Bendita rutina en Los Cármenes

Crónica del Granada 2 – Oviedo 0 en IDEAL.

Los Cármenes va camino de convertirse en la reserva federal, un lugar blindado donde nadie de fuera se lleva el botín. Ganó el Granada en su estadio como el que acude a la oficina a despachar, sin enrollarse en soporíferas burocracias, golpeando sin dar tiempo a acomodarse, tanto en el primer como en el segundo tiempo. Son tres triunfos seguidos juntando los fraguados ante el Córdoba, Lugo y este ante el Oviedo, que dio algo de guerra con el balón tras el 1-0 pero que se disolvió tras el segundo tanto, en una dimisión alarmante que tendrá que remediar su entrenador, Juan Antonio Anquela. Su homólogo Oltra tiene asperezas por eliminar en su estructura, pero llenando la bolsa de puntos no hay que acudir a ninguna cirugía. Joselu se quitó la angustia ante el gol y la grada poco a poco se acostumbra a la rutina alegre en el campo del Zaidín. La felicidad pudo ser sublime si no se hubiera desaprovechado el rosario de ocasiones del tramo final, en el que a Machís se le vino la persiana abajo.

La celebración del bautismo de Chico Flores como nazarí despertó la atención en el ‘once’, que por lo demás recuperó el hueso del partido del domingo pasado, con Montoro, Pedro y Espinosa para facilitar el tránsito. Desde el principio el central gaditano generó un efecto expansivo. Tuvo presencia atrás sobre todo por alto, le mostraron una amarilla al trabar al siempre impetuoso Toché y hasta se animó a subir a la vanguardia en una salida, a lo Sergio Ramos. Los galones estaban en su pechera y sólo tenía que ponerse en forma para acreditar mayor competencia en la parte de atrás del equipo. El segundo tramo se le hizo muy largo e incluso cometió una torpeza que no acabó en fatalidad por poco. Cumplida la puesta a punto, ahora tiene que quemar gomas en competición. Un rodaje para generar una pugna descomunal. Hay cinco centrales, más Hongla..

El estudio de Oltra cuando el esférico se frena es de ingeniero técnico. Maneja los útiles para delimitar estrategias siempre que el balón se posa y se puede automatizar el remate. El provecho llegó en la primera posibilidad del partido, desde la esquina. Pedro sacó en corto para Álex Martínez, quien combó el centro mientras, simultáneamente, Víctor Díaz y Saunier hicieron un movimiento de arrastre con sus marcadores, dejando un espacio útil detrás para la llegada de Joselu. Alzó el pie pero no llegó a rozarlo. Sí quien le cubría, Christian Fernández, que involuntariamente despejó de cabeza a la red, con una parábola imposible para el meta Juan Carlos, cerca del poste.

Adelantarse es un potosí para los rojiblancos, a los que les cuesta madurar el juego desde la combinación sosegada. Acelerados siempre, sujetos a las riendas frenéticas de Machís, al rival le costó poco acaparar posesión aunque con bastante inocencia. Es en estas fases donde se chequea que el Granada sabe mutar en personaje sufridor que no se abate con docilidad. Entre tembleques estuvo en ese acto. El siguiente, tras la calma, fue placentero.

El factor Pedro
El factor Pedro siguió reluciendo. Hasta probó fortuna desde la propia esquina, en busca del afamado ‘gol olímpico’. Taladró por la derecha pero se soltó más que nunca por otros lares. Su grado de intervención es algo que se añoró en Tarragona. La zaga sólo se tuvo que preocupar de atar en corto a Toché. Se escabulló una vez, en un pase de Saúl Berjón. Al delantero murciano lo cazó Chico Flores. Luego este aguantó con la tarjeta a cuestas. Tuvo complicidad con Saunier, el amigo de todos.

Con el dominio, pero sin maldad, los asturianos acamparon en la medular, en la que Baena tardó en coger el hilo. Luego se hizo un titán. Los porteros observaban las operaciones sin despeinarse, con apenas un puñado de remates sin grandes exigencias, salvo uno de Rocha que cobijó Varas abajo.

La diferencia aparecía como corta y la impresión es que hasta el momento el Granada había sido más práctico que gobernador. Una segunda diana impulsó la mejoría, dos minutos después de la reanudación. Pedro retrasó el cuero para Víctor Díaz, a quien le alertó un movimiento al espacio de Baena, entrando como un interior diestro. La aparición inusual del malagueño pilló desprevenida a la zaga azulona, que encima solucionó con fineza. Un centro raso, perfecto para el menudo Joselu, que el onubense embocó a ras de hierba en el segundo palo.

La palanca llegó y los nazaríes se apoderaron del escenario. Creció Baena, aumentó la actividad Montoro, Pedro acompañó como siempre y hasta Espinosa bailaba al mismo son. El redoble de tambores lo dispuso Machís, en su zanja zurda. Sus llegadas venían con sello de gloria, pero ni Joselu con la rodilla ni Espinosa después, en un cabeceo absolutamente solo con el marco de cara, pudieron aplastar a los asturianos. Las sustituciones de Anquela no cambiaron el cuadro. Dimitieron con estrépito.

Sólo un accidente podía augurar otro destino que el éxito local. Casi ocurre en un enredo de Chico Flores ante Toché, que se lió con el balón y permitió un ataque fugaz de los visitantes, interceptado por Baena con mucha gallardía. Ya le iban pesando las botas al central debutante. El capitán, por su parte, se congració con el público en su sustitución por Alberto Martín. Ovación merecida.

La persiana le cae a Machís
El Oviedo seguía deslavazado y Oltra olió la sangre. Refrescó la vanguardia con Manaj, quien pudo anotar nada más salir en un centro de Pedro. Se refinó la escuadra, exquisita cuando pasa por el tubo de Montoro y la única inquietud quedó en cuándo marcaría Machís, desatado. Pudo ser en un envío desde la derecha de Manaj, en una incursión de zurda con mano a mano con Juan Carlos que solucionó el arquero y, ya desesperado, en una pérdida de Cotugno en la linde del área, limpiándose a los zagueros con un par de recortes pero golpeando contra el poste en su disparo seco. El venezolano tenía el visor sucio.

Con Anquela amargado, más tiempo sentado que dando instrucciones, y Oltra testando el 4-1-4-1, también cuando ingresó Kunde, se esfumó un encuentro despedido con un paradón de Varas ante el tiro a bocajarro de Carlos Hernández.

Otra victoria para hacer costumbre, como pasó en el otro ascenso, amasado sobre todo en el virtuosismo en terreno propio. Aquella tajada sirvió para disputar y subir por la fase de ascenso. Si se quiere el atajo directo, tendrán que sacar la cabeza también como forasteros.

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