo perfecto para el sustituto en el enganche y otro arranque ideal, como sucedió ante el Córdoba.
Atrás, el Lugo era contenido con un trabajo ejemplar de Saunier. Arriba intentaron agujerear a los gallegos, desdibujados durante todo ese acto. Hubo irrupciones plásticas, como una en la que Pedro controló un balón lejano en el área que devolvió a Joselu y que este restalló ante Juan Carlos, con continuación para Espinosa, quien atisbó a Víctor Díaz desatado como una locomotora a su derecha, pero que lanzó alto.
Ante cualquier atasco, aparecía el ‘esquiador’ Machís, autor de varios eslálones desde su propio campo que no encontraron el mejor final. Uno de los más claros, lo mandó a córner el que tiene sentado a Roberto Fernández. Sin reacción lucense, con apenas algún disparo lejano, el Granada estuvo a sus anchas y lo más reseñable llegó cuando el colegiado paró el asunto en el minuto 44, dando por concluido el primer tiempo. Rectificó más tarde, ante el bochorno general.
‘Trivote’ tras el descanso
El descanso varió actitudes, pues los visitantes acapararon la pelota, sin generar grandes oportunidades, pero sí avivando la inquietud ambiental. Varas siguió de espectador, Pedro con su fusil, Machís con sus carreras y Joselu con su pasión. Pero el resultado seguía inalterable. Oltra inyectó anestesia con Alberto Martín por Espinosa pero los únicos aturdidos fueron los locales, demasiado contemplativos, aunque Baena tras una disputa de Machís debió marcar. El entrenador invocó a Kunde para devolver vigor a la vanguardia.
Las pulsaciones aminoraron. Menosse rozó la fiesta en un saque de esquina. Seguían sin sobresaltos pero cualquier accidente podía traer consecuencias. Llegó tras una infracción no señalada en contra de Víctor Díaz que hizo reaccionar a Ramón Azeez a toda máquina. Pedro le persiguió y le cazó por detrás, sin violencia pero sin posibilidad de tocar el esférico. Era roja aplicando el reglamento.
La afición, cada vez más consciente de lo que se debate, del poder de su influjo, apretó más que nunca. Oltra reclutó a Quini y Kunde pudo marcar en una falta lateral. A la siguiente, no perdonó. Machís le vio al espacio, con el Lugo obsesionado con marcar, y el camerunés galopó hasta doblar a Juan Carlos, sembrar la grada de alegrías y conseguir que la megafonía rescatara los acordes que nunca debieron marcharse.

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